Derechos indígenas en Brasil entran a fase decisiva con esperado fallo de Tribunal Supremo

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Por Amanda Perobelli

JOSÉ BOITEAUX, Brasil, 24 ago (Reuters) - Apiñados en un área degradada de sus tierras ancestrales, los miembros de la comunidad xokleng en el sur de Brasil esperan ansiosamente un fallo del Tribunal Supremo que podría restaurarles el territorio que perdieron hace décadas.

Sentados junto a una estufa de leña, los ancianos xokleng recuerdan los días en que abundaban los peces y la caza con la que alimentaban a sus familias, antes de que el Estado vendiera la mayor parte de sus terrenos fértiles a los productores de tabaco en la década de 1950.

Ahora los xokleng rezan para que los tribunales brasileños cumplan la profecía de un viejo chamán, quien dijo antes de morir que algún día recuperarían sus tierras.

El miércoles, el máximo tribunal de Brasilia decidirá si el Gobierno del estado de Santa Catarina ha aplicado una interpretación demasiado estrecha de los derechos indígenas al reconocer únicamente las tierras ocupadas por comunidades nativas en el momento en que se ratificó la Constitución de Brasil en 1988.

El caso surgió cuando el Gobierno estatal utilizó esa interpretación para desalojar a un grupo xokleng de una reserva natural en sus tierras ancestrales. La decisión fue apelada por la agencia de asuntos indígenas de Brasil, Funai, en nombre de la comunidad.

Fue "otro intento de eliminarnos", dijo Brasilio Pripra, un líder comunitario de 63 años. "Nuestra gente ha vivido aquí durante miles de años".

La fiscal general del estado, Alisson de Bom de Souza, quien representará a Santa Catarina en la corte el miércoles, dijo que busca una decisión que respete los derechos indígenas sin dañar otros derechos constitucionales de los brasileños.

Los xokleng fueron retirados de sus territorios de caza tradicionales hace más de un siglo para dejar espacio a los colonos europeos, en su mayoría alemanes que huían de la agitación económica y política.

En un momento dado, el Estado premió la matanza de indígenas y los mercenarios recolectaron las orejas de nativos muertos, una historia dolorosa documentada por antropólogos y transmitida de generación en generación.

"Antes nos mataban con pistolas, ahora nos matan de un plumazo", dijo João Paté, un antiguo cacique.

DANZA Y ORACIÓN

Decididos a mantener vivas sus tradiciones, los xokleng se reúnen alrededor de fogatas por la noche para contar historias en su idioma y mantener sus rituales de danza y oración, a veces pintando los rostros de sus pequeños.

Todavía comparten su comida en grandes grupos, pero la carne que asan se compra fuera de la reserva, ya que carecen de tierra suficiente para cazar o criar ganado.

"No podemos plantar alimentos viviendo en este agujero. Quieren deshacerse de nosotros. No les agradamos", dijo Vanda Kamlem, de 87 años, rodeada de sus seis nietos. Vanda recuerda los días en que recolectaba piñones de los abundantes pinos endémicos, conocidos como araucarias.

Ahora, los bosques han sido talados y los peces se han vuelto escasos a medida que los ríos se van secando, dijo.

"Los colonos se movieron lentamente, tomando el control. Construyeron dos aserraderos y devastaron el lugar", dijo Paté, un pastor evangélico que dirige los servicios en la iglesia comunitaria. Dice que la palabra de Dios salvó a los xokleng del alcoholismo que se generalizó en la década de 1950.

Los xokleng cuentan hoy en día con unas 3.000 personas, que se apiñan en sus 14.156 hectáreas de territorio montañoso, donde los deslizamientos de tierra amenazan los hogares y la mayoría de las tierras son demasiado empinadas para la agricultura.

Piden que se les entreguen 24.000 hectáreas de una fértil zona tabacalera, que según dicen, les perteneció durante siglos antes de que los colonos se mudaran.

Si la decisión del miércoles es favorable a los xokleng, más de 800 familias de los fundos se enfrentan al "caos" y quedarán "sin futuro", dijo Tarcisio Boeing, de 65 años, que cultiva 50 hectáreas que han pertenecido a su familia de ascendencia alemana durante más de un siglo.

"Esta tierra fue comprada y tenemos títulos", sostuvo por su parte Chico Jeremias, de 61 años, quien sostiene que su abuelo alemán llegó hace un siglo y le dejó 27 hectáreas que cultiva con sus cuatro hijos.

"Si la corte decide extender la tierra indígena, ¿adónde irán estas familias de agricultores? ... Esto se convertirá en una tierra sin ley", expresó.

En todo Brasil, el fallo del Tribunal Supremo afectará a cientos de reclamos de tierras indígenas, muchos de los cuales ofrecen un bastión de lucha contra la deforestación en la selva amazónica.

Una derrota en los tribunales para los xokleng podría sentar un precedente para el dramático retroceso de los derechos nativos que defiende el presidente de extrema derecha Jair Bolsonaro. El mandatario dice que muy pocos indígenas viven en demasiadas tierras en Brasil, lo que bloquea la expansión agrícola.

Si pierden el caso, los xokleng más jóvenes dicen que continuarán la lucha. "Estamos aquí y resistiremos hasta el final. Esta lucha no terminará", dijo Lázaro Kamlem, de 47 años.

Es descendiente de Shaman Kamlem, el curandero xokleng que dijo en su lecho de muerte en 1925 que perderían sus tierras a manos de los "hombres blancos", pero que algún día la recuperarían.

(Reporte de Amanda Perobelli, escrito por Anthony Boadle. Editado en español por Marion Giraldo)

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