Depresión posparto: ¿también puede aparecer en los hombres?

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Los estudios publicados describen que la depresión posparto aparece en alrededor de uno de cada 10 hombres (10,4%)
Pixabay

Cada vez más estudios están incorporando al hombre en un diagnóstico que se mantiene reservado a la mujer: la depresión posparto. Basta indagar entre esas publicaciones para ver cómo en los últimos cinco años aumentó el interés en la depresión paterna a la par de la materna por el impacto que también puede tener, especialmente, en el primer año de vida del bebé.

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A punto de dar a luz, la cantante Rihanna posó para la edición de mayo de la revista Vogue y se refirió a su único miedo de la maternidad: la depresión posparto, una combinación de altibajos anímicos, desinterés en el bebé, tristeza profunda, agobio o ansiedad más prolongada que la melancolía que dura algunos días después del nacimiento y desaparece.

Se estima que la depresión después del parto alcanza a por lo menos una de cada cuatro mujeres y la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo considera un problema de salud pública. Recomienda, a la vez, aprovechar los controles de rutina para detectarlo a tiempo y acompañar a esas familias para el bienestar infantil. Esto no es lo más común en el sistema sanitario, sea público o privado, de acuerdo con el testimonio de parejas que, más tarde, pudieron descifrar lo que habían tenido que superar.

Pero tal como se está empezando a estudiar, ¿la depresión posparto también es un asunto de hombres? Aún hay opiniones divididas sobre si la especificidad de este trastorno es la misma que en las mujeres, aunque especialistas coinciden en se está investigando cada vez más. Por el momento, los estudios publicados describen que aparece en alrededor de uno de cada 10 hombres (10,4%) y que esa proporción aumenta cuando lo transita la mujer o existe alguna predisposición.

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Impacto

“La depresión paterna es un fenómeno mucho menos estudiado que la materna. Y ambas son un factor de riesgo muy grande para el desarrollo del bebé porque produce un descenso en la posibilidad de cuidarlo bien, conectarse, estar disponibles, sobre todo en el primer año de vida, que es tan importante”, señala Inés Di Bartolo, investigadora y docente de la Facultad de Psicología y Psicopedagogía de la Universidad Católica Argentina (UCA).

Doctora en psicología, se especializa en la teoría del apego y crianza. “No es solo un problema de quien se deprime, sino del sistema parental, incluido el bebé. Cuando se aborda la relación perinatal, no hay que pensar solo en términos individuales, sino de salud pública para el desarrollo infantil –insiste Di Bartolo ante la consulta de LA NACION–. La depresión en el padre [en ese primer año después del nacimiento] puede influir en la madre y hacer que ella también se retraiga en la atención que requiere el bebé.”

Hace dos años, mientras los casos de Covid crecían en el país para formar la primera ola de contagios, en la revista de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) apareció un editorial sobre los riesgos de este trastorno y cómo detectarlo tempranamente, pero en la mujer. “En ocasiones, su trastorno puede afectar al padre del bebé, y a otros miembros de la familia, aunque es posible que sea poco frecuente”, escribió José Cernadas Ceriani, editor de Archivos Argentinos de Pediatría.

Investigadores de Chile, Estados Unidos y España, entre los países europeos con publicaciones en este campo, vienen coincidiendo en la importancia de aprovechar las consultas de rutina en el embarazo y después del parto también para relevar cambios psicológicos y emocionales en los padres con el mismo cuestionario de detección que se aplica a las madres. A través de un puntaje, la Escala de Depresión Posparto de Edimburgo indica o no sospecha de que existe algo más que la llamada melancolía de la maternidad. O, en este caso, de la paternidad.

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Estudio

Francisca Pérez Cortés, investigadora de la Facultad de Psicología de la Universidad Alberto Hurtado, de Chile, viene estudiando el rol paterno en la crianza. Ante la falta de estadísticas, hace cuatro años publicó los primeros datos obtenidos con ese cuestionario clínico en 65 varones, de entre 22 y 35 años, con por lo menos un hijo o una hija de no más de un año de edad y que compartían la crianza con la madre. El 18,5% de esos padres obtuvieron un puntaje de sospecha.

La especialista que también es trabaja en el Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad, cita con sus colegas estudios previos que habían hallado que la incidencia más alta ocurre entre los tres y seis meses después del parto, que la depresión perinatal materna “sería el principal predictor” de la aparición de síntomas depresivos masculinos y que una diferencia con el trastorno en las mujeres es que en ellos se manifestaría “como aumento de la hostilidad, conflicto y enojo, más que expresión de tristeza”.

A la vez, según publicó, “los padres tienden a ser más evitativos y a hacer actividades que los mantengan al margen de la crianza, como aumentar la carga de trabajo, el deporte, el sexo o los juegos de azar, así como la automedicación o el consumo de sustancias como el alcohol”.

“Es importante detectar la depresión posparto porque impacta la salud mental familiar y el desarrollo infantil –responde Pérez Cortés a LA NACION–. Si no se atiende a tiempo puede hacerse crónica y llegar, inclusive, al suicidio. Dentro de su manifestación, hay particularidades que se asocian al género, como mayor irritabilidad, conductas evasivas y somatización. Es menos frecuente que los hombres identifiquen la tristeza o los síntomas anímicos, por lo que, en general, no consultan porque piensan que tienen un cuadro anímico.”

Control

En línea con lo que recomienda la OMS, las sociedades científicas que nuclean a los pediatras aconsejan no dejar pasar los controles de rutina del bebé para detectar la depresión posparto en los seis meses posteriores al nacimiento. Y están apareciendo datos, como los que publicó durante la pandemia de Covid el equipo de Diane Putnick, epidemióloga del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano de Estados Unidos, de que un semestre podría no ser suficiente. En un seguimiento de 5000 mujeres después del parto, con su equipo detectó en un subgrupo “altos niveles” de depresión hasta tres años más tarde.

José Bonet es psiquiatra y codirector de la Maestría en Psicoinmunoneuroendocrinología de la Universidad Favaloro. Afirma que la depresión es una enfermedad compleja, tanto en la mujer como en el hombre y, en ambos, es importante detectarla a tiempo. “Influyen muchas variables, es multicausal”, agrega en diálogo con LA NACION.

Para que se dé, según continúa, tienen que darse ciertas características, como el contexto, la historia personal, que incluye eventos traumáticos en los primeros años de vida o estrés temprano que, en el tiempo, van produciendo ciertos cambios epigenéticos que aumentarán el riesgo a tener depresión.

Definición

“La depresión posparto es un subtipo [de depresión] cuyo punto crucial es el momento de la presentación. En el posparto, ocurre una revolución biológica que, en las mujeres que a su vez tienen antecedentes familiares o personales depresivos, puede aumentar el riesgo a que aparezca. Por eso, se dice que es específica de la mujer”, explica Bonet.

En el hombre, en cambio, no está descripto así. “Se han empezado a publicar trabajos en los que se habla de depresión posparto paterna y describen un estado anímico masculino asociado al nacimiento de un hijo –indica el especialista–. Podemos inferir que podría estar asociado con las demandas de todo tipo que van apareciendo. Pero el punto crucial es que en el hombre no se dan todos los cambios biológicos y emocionales que se dan en la mujer y, esto, es un elemento crítico para pensar más en un subtipo especial de trastorno anímico masculino.”

En esa búsqueda, los investigadores Rafael Caparrós-González y María de la Fe Rodríguez-Muñoz, de la Universidad de Granada y la Universidad Nacional de Educación a Distancia (Madrid), publicaron hace dos años un artículo en una de las revistas indexadas del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid en el que resumen qué factores de riesgo favorecen la aparición de la depresión posparto paterna: los “biológicos” incluyen los bajos niveles de cortisol, prolactina, oxitocina y testosterona, mientras que los “ecológicos” son la depresión posparto materna, los cambios en la relación de pareja, el sentimiento de quedar excluido del bebé y la falta de apoyo social.

Los investigadores estimaron que la depresión posparto paterna “puede llegar a afectar hasta al 25% de los hombres tras el nacimiento de su bebé”.

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