El lugar de trabajo es el nuevo lugar para aprender civismo

En toda Alemania, varios cientos de empresas han participado en programas cívicos que ofrecen a sus empleados lecciones de democracia y se imparten clases similares en otros países occidentales, incluido Estados Unidos. (Andrea Ucini/The New York Times)
En toda Alemania, varios cientos de empresas han participado en programas cívicos que ofrecen a sus empleados lecciones de democracia y se imparten clases similares en otros países occidentales, incluido Estados Unidos. (Andrea Ucini/The New York Times)

LEIPZIG, Alemania — Un final pacífico para la guerra en Ucrania. Ese era el deseo que animó a Simge Krüger a hacer una publicación en LinkedIn en marzo.

En respuesta, la gente empezó a publicar sus deseos de que su marido, padre y hermano murieran en combate. Cuando vieron que vivía en Alemania, la llamaron nazi.

“Solo estaba hablando de paz y, de repente, soy nazi”, dijo en una entrevista Krüger, ciudadana turca que vive en Hamburgo.

Semanas después, sentada en un taller dirigido por una organización a favor de la democracia, llegó a comprender lo que ocurrió en aquel vertiginoso momento. Los insultos no tenían nada que ver con su origen étnico ni sus inclinaciones políticas. Las personas a las que iba dirigido su comentario intentaban provocar emociones y polarizar aún más un mundo dividido por cuestiones como la guerra de Rusia en Ucrania, la identidad de género y el cambio climático.

En aquella clase, le enseñaron que la mejor manera de resistir no era intentar explicar su postura ni defenderse, sino hacer preguntas inquisitivas.

“La gente que cree en teorías de la conspiración suele tener una sola línea de argumentación, que no tiene mucho sustento”, explicó. “Cuando empiezas a querer ahondar en su postura, enseguida te das cuenta de que no tiene profundidad”, argumentó.

Susann Planert, izquierda, especialista en políticas de personal del Leipziger Gruppe quien se ha capacitado para liderar talleres de educación cívica y Kerstin Schultheiss, directora general de la empresa, en las oficinas de Leipzig, Alemania, el 22 de septiembre de 2023. (Ingmar Nolting/The New York Times )
Susann Planert, izquierda, especialista en políticas de personal del Leipziger Gruppe quien se ha capacitado para liderar talleres de educación cívica y Kerstin Schultheiss, directora general de la empresa, en las oficinas de Leipzig, Alemania, el 22 de septiembre de 2023. (Ingmar Nolting/The New York Times )

Estas lecciones proceden de un programa de ocho semanas que ofrece por su empresa, Hays, una multinacional de selección de personal con 3500 empleados en Alemania. La empresa dijo que el proyecto coincidía con su propio objetivo de reforzar los valores democráticos y fomentar la resiliencia entre sus empleados.

En toda Alemania, centenares de empresas han participado en ese tipo de talleres y se han impartido clases similares en otros países de Occidente, como Estados Unidos. Las empresas se están dando cuenta de que tienen que darles más herramientas a sus empleados para enfrentar un debate político cada vez más virulento. Los seminarios sobre civismo y principios democráticos —como la importancia de votar o reconocer los peligros de la desinformación, las teorías de la conspiración y el discurso de odio— se han convertido en una manera de garantizar relaciones más sanas en el lugar de trabajo y en la sociedad en general. Además, los informes demuestran que el crecimiento económico es mayor en las democracias estables y las políticas migratorias liberales permiten a las empresas atraer a inmigrantes calificados.

Desde aquel curso inicial en el que participó Krüger, Hays ha formado a más empleados y ha incorporado elementos de los talleres a la formación obligatoria que imparte en toda la empresa, comentó Mimoza Murseli, coordinadora de proyectos para la diversidad y la inclusión en Hays.

Aprender a reconocer y responder a la incitación al odio y a la desinformación ha dado más seguridad a los empleados a la hora de hacer su trabajo, afirma Murseli: “Hemos ganado confianza a la hora de mantenernos firmes”.

Entre los grupos se encuentran el Consejo Empresarial para la Democracia y Weltoffenes Sachsen en Alemania, así como Civic Alliance y Leadership Now Project, en Estados Unidos, que organizan talleres como ese en el que participó Krüger, además de ofrecer estudios y seminarios web, y apoyar la educación cívica y los esfuerzos para conseguir el voto, todo ello sin ninguna afiliación política. La mayoría son organizaciones sin fines de lucro, respaldadas por fundaciones independientes o un grupo empresarial que depende de su independencia política como factor de ventas.

Lenguaje inaceptable

Alemania dista de alcanzar los niveles de polarización política que han sacudido a Estados Unidos. Pero la llegada de más de un millón de inmigrantes entre 2015 y 2016 encendió el debate.

Durante este tiempo, un partido de extrema derecha, Alternativa para Alemania, o AfD, trastocó en el paisaje político del país con su adopción de políticas nacionalistas y antimigratorias. AfD, conocido por sobrepasar los límites y por un estilo político más agresivo y de confrontación, está ganando adeptos; una encuesta reciente mostró que tiene el apoyo de más de 1 de cada 5 alemanes, en comparación con el 10 por ciento de las elecciones de 2021.

Como reflejo de este cambio, el tono del discurso público se ha vuelto más descarnado. Kerstin Schultheiss, directora general del Leipziger Gruppe, lo ha notado en su empresa, que emplea a 5000 personas que prestan servicios públicos en la ciudad de Leipzig.

Varios directivos le contaron que habían aumentado las tensiones entre los empleados, así como en su trato con el público. El origen de la pandemia de coronavirus, las órdenes del gobierno de ahorrar energía o la guerra de Rusia en Ucrania fueron algunos de los puntos de tensión. Comentó que los empleados eran objeto de fuertes comentarios que iban más allá de un típico desacuerdo o una queja, en particular los que trataban con el público, como los conductores de tranvía.

“Sencillamente, hay personas que piensan distinto y manifiestan esta diferencia de una manera inaceptable”, afirmó Schultheiss.

Cuando se enteró de la formación cívica que ofrecía el Consejo Empresarial para la Democracia, solicitó participar.

“Tenemos que crear un espacio donde todos los empleados se sientan cómodos y creen un entorno laboral en el que puedan funcionar y trabajar bien y en el cual no se sientan acosados por nadie debido a sus posturas políticas”, explicó Schultheiss.

Las ofertas de capacitación varían. En Alemania, la alfabetización mediática ha sido un tema crucial, mientras que los programas en Estados Unidos suelen centrarse en enseñar a los empleados cómo funciona el gobierno y los derechos de voto. Pero su premisa fundamental es capacitar a los empleados para que comprendan cómo sus acciones, tanto dentro como fuera del lugar de trabajo, afectan el clima político y, en última instancia, sus propios puestos de trabajo.

En Nomos Glashütte, que fabrica relojes de lujo en Sajonia, a los líderes de la empresa les preocupa que si AfD llega al poder, los clientes y posibles empleados pudieran sufrir rechazo, lo que pondría en peligro su negocio.

“La democracia es la base de nuestra actividad empresarial”, comentó Judith Borowski, directora gerente Nomos, que ofrece a sus empleados talleres de civismo. “Y si dejamos de tener democracia, la base de nuestra actividad empresarial también se verá muy mermada”, aseveró.

El efecto ‘ah’

La idea que sustenta los talleres del Consejo Empresarial para la Democracia es llenar las lagunas de conocimiento de los trabajadores a fin de que conozcan los cimientos básicos del sistema democrático, en particular en una cultura digital cívica. Los programas enseñan cómo reconocer y cuestionar las teorías de la conspiración y la desinformación, con la finalidad de reforzar la responsabilidad personal y la resiliencia contra el contenido que polariza.

El debate es una parte básica del programa y todos los talleres mantienen una estricta confidencialidad. Lo que se dice en la sala se queda en la sala, para fomentar un espacio en el que la gente pueda ser abierta y vulnerable. Algunos son presenciales, pero la mayoría se realizan en línea, lo que resulta más fácil para las personas que trabajan por turnos.

Las sesiones se realizan una vez a la semana durante ocho semanas, en horario laboral. Un facilitador capacitado plantea un tema para debatir. En el caso de reconocer la desinformación, el facilitador puede mostrar ejemplos de comentarios o imágenes que hayan circulado en las redes sociales.

Por ejemplo, durante la pandemia de 2020, cuando los confinamientos impuestos por el gobierno impidieron que los alemanes socializaran y se cancelaron las festividades navideñas, empezó a circular una fotografía en la que se veía a varios políticos prominentes hombro con hombro, sonriendo y compartiendo tazas de vino caliente, con comentarios que expresaban la idea de que a los que hacían las reglas se les permitía saltárselas, mientras que a otros no.

Luego de hablar sobre la imagen, se les mostró a los participantes cómo verificar cuándo se había tomado. En el caso de los alegres políticos, resultó ser de 2019, el año anterior a la pandemia.

“Para la capacitación, usamos ejemplos muy concretos para que los asistentes puedan ver claramente cómo se manipula una situación”, comentó Susann Planert, especialista en políticas de personal de Leipziger, capacitada para impartir los talleres.

Otro ejemplo que le gusta utilizar es tomar una imagen de un artículo de uno de los principales medios de comunicación del país y pasarla por una herramienta digital que permite al usuario modificar la redacción del encabezado. Una captura de pantalla de la nueva versión con un titular escandaloso o incendiario modificado puede publicarse de inmediato en las redes sociales.

“Un truco técnico de este tipo puede tener un impacto enorme”, explicó. “Cada vez que hago esto en una sesión de capacitación, tiene este efecto de ‘ah’ porque hace evidente lo fácil que es manipular información”.

Invertir en la seguridad futura

La falta de conocimientos cívicos entre los empleados ha llamado la atención de las empresas tanto en Alemania como en Estados Unidos en los últimos años.

En Alemania, la situación es más grave en las antiguas regiones de Alemania Oriental, donde solo hay democracia desde la reunificación alemana de 1990. En Estados Unidos, las encuestas apuntan a un descenso de los conocimientos cívicos entre los adultos. Ambas situaciones se traducen en el debilitamiento del discurso social y de la fe en las instituciones públicas.

Los empresarios se están dando cuenta de que están en un lugar único para llenar las lagunas de información. Según el Centro de Investigaciones Pew, solo el 17 por ciento de los estadounidenses confía en que los funcionarios en el poder en Washington hagan lo correcto. Pero, según el Barómetro de Confianza Edelman, las empresas son vistas como la única institución que es a la vez ética y competente.

Ahora, muchos jóvenes esperan que sus empleadores defiendan causas cívicas, comentó Steven Levine, director de la Civic Alliance, una coalición apartidista en Estados Unidos de más de 1300 empresas, entre ellas Microsoft, McDonald’s, Target y Ecolab.

“En los últimos años, las empresas se han visto a sí mismas como una importante fuerza estabilizadora colectiva que contribuye a garantizar el mantenimiento de las normas de la democracia”, afirmó Levine.

c.2023 The New York Times Company