Los reguladores bloquean acuerdos tecnológicos mientras miran cada vez más hacia el futuro

La sede de la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos, en Washington, el 11 de agosto de 2021. (Stefani Reynolds/The New York Times)
La sede de la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos, en Washington, el 11 de agosto de 2021. (Stefani Reynolds/The New York Times)

WASHINGTON — A medida que compañías como Google y Facebook se convirtieron en gigantes a principios del siglo XXI, los reguladores optaron en gran medida por no interferir en el aún joven mercado de los servicios en línea.

Pero, en la actualidad, los reguladores han cambiado de rumbo: cuando se trata de tecnología, quieren ver el futuro y llegar allí antes que las compañías.

La decisión de las autoridades británicas el miércoles 26 de abril de bloquear la oferta de 69.000 millones de dólares de Microsoft por el gigante de los videojuegos Activision Blizzard ejemplifica este nuevo enfoque. Los funcionarios británicos afirmaron que una de las principales razones para rechazar el acuerdo era que podría amenazar la competencia en el incipiente mercado de los juegos en la nube, que les permite a los usuarios jugar sus videojuegos favoritos a través de una emisión en directo.

Ese argumento se está volviendo familiar. La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (FTC, por su sigla en inglés), que el año pasado introdujo una demanda para bloquear el acuerdo de Microsoft por Activision, también expresó su preocupación por la competencia en los juegos en la nube, aunque en este caso la agencia se centró principalmente en el impacto en el mercado de los videojuegos de consola tradicionales.

Luego, este mes, la FTC le ordenó a la firma de biotecnología Illumina que vendiera una empresa que había adquirido, alegando que el acuerdo podría perjudicar a la competencia en el joven mercado de análisis de la sangre para el cáncer. Además, en julio, la FTC presentó una demanda para impedir que Meta, la empresa matriz de Facebook e Instagram, comprara una empresa emergente de realidad virtual porque, según la agencia, la compra le daría al gigante tecnológico un poder inaceptable sobre el metaverso emergente.

Estas acciones muestran cómo los gobiernos, frustrados por la velocidad con la que las empresas de Silicon Valley se apresuran a dominar las nuevas tecnologías, intentan predecir cómo los gigantes tecnológicos podrían perjudicar a la competencia en nuevas áreas y detener la situación antes de que suceda.

“Quienes hacen cumplir la ley tienen que estar a la vanguardia en esto”, afirmó Diana Moss, presidenta del Instituto Estadounidense Antimonopolio, el cual recibe cierta financiación de Microsoft.

La fascinación de los reguladores por prever cómo las grandes empresas de tecnología podrían perjudicar a la competencia se deriva en gran medida de la sensación de que fracasaron en evitarlo en el pasado. En las décadas de 1970 y 1980, los tribunales y los reguladores dificultaron que el gobierno probara que una adquisición podría perjudicar ilegalmente a la posible competencia futura. Los tribunales también han dicho que es difícil sortear la incertidumbre de las áreas jóvenes de la economía. Por lo tanto, los reguladores se centraron en gran medida en si un acuerdo podría dañar la competencia en los mercados maduros.

No se sabe con certeza si la nueva táctica predictiva les funcionará a los reguladores. En febrero, un juez falló en contra del intento de la FTC de detener el acuerdo de realidad virtual de Meta. Illumina ha dicho que planea apelar la orden de la agencia de vender su compañía fabricante de pruebas de sangre.

Aun así, adivinar las jugadas de poder de los gigantes tecnológicos se ha convertido en un objetivo central para los legisladores, activistas y reguladores, quienes aseguran que esas compañías tienen demasiada influencia. Muchos críticos, tras argumentar que los gobiernos se quedaron dormidos al volante mientras que Google, Amazon, Meta y Apple se convertían en titanes de la industria, ahora están en el propio gobierno y están bajo presión para hacer las cosas de manera distinta.

Por su parte, las empresas de tecnología más grandes están maniobrando para ser dueñas de la próxima gran tendencia. Meta está invirtiendo fuertemente en la realidad virtual y Apple está trabajando en visores de realidad aumentada. La explosión de los chatbots de inteligencia artificial ha revigorizado la lucha entre Google y Microsoft por el control de las búsquedas en línea.

La FTC y el Departamento de Justicia se negaron a comentar en específico sobre su interés en las tecnologías emergentes, más allá de las declaraciones anteriores. Microsoft se negó a comentar y la Autoridad de Competencia y Mercados del Reino Unido no respondió a una solicitud de comentarios.

La falta de acción regulatoria durante la época en la que los gigantes tecnológicos proliferaron está bien documentada. Por ejemplo, la FTC se negó a impugnar las compras que hizo Facebook de Instagram en 2012 y de WhatsApp en 2014. Luego, en 2020, la agencia demandó a Facebook por preocupaciones antimonopolio, argumentando que esas adquisiciones le habían permitido eliminar ilegalmente a los competidores jóvenes.

De manera similar, la FTC permitió que Google comprara el software publicitario DoubleClick en 2007. Este año, el Departamento de Justicia declaró que Google había abusado del monopolio del mercado publicitario.

Gene Kimmelman, un exmiembro del personal antimonopolio del Departamento de Justicia que está a favor de una mayor regulación de las grandes empresas de tecnología, dijo que, en los primeros días de internet, los reguladores se habían visto atrapados por una "reticencia a predecir lo que sucedería".

“Luego, avanzas 20 años y ves mucha introspección crítica sobre por qué no vimos lo que se venía”, dijo.

Ya para 2021, los reguladores observaban más los mercados futuros. Ese año, la FTC introdujo una demanda en su tribunal interno para impedir que Illumina comprara Grail, la cual fabrica pruebas de sangre para detectar el cáncer. El juez de la corte interna falló a favor de Illumina, que ya había dado el paso inusual de cerrar el trato.

Este mes, la FTC votó para revertir el fallo del juez y exigió que Illumina vendiera Grail. Illumina planea apelar esa decisión ante un tribunal federal tradicional.

El año pasado, la FTC introdujo una demanda para impedir que Meta comprara Within, creadora de un juego de entrenamiento físico de realidad virtual, alegando que perjudicaría a la competencia en el mercado del llamado metaverso, donde los usuarios juegan, trabajan y socializan en mundos virtuales. En febrero, un juez se negó a detener temporalmente el cierre del trato y la agencia abandonó el esfuerzo.

En el intento de bloquear la compra de Activision por parte de Microsoft —el acuerdo de tecnología de consumo más grande desde que AOL compró Time Warner hace décadas— las autoridades británicas se centraron directamente en el impacto del acuerdo en los juegos en la nube, que en la actualidad representa un mercado de nicho.

Los funcionarios afirmaron que los juegos en la nube podrían tener un valor de 13,700 millones de dólares a nivel mundial para 2026 y les preocupaba que Microsoft ya representara entre el 60 y el 70 por ciento de los servicios actuales. Además, según la agencia, Microsoft también tiene las herramientas para operar todo un ecosistema de videojuegos en la nube, desde su sistema en la nube Azure hasta sus servicios de Xbox.

Sin embargo, los videojuegos en la nube están en pañales y no hay garantía de que la tecnología, que requiere una gran cantidad de potencia informática y a menudo presenta fallas, se masifique. Se espera que las ventas de los servicios de suscripción que ofrecen exclusivamente juegos en la nube alcancen los 288 millones de dólares en todo el mundo este año, según Ampere Analysis, una empresa de Londres.

c.2023 The New York Times Company