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Estrenos de teatro. Instrucciones para ser una idishe mame es una clase magistral de la madre judía universal

Silvia Kanter, en Instrucciones para ser una idishe mame
Silvia Kanter, en Instrucciones para ser una idishe mame

Libro y dirección: Sebastián Kirszner. Intérprete: Silvia Kanter. Escenografía y vestuario: Alberto López Castell. Coreografía: Malena Bernardi. Coach vocal: Karina Antonelli. Realización de objetos: Giancarlo Scrocco. Pelucas: Altas Pelucas. Sala: La Pausa, Luis Viale 625. Funciones: sábados, a las 18.30 y a las 20.30. Duración: 60 minutos.

¿Es una especie en extinción la idishe mame? El espectáculo escrito y dirigido por Sebastián Kirszner responde a esa pregunta desde un lugar muy interesante, el de un autor porteño sub-40 que conoce por dentro a la colectividad judía y que tiene no sólo el permiso, sino la suficiente distancia histórica como para meterse sin pesadas mochilas con personajes de su comunidad. Personajes que las culturas urbanas atravesadas por la inmigración (Nueva York, Buenos Aires) han erigido como estereotipos, figuras populares que trascienden el límite de la tribu porque detentan un latido universal. Y Kirszner, representante de este nuevo teatro judío (El ciclo Mendelbaum, La shikse, Goy el musical), elige tensar esa cuerda con un humor que rescata la tradición como una construcción identitaria tan cálida como imperfecta. No hay nostalgia sino la pregunta acerca de cómo barajar y dar de nuevo con todo lo heredado.

Con trajecito bordó, generosas caderas y un peinado muy armado, un look infalible al paso del tiempo, Mirta Goldstein se presenta al auditorio para dar inicio a su cátedra. Un cartel a su espalda dice que estamos en la Universidad Idishe Mame donde nadie mejor que ella, acompañada por una pantalla y algunos papeles, podrá explicar los vericuetos de ese arte ancestral devenido carrera universitaria. Si ha llegado a los claustros es porque la cadena de transmisión de generación en generación está algo fallada. Para poner las cosas en claro y separar la paja del trigo, la autoconvocada docente referirá a los pilares de esta relación madre judía y su prole, en especial, el hijo varón.

La propuesta escénica del unipersonal es clásica: una profesora que explica a público y, por lo tanto, no lo ignora sino que lo refiere. No es de su agrado encontrar a tantos padres en su curso –sus contenidos no los involucran– y lamenta la falta de alumnado femenino joven porque, a su entender, son esas futuras mamás las que más necesitan de sus enseñanzas. Porque ¿qué será del judaísmo en el mundo sin sus celosas, y más amorosas, cuidadoras de la tradición? ¿Qué será de los knishes, sin cocineras que atesoren sus secretos?

Silvia Kanter, que fue maestra de actuación del autor y director, es una actriz con el timing de la comedia, preciso dominio corporal y manejo del público, con mucha experiencia desde los ochenta cuando comenzó, junto con Nora Mercado, el dúo humorístico Las caladas y coloradas . Público que en este caso pertenece en su mayoría, no todo, a “la cole” y responde con risas a esos guiños: están adentro, se sienten parte, aceptan la fiesta, cantan cuando ella lo pide, se dejan llevar. También, claro, no faltan los que consideran que no es “tan así”. En otra época, a los inmigrantes gallegos en Buenos Aires no les caía nada simpática la Cándida de Niní Marshall, un estereotipo ya muy lejano pero muy reconocible en los años 40 y 50. Algo del gesto de la gran comediante y humorista nacional vive en Silvia Kanter por su detallada composición: la señora Goldstein no es polite, no es abierta a las novedades sino muy conservadora, experta en manipulación y poco empática con los diferentes pero, a la vez, simpatiquísima y profundamente querible. ¿A quién no le gustaría ser amado así, al menos por un rato? Además, es sincera: su familia de origen no era religiosa ni mucho menos sino que ella se convirtió al idishemamismo gracias a una revelación: hay esperanza entonces y nunca será demasiado tarde para volver a casa.

Instrucciones para ser una idishe mame es un espectáculo en cierto modo convencional pero que encierra detrás de esa faz una entrañable reflexión para desmenuzar a la salida, entre varénikes, pizzas o paella: ¿Qué hacer con la tradición? ¿Cómo no olvidar las voces de los abuelos (o bisabuelos) sin seguir atados a sus miedos? ¿Cómo seguir escuchando tangos aunque ya no conozcamos a ninguna viejita, con mucho de idishe mame, lavando en el piletón?