Científicos reconstruyen el rostro de un emperador chino utilizando ADN de 1.500 años de antigüedad

Neandertales. Momias egipcias. El rey Ricardo III. La ciencia sigue descubriendo rostros históricos con extraordinario detalle. El último: un influyente emperador del siglo VI cuyo ADN permitió conocer su aspecto, salud y ascendencia.

El emperador Wu, nacido Yuwen Yong, gobernó la dinastía Zhou del Norte de China entre los años 560 y 578, durante los cuales construyó un fuerte ejército y unificó el norte del país tras derrotar a la dinastía imperial Qi del Norte.

En 1996, los arqueólogos excavaron los huesos dispersos y el cráneo casi intacto del emperador Wu en un mausoleo del noroeste de China. Años después, utilizando los contornos de ese cráneo y el ADN extraído de una extremidad, investigadores de China crearon un retrato actual de él. En un nuevo estudio publicado en la revista Current Biology, detallan sus hallazgos y métodos, incluida la forma en que verificaron la fiabilidad del ADN (la calidad variable del material genético arcaico puede plantear importantes desafíos a los científicos forenses).

"Este tipo de reconstrucciones faciales me parecen muy interesantes, ya que, aunque me interesan las grandes corrientes de la historia, también me interesan las personas concretas que se movían dentro de esas grandes corrientes", afirmó en una entrevista por correo electrónico el profesor Scott Pearce, experto en historia china de la Universidad de Washington Occidental que no participó en el estudio.

El equipo de investigación pasó unos seis años estudiando el ADN, que contenía información sobre rasgos físicos como el color del pelo y de la piel. Combinaron esos datos con otros detalles físicos sugeridos por un modelo estadístico que predice rasgos humanos visibles a partir de 41 variaciones genéticas.

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En el sentido de las agujas del reloj, desde la izquierda: un modelo digital virtual en 3D del cráneo; la reconstrucción virtual original; la predicción de la apariencia mediante el sistema HIrisPlex-S; la reconstrucción facial final; y un retrato de un antiguo pergamino.

Mediante un programa informático de reconstrucción facial, pudieron sumar esas características a una representación digital del cráneo para producir un retrato en 3D que enriquece aún más el registro histórico del emperador, permitiendo a antropólogos y aficionados a la historia ver una imagen fotorrealista que va más allá de los retratos artísticos centenarios.

La reconstrucción digital muestra un rostro con forma de corazón, ojos marrones, pelo negro y piel de intermedia a oscura y pómulos altos. El emperador Wu era de etnia xianbei, un antiguo grupo nómada que vivía en lo que hoy es Mongolia y el noreste de China y desempeñó un papel activo en la historia del país durante al menos 7 siglos. El análisis mostró que el emperador Wu "tenía rasgos faciales típicos de Asia oriental o nororiental", según un comunicado.

"Anteriormente, la gente tenía que basarse en los registros históricos o en los murales para hacerse una idea del aspecto de los antiguos", afirmó Pianpian Wei, coautor del estudio y miembro del Instituto de Ciencias Arqueológicas de la Universidad de Fudan.

Aunque nunca sabremos con certeza cómo era el rostro del emperador Wu, los cráneos son los elementos discriminatorios más relevantes para reconstruir rostros, según Philippe Charlier, antropólogo forense francés de la Universidad París-Saclay que estudió a fondo restos históricos, como los dientes de Adolf Hitler. Las reconstrucciones craneofaciales obtenidas a partir de cráneos son fiables y eficaces, afirma.

El ADN puede ofrecer detalles complementarios sobre el aspecto, pero "estos elementos son puramente estadísticos y no son en modo alguno seguros, al menos no definitivos", dijo Charlier, que no participó en el estudio realizado en China, en una entrevista por correo electrónico. Aun así, sumó que las reconstrucciones faciales avanzaron en la última década y ahora son "muy fiables, siempre que en el proceso de creación participen un ingeniero informático, un antropólogo y un paleopatólogo".

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El ADN puede ofrecer detalles complementarios sobre el aspecto, pero "estos elementos son puramente estadísticos y no son en modo alguno seguros, al menos no definitivos".

Más que la piel

Sin embargo, el ADN extraído de los huesos del emperador Wu va más allá de su apariencia y ofrece posibles pistas sobre por qué murió repentinamente a los 36 años. Algunos arqueólogos afirman que el gobernante murió de una enfermedad, otros dicen que fue envenenado por sus rivales.

Los investigadores del nuevo estudio hallaron 698 mutaciones de un solo nucleótido en total, 42 relacionadas con variantes patógenas como una mayor propensión a la gota, la leucemia linfocítica crónica y el ictus. El equipo afirma que se necesitan más estudios con mayor profundidad de secuenciación para confirmarlo.

No obstante, aunque el equipo no puede asegurar cómo murió el emperador Wu, sostiene que un derrame cerebral pudo ser al menos parcialmente responsable. Esta conclusión se corresponde con los relatos escritos sobre la afasia, los párpados caídos y la marcha irregular del emperador.

En definitiva, el estudio es un ejemplo más de cómo el análisis del ADN antiguo abre una intrigante ventana al pasado. "Apoyo firmemente la investigación del ADN", afirma Pearce, "es un avance muy importante en múltiples sentidos, incluido el estudio de la historia".

*Con información de Forbes US