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Arturo O'Farrill y la Afro Latin Jazz Orquestra clausuran el FIC

GUANAJUATO, Gto., octubre 30 (EL UNIVERSAL).- La improvisación, en la mejor vena del jazz estadounidense clásico, se fusionó con la música latinoamericana en el concierto de Arturo O'Farrill and The Afro Latin Jazz Orchestra y el Colectivo Conga Patria Son Jarocho para clausurar la edición 51 del Festival Internacional Cervantino: con un homenaje a Chico O'Farrill —cuyo natalicio se celebró el 28 de octubre—, ciertas canciones del álbum "Fandango at the Wall in New York", ganador del Grammy al Mejor Álbum de Jazz Latino este año, y versiones de canciones populares como "La cucaracha" y "La negra Tomasa", Arturo O'Farrill dirige a la superbanda y sus colegas invitados bajo la noche tranquila, sin estrellas, en la Explanada de la Alhóndiga de Granaditas.

Mientras, la pasión con la que O'Farrill los guía no es menor a la que tiene en la batería su hijo, Zack, quien a ratos es sólo oído y pulso. Entre temas, Arturo presenta un grupo de sus músicos; luego es el turno de otros: "No hay palabras para agradecer esta oportunidad de estar en México".

Antes de interpretar la canción "Trump, fuck Trump", dice: "En 2016 estuvimos en peligro. Ahora también lo estamos".

Al piano, se puede ver, en la mano izquierda, su anillo de compromiso mientras toca y las cuerdas, las percusiones y los metales dialogan; poco después sale al escenario el Colectivo Conga Patria Son Jarocho, al que Zack recibe con un sólo de batería. Los metales también hacen lo propio antes de que se escuchen las jaranas, los zapateos y las declamaciones de versos. Cinco artistas, en hilera, delante de la orquesta y un tablón de baile.

El público es solemne, pese a la cadencia y sincronía que llegan a alcanzar los grupos de instrumentos. Luego sigue una pieza de Chico O'Farrill, de quien Arturo recordó que cierta noche tocó con Charlie Parker. El ritmo empieza a meterse en la sangre. Llega el turno de la percusión y los hombres, cuyo instrumento son, en esencia, las manos, se miran a los ojos y sonríen. Arturo celebra lo visionario que fue su padre y, al acabar la suite, presenta otro grupo de músicos

El sonido de los tambores se vuelve subterráneo, se hace pulso igual que la batería. El tintineo del piano es un nuevo principio; ahora, de otra obra de Chico O'Farrill que todos los instrumentos siguen con fuerza hasta saturarse. En algún momento, la intensidad de los metales espanta a Arturo, quien brinca al oírlos.

Llega el turno de que el son jarocho vuelva. El zapateo en el tablón y unos versos: "Soy la selva, el mar, el río y allí viene el ritmo mío de la antigua Veracruz". Una vez más, los cinco artistas, formados en hilera, tocando y bailando. Los músicos dedican el concierto al pueblo de Guerrero; después mencionan a Gaza y Palestina se escucha una ovación. "Despierta, patria, despierta", cantan y aprovechan el impulso para seguir con canciones famosas: "La Bamba", "La cucaracha" y "La negra Tomasa".

Entonces, los espectadores levantan las manos, se ponen de pie. "Un pasito adelante, un pasito atrás"... Es la recta final y el público, por fin, empieza a bailar hasta que el concierto acaba y sobre el cielo de Guanajuato explotan fuegos artificiales, poco antes de que las pantallas proyecten un video, pequeño homenaje a la comunidad que hizo posible el Cervantino.