Democracia a la mexicana II: del desarrollo al desastre

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DE TIEMPO Y CIRCUNSTANCIAS

EL SEXENIO de Gustavo Díaz Ordaz corrió de 1964 a 1970 y fue de desarrollo. El país creció a tasas de 6 por ciento anual, el tipo de cambio se mantuvo estable y la inflación estuvo controlada.

Con 30 años de desarrollo nadie se percató de que la estrategia económica requería ajustes para adaptarse a los cambios tanto internos como externos, que la situación internacional estaba cambiando drásticamente, que los juegos olímpicos habían puesto predominantemente a México en el escaparate internacional y que las potencias ambicionaban afianzar un pedazo de nuestra riqueza en gestación.

El movimiento del 68 se dio en medio de una serie de manifestaciones estudiantiles alrededor del mundo. En México comenzó como un pleito entre escuelas que escaló, en parte, por la incapacidad del gobierno para entender que las reglas del juego sociopolítico habían cambiado, y en parte por que hubo el financiamiento de intereses internacionales para desestabilizarnos.

No es el propósito de este artículo entrar en detalles al respecto, sino apuntar que los factores que dieron al traste con la ruta de progreso constante fueron factores sociopolíticos internos, externos y la intervención de extranjeros cuyos objetivos eran, por el lado estadounidense, ejercer un control total en nuestra política, y por el lado de Rusia y China, establecer una posición en la frontera de Estados Unidos. Así, el 68 marcó al país.

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En 1970 Luis Echeverría entró en la presidencia de un país herido y sumergido, sin proponérselo, dentro de un conflicto de economías internacionales, pues Estados Unidos se vio obligado a romper el tratado de Bretton Woods. Esto en la economía mundial significaba abandonar el patrón oro.

En junio de 1971, una marcha de estudiantes fue masacrada por grupos paramilitares. Con esto Echeverría se llenó las manos de sangre.

El populismo económico consiste en distribuir recursos entre los sectores menos favorecidos de la población, o entre grupos específicos de apoyo político, o en sectores de baja productividad económica.

Luis Echeverría, con el fin de limpiar su imagen, cayó en un poco de todo esto, y sus políticas terminaron por reducir la productividad general del país. Echeverría dejó una crisis económica. Se hizo necesario devaluar la moneda, que pasó de 12.50 pesos por dólar, a 20.00 pesos por dólar, un incremento del 60 por ciento.

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La arena estaba controlada por un solo partido, el PRI, y el presidente se había distanciado de los sectores productores de riqueza, y estos comenzaron a voltear hacia la oposición. El Partido Acción Nacional era la única alternativa real y no contaba con la infraestructura necesaria para conducir al país. Los otros partidos eran el Popular Socialista y el Autentico de la Revolución Mexicana. Un par de engendros que el PRI pergeñó para evitar la imagen de la dictadura de partido. Esta había dado todo lo que podía dar, y no había en el horizonte una oposición que pudiera llevar las riendas del país.

José López Portillo quedó como candidato a la presidencia en una elección sui géneris, pues no había otro candidato compitiendo en la boleta. El PRI, hasta ese día, se había preocupado por mantener la imagen de un sistema democrático de partidos y esta elección le gritaba al mundo que la democracia era una ficción, que la realidad en México era una dictadura de partido.

ABRIR EL ESPACIO POLÍTICO SIN DAR CUENTAS

Para cambiar la percepción había que darle reconocimiento oficial a los partidos políticos como entidades de interés público. Así, se establecieron reglas para un registro condicionado. Además, se amplió la Cámara de Diputados Federales de 300 a 400 miembros. Con 100 diputados electos por representación proporcional. Estos puestos eran exclusivos para la oposición.

La idea era abrir el espacio político sin tener que dar cuentas a la ciudadanía de las acciones del gobierno, ni por supuesto caer en el exceso de elecciones libres y equitativas que pudieran cambiar el control del poder.

José López Portillo ganó con el 100 por ciento de la votación a su favor, y en sus primeros tres años implementó el milagro mexicano retomando la senda de progreso del país, estabilizó el tipo de cambio y controló la inflación. Su proyecto requería una inversión enorme, disciplina en el gasto y una estrategia bien implementada. El precio del petróleo subió y aumentó nuestra capacidad de crédito y se tomaron grandes préstamos para financiar el desarrollo. El dinero llegó a manos llenas y la disciplina en el gasto y los ajustes en la estrategia, se descuidaron.

En el quinto año de gobierno se cayó el precio del petróleo y el desarrollo se fue a la fruta. Una crisis económica de grandes proporciones se cernió de nuevo sobre el país. Sin alternativa, volvió a ganar el PRI la elección presidencial. Así, Miguel de la Madrid llegó a la presidencia dentro de un clima de desconfianza hacia el gobierno y comenzó a bregar contracorriente.

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El terremoto del 85 fue el golpe de gracia al sistema. De la Madrid no logró reinstalar el crecimiento sostenido y vio cómo el PRI se partía en dos cuando Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano junto con Porfirio Muñoz Ledo, y un grupo político, se separaron del partido y crearon una alianza con los partidos de izquierda: el Frente Democrático Nacional. Este partido presentó a Cuauhtémoc Cárdenas como su candidato a la presidencia en 1988.

Al conocerse los primeros resultados del conteo rápido de la elección, el candidato del PRI, Carlos Salinas de Gortari, iba perdiendo contra Cuauhtémoc Cárdenas. El secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, para contener la debacle, le dijo a la prensa que se había caído el sistema. Para cuando lo levantaron ya se habían maquillado las cifras y el fraude electoral se había consumado. Carlos Salinas fue declarado presidente electo.

En 1988, por primera vez después de mucho tiempo, el PRI iba perdiendo una elección a la presidencia, y hubo que revivir las viejas fórmulas para el fraude electoral. El apoyo del pueblo había desaparecido. Era hora de adaptarse a la realidad, y comenzar a diseñar algo que pareciera un poco más democrático, abriendo más cuotas de poder y presupuesto a la oposición, sin arriesgar el control en elecciones libres y equitativas. Este fue el criterio para formar “la democracia a la mexicana”.

Por hoy es todo. En nuestro próximo artículo veremos cómo se crean y se recrean las reglas de la contienda, y cómo la presión de los grupos fue nivelando la arena de la política partidaria.

VAGÓN DE CABÚS

La próxima telenovela palaciega se está cocinando. En breve, la mañanera dará cuenta de la “Consulta para enjuiciar a los expresidentes”. Es claro que esta no habrá de prosperar; sin embargo, el espectáculo no pretende enjuiciar a nadie. El showes para recuperar, en algo, los 6 millones de votos que se fueron en la elección del 2021. La bandera será, de nuevo: “Acabar con la corrupción”.

Una corrupción que se pasea por el país de la mano del crimen organizado. N

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Salvador Casanova es historiador y físico. Su vida profesional abarca la docencia, los medios de comunicación y la televisión cultural. Es autor del libro La maravillosa historia del tiempo y sus circunstancias. Los puntos de vista expresados en este artículo son responsabilidad del autor.

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