Demi Lovato se confiesa en público con un disco explícito y rutinario

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Demi Lovato, una cantante, compositora, actriz y activista en ciernes de 28 años que ha estado en el mundo del espectáculo desde que tenía 6 años y un nombre familiar desde su adolescencia, en su casa de Los Ángeles el 10 de marzo de 2021. La cantante es abriéndose sobre su rareza, su sobredosis casi fatal y su viaje para vivir su verdad.
RYAN PFLUGER

Álbum: Dancing With The Devil.. The Art Of Starting Over . Temas: “Anyone”; “Dancing With The Devil”; “ICU” (Madison’s Lullabye)”; “Intro”; “The Art Of Starting Over”; “Lonely People”; “The Way You Don’t Look At Me”; “Melon Cake”; “Met Him Last Night” (feat. Ariana Grande); “What Other People Say” (con Sam Fisher); “Carefully”; “The Kind Of Lover I Am”; “Easy” (con Noah Cyrus); “15 Minutes”; “My Girlfriends Is My Boyfriend” (feat. Saweetie); “California Sober”; “Mad World”; “Butterfly”; “Good Place”; “Sunset”. Edición: Island Records. Nuestra opinión: regular.

La historia de Demi Lovato no es del todo original. Se trata, una vez más, de una persona superada por las circunstancias que elige protagonizar. Una víctima consciente de la picadora de carne del show bussiness que prefiere la catarsis pública antes que la privada . Para la industria del entretenimiento sigue siendo una buena candidata: los relatos de estrellato, crisis y redención son un combustible perfecto para esta era de sobreexposición en la que los rumores circulan como un virus gracias a la eficacia categórica de las redes sociales.

Nacida hace 28 años en Albuquerque, Lovato es parte del mundo del espectáculo desde los seis. Hoy es uno de los nombres más relevantes de la cultura pop que Estados Unidos exporta a todo el planeta. Todos sus discos han sido exitosos: entre los seis que preceden al flamante Dancing With The Devil... The Art Of Starting Over hay cuatro que llegaron a la certificación de oro y dos que consiguieron la de platino. Su popularidad aumentó gracias a la TV: fue jueza en el reality musical The X Factor, actuó en las series Glee y Will & Grace y fue acumulando seguidores en Instagram hasta llegar a los 102 millones que tiene hoy .

El título de su nuevo álbum es elocuente y encaja a la perfección con su tono crudamente confesional. El guion luce bien trabajado: después de poner el cuerpo y la psiquis a disposición de la operación triunfo constante que se prescribe para artistas de su estilo, si la entrega deja secuelas, mejor contarlas con afán ejemplificador. Las moralejas suelen conquistar al público masivo.

Antes de desnudar cada detalle escabroso relacionado con sus adicciones -una saga dramática que hilvana episodios de bulimia y anorexia con excesos en el consumo de alcohol, MDMA, heroína y crack-, Lovato había insinuado su intención de sonar picante con “Commander In Chief”, un dardo dirigido a Donald Trump en el que acusaba al extravagante expresidente de su país de llenarse los bolsillos mientras mucha gente se moría de hambre.

Pero esta vez la mirada es hacia adentro: más que las miserias del mundo en el que vive, Demi dio señal de largada a su programa de revelaciones íntimas con el documental Dancing With the Devil, estrenado este año en el Festival de Cine South by Southwest y disponible como contenido pago en YouTube desde marzo. Lo más impactante del material tiene que ver con las agresiones sexuales y los traumas familiares que esta estrella díscola impulsada en su momento por la factoría Disney saca a la luz con el mismo lenguaje explícito que caracteriza a sus nuevas canciones.

En términos puramente musicales, Dancing With The Devil... The Art Of Starting Over no reinicia nada, más bien continúa una línea que sus fans reconocen con facilidad. Desde su debut en 2008 -Don’t Forget- hasta hoy, Demi se ha ido acomodando al sonido de la época, casi siempre haciendo pie en una combinación de electro pop azucarado y R&B ligero muy familiar para los seguidores de productos elaborados y por lo general anodinos como los Jonas Brothers, Selena Gomez, Pink y Katy Perry.

Lovato no tiene el charm de Miley Cyrus ni el misterio o la potencia erótica de Lady Gaga y Beyoncé ni la personalidad de Britney Spears o Christina Aguilera . Aun cuando ha focalizado su discurso en la afirmación de una identidad propia, esa búsqueda cuyos resultados intenta ahora reflejar en su personalidad y en la resolución de sus dilemas cotidianos no aparece plasmada en su música, donde deambulan los fantasmas de colegas consagradas (en algunos pasajes breves Billie Eilish y Lana Del Rey, en otros una versión menos sugestiva y atrevida de Ariana Grande, invitada especial en “Met Him Last Night”, tema con destino de hit y un clima que remite vagamente al sonido de Eurythmics), se hace evidente el tropezón con material ajeno (la versión de “Mad World” no tiene el punch del original de Tears For Fears) o, quizás peor, resuena una solemnidad aplastante (“Easy”, con Noah Cyrus, hermana menor de Miley, como socia ocasional). Queda claro que su melodrama denso tiene potencial como carne de cañón para la prensa amarilla, pero también poca miga en términos de novedades musicales.

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