Los demócratas que solían estar indignados adoptan ahora una estrategia más silenciosa hacia los niños migrantes

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Manifestantes marchan frente al Capitolio de Estados Unidos por la reforma migratoria, en Washington, el 12 de mayo de 2021. (Stefani Reynolds/The New York Times)
Manifestantes marchan frente al Capitolio de Estados Unidos por la reforma migratoria, en Washington, el 12 de mayo de 2021. (Stefani Reynolds/The New York Times)

WASHINGTON— Los demócratas de la Cámara de Representantes, que lideraron una iracunda cruzada contra el trato que el gobierno de Donald Trump les dio a los niños migrantes, han asumido una estrategia mucho más silenciosa desde que comenzaron a surgir preocupaciones sobre las condiciones de algunos de los refugios de emergencia establecidos por el gobierno de Joe Biden para lidiar con los menores en la frontera sur.

Donde antes no se escatimaba en ataques por Twitter y reprimendas en las audiencias de la cámara, los legisladores demócratas están ahora expresando sus preocupaciones en privado a las autoridades del gobierno y al escaso personal del Departamento de Salud y Servicios Humanos que supervisa el resguardo de los niños. Si los problemas persisten, los legisladores afirman que volverán a solicitar hablar con los responsables.

Los demócratas dicen que ese contraste se debe a una buena razón: las políticas de inmigración del expresidente Trump eran deliberadamente crueles, diseñadas para disuadir a los posibles migrantes, mientras que el gobierno de Biden se esfuerza por lidiar con una mala situación.

“La diferencia es que tenemos un gobierno que quiere resolver muchos de estos desafíos y sus intenciones son mucho mejores”, dijo el representante Joaquin Castro, demócrata por Texas.

La representante Veronica Escobar, demócrata por Texas, dijo que hasta el momento había quedado gratamente sorprendida con las autoridades gubernamentales que trabajan en el tema.

“Tienen una visión sólida y un corazón de oro, y parecen querer hacer lo correcto. Es diferente a lo que experimenté durante el gobierno de Trump”, dijo Escobar. “Durante el gobierno de Trump, solo había excusas o ‘Lo lamento, así son las cosas’”.

Esta vez, los que están indignados son los republicanos.

“Ustedes y sus colegas condenaron previamente la crisis humanitaria en la frontera en 2019 y culparon a ‘las políticas inhumanas del gobierno de Trump’ de haberla creado”, escribieron los republicanos en el Comité de Supervisión de la cámara a sus homólogos demócratas en marzo. “Parece que los demócratas del comité solo se preocupan por estos temas cuando hay un republicano en la Casa Blanca”.

Incluso aquellos que mantuvieron la boca cerrada cuando los niños eran separados de sus padres o encerrados en recintos en forma de jaulas durante los años de Trump, se están aprovechando del momento.

“Esto es más que una crisis, es una angustia humana”, dijo en marzo el representante Kevin McCarthy de California, líder republicano de la minoría de la cámara.

Manejar el número récord de niños migrantes que llegan solos a la frontera este año ha sido uno de los primeros retos del gobierno de Biden. Debido a la escasez de espacio disponible en los refugios administrados por el Departamento de Salud y Servicios Humanos, miles de niños se vieron obligados a permanecer en celdas fronterizas donde durmieron sobre tapetes, hacinados y la mayoría con mantas arrugadas de aluminio.

El representante Henry Cuellar, demócrata por Texas, dijo que conversó con miembros del equipo de transición de Biden y, poco después de la investidura presidencial, les advirtió sobre el incremento en la cantidad de niños que estaban llegando a la frontera sur. “Creo que la situación los tomó desprevenidos”, dijo.

La situación rápidamente se convirtió en un problema de relaciones públicas. Provocó una indignación en las organizaciones por los derechos humanos y de inmigrantes —y en los republicanos— que comenzó a parecerse a la indignación generada durante el gobierno de Trump.

El gobierno de Biden ha evitado calificar la situación como una crisis. Sin embargo, sacar a los niños de las cárceles fronterizas se convirtió en una prioridad. En el transcurso de unas pocas semanas en marzo y abril, el gobierno instaló una docena de refugios de emergencia en la que los niños pudieron ser alojados en instalaciones supervisadas por el Departamento de Salud y Servicios Humanos. Hasta el domingo 23 de mayo había 18.187 niños bajo su cuidado, informó el departamento.

Es ampliamente aceptado que los refugios de emergencia son una mejora significativa con respecto a las celdas de detención de la Patrulla Fronteriza. Sin embargo, abogados y defensores de los niños han afirmado que algunas de las condiciones en los refugios de emergencia son deficientes.

El Departamento de Salud y Servicios Humanos tuvo que cerrar dos de los refugios de emergencia (uno en Houston y otro en Erie, Pensilvania) a pocas semanas de su apertura debido a las precarias condiciones de vida de los niños.

“La buena noticia es que escucharon”, dijo la representante Sylvia R. Garcia, demócrata por Texas, sobre los funcionarios del Departamento de Salud y Servicios Humanos. Garcia, una ex trabajadora social, dijo que había detectado varios problemas en el refugio de Houston, un almacén reacondicionado, incluso antes de que abriera sus puertas. El plan era albergar a unas 500 niñas entre 13 y 17 años. Garcia dijo que la instalación no tenía suficientes baños ni espacio libre para que los niños comieran o se recrearan.

“Estaban preocupados por los niños. Estaban preocupados por su bienestar, todos y cada uno de ellos”, dijo Garcia sobre los funcionarios con los que conversó. El refugio abrió el 1 de abril y cerró el 17 de abril. “No quisieron poner en riesgo a los niños”.

Escobar, cuyo distrito alberga el refugio de emergencia más grande de la red gestionada por el Departamento de Salud y Servicios Humanos, en Fort Bliss, afirmó que había expresado sus preocupaciones sobre las condiciones desde el principio. Y en una visita que realizó a las instalaciones el viernes 21 de mayo, aseguró haber visto mejoras significativas con respecto a hace seis semanas.

Sin embargo, dijo Escobar, “todavía hay cosas que no son aceptables para mí”.

Por un lado, el personal no pudo responder algunas de las preguntas de Escobar, como cuánto tiempo iban a quedarse allí los niños. Escobar afirmó que los niños le dijeron que habían estado allí durante 48 días. “Eso es inaceptable”, dijo.

Escobar también dijo que el refugio era demasiado grande y debía dividirse en varios refugios en los terrenos de Fort Bliss. Dijo que le había planteado esta preocupación sobre los “megasitios” a Xavier Becerra, secretario de Salud y Servicios Humanos, en una llamada reciente junto a miembros del Caucus Hispano del Congreso.

Castro dijo que compartía las mismas preocupaciones de Escobar, aunque descartó tener problemas con el tamaño del refugio. Durante una llamada con los periodistas el 24 de mayo, Castro afirmó que tenía que haber un plan sobre cómo alojar a estos niños cuando lleguen a la frontera.

También dijo que las condiciones en los refugios de emergencia no solo eran mejores que las de las instalaciones fronterizas, “sino que es mejor que lo que estos niños estaban experimentando antes estar bajo el cuidado” de los agentes fronterizos.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company

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