Los demócratas avanzan y reculan en temas de inmigración mientras los republicanos atacan en oleadas

Shannon Sibblis, lideresa del equipo de Living United for Change en Arizona, a la izquierda, con Jesus Ramirez, un promotor de campaña, en Avondale, Arizona, el 12 de octubre de 2022. (Rebecca Noble/The New York Times).
Shannon Sibblis, lideresa del equipo de Living United for Change en Arizona, a la izquierda, con Jesus Ramirez, un promotor de campaña, en Avondale, Arizona, el 12 de octubre de 2022. (Rebecca Noble/The New York Times).

PHOENIX — El lenguaje que usan los candidatos republicanos en sus anuncios y discursos es claro y negativo, pues se valen de la frontera de 3218 kilómetros entre Estados Unidos y México como una línea divisoria con una alta carga partidista.

Argumentan que las políticas del presidente Joe Biden han derivado en fronteras sin vigilancia y han permitido que los inmigrantes, la delincuencia y el fentanilo entren a las ciudades y conviertan a todos los estados en estados fronterizos.

Los candidatos demócratas tienen un mensaje mucho más opaco, ya que evitan el tema o se decantan por discursos fuertes que suelen abordar la inmigración en términos republicanos. En Ohio, el representante Tim Ryan, nominado del partido al Senado, declaró que un muro fronterizo podría ser “una parte” de la solución. En Arizona, el senador Mark Kelly hizo llamados a favor de que haya más oficiales de vigilancia fronteriza y “barreras físicas donde sea lógico tenerlas”.

En la recta final de las elecciones de medio mandato de este año, la lucha de larga data de los demócratas para desarrollar una estrategia cohesiva frente a la inmigración se ha vuelto más urgente que nunca para el partido, ya que este enfrenta una oleada de ataques en los argumentos finales que los republicanos están planteando ante el país.

Las implicaciones emocionales de este tema también son mayores ahora. Los demócratas enfurecieron, y los republicanos celebraron, cuando dos gobernadores conservadores postulados a la reelección —Greg Abbott de Texas y Ron DeSantis de Florida— pagaron para trasladar a migrantes en autobús y avión a Nueva York, Massachusetts y otras áreas de tendencia demócrata. Si bien estos esfuerzos deliberadamente provocativos conllevaron sus riesgos, como el hecho de que los electores moderados rechazaran el uso de migrantes para obtener ventajas políticas, pusieron de manifiesto la eterna postura defensiva de los demócratas en la frontera.

“No hay tema que me frustre más que la inmigración, porque no se puede condensar en 30 segundos”, comentó la representante demócrata de Texas, Veronica Escobar, quien añadió que los republicanos eran “muy buenos” para “hacer que suene como si una acción rápida y sencilla fuera a cambiarlo todo”.

Para complicar aún más el desafío que enfrentan los demócratas, muchos grupos defensores de derechos de los inmigrantes y organizaciones progresistas que suelen hacer labores de primera línea para el partido ahora padecen por presiones financieras y agotamiento.

Agentes de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos reúnen a migrantes en Yuma, Arizona, el 4 de mayo de 2021. (Ariana Drehsler/The New York Times).
Agentes de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos reúnen a migrantes en Yuma, Arizona, el 4 de mayo de 2021. (Ariana Drehsler/The New York Times).

Los principales donadores de estos grupos se han mantenido al margen o han desviado su atención a otras iniciativas enfocadas en amenazas a la democracia. Además, los grupos declaran que muchos de sus organizadores y voluntarios están fatigados, tras protestar con ahínco en los años de Trump y soportar una pandemia que frenó sus operaciones y diezmó sus comunidades.

“Es como volver a encender un auto después de mucho tiempo de no hacerlo”, describió Montserrat Arredondo, la directora ejecutiva interina de Arizona Wins, una coalición de grupos progresistas y sindicatos laborales. “Ahora la necesidad es enorme”, agregó, “pero los recursos no están necesariamente a la altura”.

Los líderes de varios grupos con operaciones en Arizona, Nevada, Texas, Georgia y Carolina del Norte afirman que los fondos escasos los han obligado a tomar decisiones difíciles en tema de publicidad y han retrasado los procesos de contratar personas para que vayan a tocar puertas, captar electores y combatir la desinformación.

“Estas son las personas que están en la comunidad, que son parte de la comunidad y que pueden hablar sobre cómo la inmigración es algo bueno”, explicó Kristian Ramos, consejero de Way to Win, una red nacional progresista que ha invertido cientos de miles de dólares en contiendas clave al Congreso.

Durante años, la inmigración ha sido un tema espinoso para los demócratas, que han destacado sus beneficios para el comercio y la economía al tiempo que han abogado por una seguridad fronteriza estricta. Sin embargo, en el contexto de las elecciones de medio mandato de este año, se han unido a los republicanos para exigir medidas agresivas y más oficiales en el terreno.

En Texas, los representantes Henry Cuellar y Vicente Gonzalez, demócratas en distritos fronterizos sumamente disputados, suelen sonar más como republicanos cuando hablan del tema, lo cual les ha valido críticas de grupos progresistas y defensores de derechos de inmigrantes. Cuellar declaró que los migrantes están llegando a raudales al país porque creen que “la frontera está abierta”. Gonzalez promovió una propuesta para tramitar los casos de solicitantes de asilo en Guatemala. “Esta es una idea que le compartí al presidente Trump, cuando estaba en el cargo, y le gustó”, le dijo a Fox News en septiembre.

Cuellar y Gonzalez han defendido una estrategia que consideran moderada. Gonzalez declaró en un comunicado que “las soluciones para nuestro fracturado sistema migratorio requieren una estrategia con sentido común”.

No obstante, demócratas progresistas como Michelle Vallejo, candidata en otra contienda reñida a la Cámara de Representantes en el sur de Texas, dicen que los moderados del partido han desperdiciado demasiado tiempo al enfocarse solamente en la vigilancia.

“Lo que hemos tenido hasta ahora es un remedio superficial para los problemas que vivimos y estamos viendo esas consecuencias”, afirmó Vallejo.

Doug Heye, estratega de larga trayectoria en el Partido Republicano, mencionó que los demócratas y los republicanos estaban hablando del tema desde perspectivas fundamentalmente distintas. “Gran parte del discurso demócrata trata de los inmigrantes ilegales que ya están aquí”, aclaró. “Los republicanos hablan sobre la frontera y las imágenes que los estadounidenses ven en la televisión todos los días, imágenes de personas que cruzan la frontera en grandes cantidades”.

Para el electorado, la inmigración ha pasado a un tercer plano detrás de la economía y la inflación, pues solo el cinco por ciento la calificó como el problema más importante de la nación, según una encuesta realizada por The New York Times y Siena College en octubre. Pero el 12 por ciento de los republicanos categorizaron la inmigración como su mayor preocupación.

En el mes pasado, los republicanos han invertido casi 38,3 millones de dólares en más de 380 anuncios televisivos enfocados en la seguridad fronteriza y la inmigración, según AdImpact, una firma de seguimiento de medios de comunicación. Los demócratas han invertido solo 5,5 millones de dólares.

Más o menos la mitad de esos 5,5 millones de dólares —alrededor de 2,7 millones de dólares— provino de Kelly en Arizona, quien está en una contienda cerrada a la reelección. Otro millón de dólares provino de Katie Hobbs, una demócrata que aspira a la gubernatura del estado.

Arizona es donde los demócratas enfrentan su mayor desafío y, a la vez, su mayor oportunidad para desarrollar una respuesta contundente a los ataques republicanos contra la inmigración.

En 2010, el estado se convirtió en el foco nacional del debate sobre la inmigración cuando su dirigencia republicana aprobó una ley que detonó una represión radical y criminal contra los inmigrantes que vivían en Estados Unidos sin permiso legal. Esta medida obligó a los inmigrantes a portar documentos federales de registro para demostrar su estatus legal y le permitió a la policía solicitar esos documentos a cualquiera que considerara que vivía en el país de manera ilegal.

Los líderes cívicos latinos se refirieron a la legislación como una receta para la caracterización racial y étnica. Jóvenes activistas organizaron vigilias y huelgas para protestar, y presionaron al presidente Barack Obama y a miembros del Congreso para que reformaran las leyes migratorias de la nación.

El movimiento comunitario que surgió de eso produjo querellas judiciales exitosas contra la ley y movilizó a los electores latinos que han ayudado a transformar a Arizona en un estado pendular. En 2016, esta coalición expulsó al alguacil Joe Arpaio, que se había forjado una reputación a nivel nacional por su maltrato a los inmigrantes. En 2018, ayudó a Kyrsten Sinema a convertirse en la primera senadora demócrata del estado en décadas, y en 2020, ayudó a impulsar las victorias de Biden y Kelly.

Pero este año, mientras los ataques republicanos que describen la frontera como una tierra de nadie proliferan en los medios de comunicación durante las campañas electorales del estado para el Senado y la gubernatura, Kelly y Hobbs se han concentrado en retratarse como los mejores candidatos para proteger la frontera.

En un anuncio, Hobbs camina al lado de agentes del orden por las barricadas metálicas y adopta una postura ruda. En otro, Kelly declara que a los ciudadanos de Arizona les molesta cuando políticos de otros estados “vienen aquí y nos dicen cómo asegurar nuestra frontera”.

A algunos activistas latinos y progresistas de Arizona les parece desalentadora la respuesta tan tibia de los demócratas ante los ataques tan viscerales contra las comunidades inmigrantes.

“Yo diría que se trata de un cansancio emocional”, comentó Alejandra Gomez, codirectora ejecutiva de la organización defensora Living United for Change en Arizona, o LUCHA.

© 2022 The New York Times Company