Dejan a "su otra familia" por el sueño americano

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David Fuentes

CIUDAD DE MÉXICO, diciembre 23 (EL UNIVERSAL).- El abrazo es fraternal y largo, más de cinco minutos le toma a doña Antonia despedirse de Ramiro, su amigo u otro hijo, como ella lo llama, y quien por cuatro meses la acompañó desde Honduras hasta la Ciudad de México; en ese trayecto se hicieron amigos de dolor, de golpes, humillaciones, vejaciones y experiencias vividas durante la "ruta del migrante".

La tarde de este jueves es la última vez que se ven. Ella parte a Ciudad Juárez; él a Monterrey.

A las 14:00 horas, 12 autobuses llegan para trasladar a poco más de 500 migrantes que pernoctan en las inmediaciones de la Casa del Peregrino, en la Gustavo A. Madero, a distintas ciudades de la frontera norte de México.

Todos con ropa para el frío y una cobija se enfilan para subirse a los camiones; de un lado están los que van a Monterrey, por el otro, quienes parten a Tijuana y Sonora. Los primeros en salir son los de Ciudad Juárez.

"No sé qué nos deparé el futuro, yo a él ya lo voy dejar de ver, se va para Monterrey y pues bien sabe la vida qué pase después. Yo voy a estar en Juárez esperando a que unos familiares que tengo allá me ayuden a cruzar, no sé cuánto tiempo tarden, pero es lo que quiero. No sé qué voy a hacer allá o de qué voy a trabajar, pero en México no me quedo, hay gente buena, pero también hay mucha gente mala.

"Ahora estoy muy triste, dejé a una familia en Honduras, tengo a otra en Estados Unidos y la familia que hice en la caravana también se separa de mí. Estoy partida por todos lados, pero ni modo, así es la vida y uno tiene que seguir su camino", dice Antonia entre lágrimas, al tiempo que atesora una "bolsa de recuerdos" que fue recopilando en la caminata de más de cuatro meses.

Los migrantes son acompañados por personal de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y del Instituto Nacional de Migración (INM).

Una vez que lleguen a la ciudad elegida, los llevarán a las oficinas del INM, ahí les facilitarán la documentación que necesitan para trabajar de manera legal en el país. El que decida continuar su camino a Estados Unidos, estará libre de hacerlo.

"Gracias a Dios se logró esto que tanto estábamos deseando. Nosotros nos vamos para Monterrey, ahí tenemos a unos amigos y nos van a ayudar a estar con ellos, pero lo que queremos es como todos llegar a Estados Unidos y empezar una nueva vida. Vengo con mi mujer y con su hija, pero en el camino hicimos una familia y todos nos vamos para allá, esta es mi nueva familia que pienso juntar con los que están del otro lado".

"De los mexicanos no tengo nada malo que decir, nos trataron bien y aquí nos dieron todo, ve, no vamos a caminar, nos van a llevar en camión hasta allá y esa es una gran ayuda, nos van a dar documentos para que podamos trabajar; más que eso no podemos pedir", comenta Junior Alexander, quien confía en su fortaleza para llevar a su "nueva familia" al sueño americano.

Se desmantela Casa del Peregrino

Mientras los migrantes alistan sus cosas para subirlas al camión, empacan bolsos y sueños, personal de la alcaldía Gustavo A. Madero y del Gobierno capitalino desmontan las carpas e instalaciones que se implementaron para albergarlos; otros recogen la basura acumulada y limpian los más de 15 baños portátiles que luego de una semana bajo el sol, emanan un olor peculiar.

El albergue será desmantelado de momento y se preparará para recibir a otra caravana para mediados de 2022, da a conocer la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, Nashieli Ramírez.

"El mismo trámite que están haciendo aquí, lo harán allá pero de manera más ágil, aquí el proceso es muy lento y hay mucha gente, por eso decidimos que se hiciera allá, todo es más rápido porque en el trayecto se prepara todo, es como una suerte de regalo de Navidad y Año Nuevo para ellos".

"Hasta donde lleguen y ahí se les dice que con esa visa [humanitaria] que dura un año y ya con ese documento ellos pueden transitar libremente en el país, pueden entrar y salir libremente, pueden conseguir trabajo (...) cada quien debe tomar la decisión de qué hacer, seguir a Estados Unidos o trabajar legalmente aquí en el país", añade.

Ya en el autobús, Romina se despide de sus amigos con los que fraternizó durante los meses de caminata: "Tengo sentimientos encontrados, feliz porque sigo mi camino y triste porque dejo a todos ellos con los que vivimos y pasamos tanto, sólo espero el bien para ellos y que en verdad todo esto valga la pena".

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