La deforestación avanza en el este de RD Congo, bajo la presión de milicianos y desplazados

Un paisaje de desolación, ruido de decenas de motosierras, columnas de humo acre: del bosque del volcán Nyiragongo, en el este de la República Democrática del Congo, ya queda poco.

En esta parte del parque nacional de los Virunga, la vegetación era hasta hace poco densa y verde. Pero en menos de dos meses, más de 200 hectáreas fueron arrasadas.

Desde fines de octubre, decenas de miles de personas viven hacinadas en campamentos improvisados al pie del volcán, huyendo del avance de la rebelión del M23 en Kivu Norte y de los enfrentamientos con el ejército.

"Desde la llegada de los desplazados, se observa una deforestación en la zona del volcán Nyiragongo", señala Méthode Uhoze, encargado del parque.

Para Uhoze, las necesidades inmensas en carbón y madera para calentarse llevan a los habitantes del lugar a talar el bosque. "Es verdaderamente muy preocupante", afirma.

Fabrice, de 15 años, huyó de los combates de su pueblo de Rugari, 30 km al norte de Goma, la capital de la provincia. Pese a su juventud, se dirige a primeras horas del día hacia el parque para hacer "makala" (carbón de madera).

"Es para ganar mi vida", dice a la AFP, mientras carga con sus dos hermanos un saco de carbón para venderlo al borde de la carretera.

Cerca del mercado clandestino de makala que se instaló en la Carretera Nacional 2, una vendedora, que pidió el anonimato, explica que para cortar madera o hacer carbón en el parque hay que pagarles a los grupos armados.

En esta zona, las milicias mayoritariamente hutu controlan y facturan esas actividades. Entre esos grupos figuran las FDLR (Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda), fundadas en RDC por exresponsables del genocidio de los tutsi en 1994 en Ruanda.

- "A causa del hambre" -

En el mercado, una mujer señala a un soldado congoleño que transporta un saco de makala: "Mire eso, ¡hasta los militares fabrican carbón!".

En las faldas del volcán, milicianos y soldados cohabitan y organizan el tráfico bajo la mirada de un equipo de la AFP. Se cruzan en las mismas pistas y pasan los retenes de unos y otros sin problemas.

Hace unos meses, esta zona se encontraba bajo la responsabilidad de los guardias del parque de Virunga. Ahora estos últimos llaman por teléfono para prevenirlos de sus desplazamientos y evitar inútiles enfrentamientos.

"Las FDLR vendieron inclusive porciones de terreno y declararon que era el fin del parque", dice Mugisha, joven que fabrica también ilegalmente carbón para alimentar a su familia desde que huyó por la llegada del M23 a Rugari.

"Sabemos que hay consecuencias cuando cortamos árboles en el parque, pero lo hacemos por hambre", explica Byikusenge Ndibeshe, otro desplazado por la guerra.

"Nos gustaría regresar a nuestras casas y no volver a tocar el parque", dice el joven que baja del volcán con un bulto de madera.

La rebelión mayoritariamente tutsi del M23 retomó las armas a fines de 2021, luego de diez años de exilio en Ruanda y en la vecina Uganda.

Apoyados y en parte equipados por el ejército ruandés, los combatientes se apoderaron de vastos territorios de Rutshuru, al norte de Goma.

Desde fines de octubre, pese a los anuncios de cese el fuego y de retirada de tropas, el M23 sigue enfrentando al ejército congoleño que opera junto a grupos armados locales, entre ellos las FDLR.

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