La mejor defensa contra las petro dictaduras es la energía limpia | Opinión

·4  min de lectura
Gaetano Adriano Pulvirenti/AP

Las imágenes de terror que se han difundido por todo el planeta durante los últimos dos meses, del ejercito ruso atacando y destruyendo la vida de millones de personas en Europa oriental, han sido recibidas en los países democráticos unánimemente como prueba de cuán desquiciado y opresivo es el gobierno de Vladimir Putin.

Pero a pesar del rechazo a la visión de este dictador que las democracias han expresado, la realidad es que hasta ahora se han visto impotentes ante la meta de disuadir a Putin de cometer más agresión por una simple razón– muchas de estas economías dependen de gobiernos autocráticos como el de Rusia para suplir sus necesidades de energía.

Pero lograr la seguridad e independencia energética es solo posible si se elimina el financiamiento a estos dictadores. Para esto es necesario implementar la transición global a economías de energía limpia que reduzcan la dependencia a — y eventualmente eliminen — la importación de petróleo producto de las dictaduras.

Durante las pasadas seis décadas, los países democráticos, como Estados Unidos y los de la Unión Europea, han desarrollado dependencia del petróleo y gas natural proveniente de países como Rusia, Arabia Saudita y Venezuela.

Esta adicción continúa dando alas a los autócratas de estos países. Estos tienen libre albedrío de salirse con la suya —como lo están haciendo ahora mismo Putin y sus secuaces— a sabiendas de que aún pronunciándose en contra de la invasión, muchos continuarán enviándole al Kremlin sus pagos mensuales a cambio de importaciones de combustibles fósiles.

De hecho, Rusia es el mayor proveedor de gas natural y petróleo a la Unión Europea, lo que significa que una ruptura total en esa cadena de suministro, arriesga profundizar la crisis energética y económica que comenzó antes de la guerra por el aumento post pandémico en la demanda y la inflación.

El problema es que las soluciones que los intereses especiales proponen a este dilema, son el típico caso de la cura que es peor que la enfermedad.

Aprovechando la crisis

Como era de esperarse, la industria de combustibles fósiles ha aprovechado la crisis para asegurar sus ganancias. Alegan que incrementando la producción de petróleo y gas en Estados Unidos para reemplazar lo proveniente de Rusia, construyendo nuevos oleoductos y terminales en los puertos para recibir la nueva producción, y acelerando los permisos de perforación para explorar, se reducirán los costos de energía para todos y se salvará a Europa de las garras de Rusia.

Esos argumentos son falsos. Aunque es imprescindible resolver la crisis de energía en Europa y Estados Unidos, la estrategia de aumentar suministros debe ser a corto plazo para no intercambiar una dependencia por otra.

La realidad es que el año pasado, las grandes compañías de petróleo y gas –Shell, Chevron, BP y Exxon– obtuvieron ganancias récord de $75,000 millones, las cuales le repartieron a sus accionistas y no invirtieron en expandir producción significativamente.

La infraestructura de apoyo necesaria para aumentar los suministros a Europa tardaría años en construirse y no abordaría la necesidad inmediata de reducir el suministro ruso y detener el aumento de los precios energéticos. Por lo contrario, los datos muestran que para el 2025, 2/3 del gas ruso puede ser reemplazado por energía limpia y 1/3 por fuentes alternativas al gas que no requieren nueva infraestructura.

El costo de la energía renovable continúa en declive; además, esta crea trabajos, y actualmente es más fiable y barata que los combustibles fósiles, cuyos precios dependen de influencias geopolíticas y un mercado sumamente volátil.

Reducir emisiones es la prioridad

Una decisión de expandir la industria petrolera a largo plazo, a raíz de la guerra, terminaría por cerrar la ventana de tiempo que tenemos para tomar acción esta década y reducir las emisiones de carbono provenientes de quemar combustibles fósiles como lo indica la ciencia. Reduciendo emisiones es como limitamos el aumento en la temperatura global y reducimos el riesgo de los impactos del cambio climático en nuestras comunidades.

En el 2021 Estados Unidos experimentó 20 desastres naturales sin precedentes a raíz de los cuales perdieron la vida más de 600 personas; cada uno de los desastres costó por lo menos $1,000 millones en daños. Es hora de actuar.

Estados Unidos puede ayudar a liberar al mundo de las dictaduras —sin invadir, sin agresión— eliminando la dependencia económica al petróleo y acelerando la transición a una economía global de energía limpia. Los líderes en el Congreso de Estados Unidos deben priorizar energía limpia, no solo porque esto puede salvar el planeta, y mejorar nuestra calidad de vida, sino también como escudo y espada contra los gobiernos que han destruido las vidas de tantos en nuestra comunidad.

Invertir en energía limpia es invertir en nuestra seguridad nacional y global y apostar a la prosperidad de los que soñamos con un futuro mejor.

La Dra. Frances Colón es miembro de la junta de Miami Freedom Project y ha trabajado para contrarrestar los impactos del cambio climático en las comunidades vulnerables de Florida. Es directora principal de Política Climática Internacional en Center for American Progress, es la primera latina en formar parte del Consejo de Asesores sobre Ciencia y Tecnología del Presidente y ex asesora adjunta de Ciencia y Tecnología del Secretario de Estado de EEUU (2012-2017).

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios se conecten en relación con sus intereses. Para mejorar la experiencia de nuestra comunidad, suspenderemos temporalmente los comentarios en los artículos.