El declive de Trump ha comenzado | Opinión

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Cuando a uno de los personajes de Ernest Hemingway en su novela “Fiesta” (“The Sun Also Rises”) le preguntan, ¿cómo te fuiste a la bancarrota?, responde: “Primero gradualmente y después de repente”.

Siempre ocurre así en la vida. Los malos hábitos de conducta, año tras año, producen en quien los padece un efecto de acumulación que al final estalla y rompe lo que parecía irrompible. Lo vemos en las bancarrotas económicas, en las políticas, en las éticas, en las de salud, en las personales, etc.

Si Hemingway viviera, probablemente se hubiera inspirado en Donald Trump para crear un personaje turbulento y embaucador, asediado por bancarrotas económicas y quiebras de ética a lo largo de su existencia y, ya de anciano, quiebras de ética política. En vez de “Fiesta” el libro se podría haber titulado “La última fiesta del truhan”.

“Última” porque parece que el “efecto acumulativo” ha empezado a rozarle los talones. Las evidencias de su culpabilidad en el intento de golpe de Estado el 6 de enero de 2021 se han ido acumulando durante las Audiencias del Congreso.

“Se han abierto las compuertas”, señalaba días atrás la congresista republicana Liz Cheney, refiriéndose a que cada día les llegan más pruebas y testigos al comité investigador, que reanudará las audiencias públicas en septiembre. O sea, es de esperar que todavía aumente la acumulación.

Y, por lógica, la acumulación de evidencias también sigue su curso en la investigación criminal del Departamento de Justicia “sobre la conducta de Trump” en torno a la insurrección del 6 de enero. Esta pesquisa se mantendrá secreta hasta que concluya, con o sin encausamiento a Trump, pero la investigación del Congreso seguirá siendo pública para que el pueblo estadounidense conozca la trama que estuvo a punto de acabar con la democracia (Y que Trump y sus asociados pretenden repetir en 2024. Porque el peligro no ha pasado).

Los republicanos se empiezan a cansar

Es importante recordar que en ambas investigaciones, entre los cientos de testigos que han declarado bajo juramento, la inmensa mayoría son republicanos que votaron por Trump, apoyaron su agenda y/o trabajaron en su administración. Personas cuya conciencia les llevó al punto de decir “¡basta!” y a confesar la trama anticonstitucional que vieron con sus propios ojos.

La credibilidad de los testigos y la fiabilidad de las pruebas han hecho que las Audiencias tengan un enorme impacto, a juzgar por la cantidad de apoyos que Trump sigue perdiendo entre las esferas del Partido Republicano; entre los donantes que apuestan su dinero a otros candidatos; entre muchos de sus antiguos votantes, como demuestran encuestas y focus groups. Y —peor aún— entre quienes le catapultaron al poder y ahora le ignoran, critican o piden que se retire: el magnate Rupert Murdoch y su imperio de medios de comunicación, incluidos Fox News, The New York Post y The Wall Street Journal.

Todo apunta a un divorcio Murdoch-Trump.

Han sido devastadores los recientes editoriales de los dos periódicos de Murdoch, calificando a Trump de amenaza para la democracia. Y la cadena Fox ni siquiera le ha entrevistado desde el 13 de abril, ni ya emite sus discursos, pero en cambio si pone en vivo los de otros candidatos republicanos, y además los entrevista.

Por ejemplo, hace dos semanas Trump regresó por primera vez a Washington a dar un discurso y Fox News no solo no lo transmitió sino que en su lugar transmitió 17 minutos del discurso que Mike Pence también estaba dando en la capital. Igual ocurrió días antes mientras Trump hablaba a sus seguidores en Arizona y la presentadora Laura Ingraham entrevistaba a Ron DeSantis, ignorando a Trump. Era además la segunda entrevista al gobernador de Florida en Fox en menos de una semana.

La lista de desaires es larga y no cabría en esta página, pero merece la pena recordar parte de los editoriales de The Wall Street Journal y The New York Post.

El primero decía así:

“Trump juró defender la Constitución y como comandante en jefe tenía la obligación de proteger el Capitolio de la turba que lo estaba atacando en su nombre. Pero se rehusó. Y en cambio alimentó la rabia de la turba”. The Wall Street Journal concluye: “Las crisis revelan el carácter de una persona, y el señor Pence pasó la prueba el 6 de enero. El señor Trump fracasó totalmente”.

El editorial del New York Post sentencia: “Trump ha demostrado que no merece ser de nuevo presidente de este país”.

“Para su eterna deshonra, Trump no detuvo la violencia y echó leña al fuego tuiteando ‘Mike Pence no tiene el coraje de hacer lo que debe hacer’. Su único propósito era bloquear la trasmisión pacífica de poder, sin importarle las consecuencias”.

Disminuye el apoyo de las bases

Por otra parte, el apoyo entre las bases ha disminuido a niveles nunca antes registrados.

La estratega republicana Sarah Longwell ha realizado docenas de “focus groups” en los 17 meses posteriores al asalto al Congreso y hasta el comienzo de las audiencias en junio. Durante ese intervalo, la mitad de los consultados favorecían la postulación de Trump en 2024. Pero desde junio Longwell observó un dramático cambio en los nueve grupos: solo 14% de los votantes de Trump en 2020 querían que se postulara en 2024. E incluso en cuatro de los nueve grupos “nadie” quería volver a ver a Trump como candidato.

El giro es dramático. Y, de nuevo, hay que recordar que Longwell es una republicana de toda la vida que está evaluando las opiniones de republicanos votantes de Trump. Entre las razones que dieron: “es demasiado divisivo y controversial”; “es muy dudoso que puede ganar”; “ya está pasado”; o, “hay otros buenos candidatos que pueden brillar”.

La conclusión que sacó Longwell es que el drama “acumulado” de las audiencias del 6 de enero ha dado luz verde a los votantes republicanos a buscar opciones mejores.

Todo indica que el declive de Trump ha comenzado y no parece que vaya a dar marcha atrás. De ello se encargarán DeSantis, Pence, Pompeo y otros aspirantes que llevan años en la “sala de espera”.

Pero todavía hay entre un 20% a 25% de los republicanos que sigue “queriendo creer” la “Gran Mentira” de que a Trump le robaron la elección. Ese porcentaje en realidad representa solo un 10% como máximo de la población de Estados Unidos, pero aún así, ¿cómo es posible que ciegamente crean la mentira con la montaña de evidencias demostrando lo contrario?

La mejor explicación la dió Mark Twain en su análisis sobre la condición humana: “Es más fácil engañar a la gente que convencerlos de que han sido engañados”.

Puede que “la masa” trumpista se autosugestione y no quiera aceptar que ha sido engañada; lo difícil es observar cómo congresistas, gobernadores y otros funcionarios electos republicanos se parapetan en la mentira para mantenerse o ascender al poder.

A ellos les recordó la valiente congresista Liz Cheney el futuro ignominioso que les aguarda:

“Llegará un día en el que Trump ya no esté, pero el deshonor de ustedes permanecerá para siempre”.

Rosa Townsend es periodista y analista internacional. Twitter: @TownsendRosa.

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