¿Declarar la vacuna anti-COVID-19 un “bien público global”? Ya se está intentando

Delia Angélica Ortiz
·5  min de lectura

EN LAS ISLAS Seychelles, un conjunto de 115 ínsulas en el noreste de Madagascar, se ha vacunado contra el COVID-19 al 64 por ciento de la población. A ese ritmo, esa nación africana concluirá su proceso de inmunización en cinco semanas. El territorio tiene la misma población que el país insular Granada, casi 100,000 habitantes; sin embargo, su homólogo latinoamericano solo ha vacunado al 3 por ciento de la gente y necesitará 100 semanas más para alcanzar su primera fase de aplicación del biológico.

Estos datos se pueden visualizar a través de un contador habilitado por Fundación Avina para monitorear el nivel de vacunación de cada país, incluido el porcentaje de personas vacunadas y el número de semanas que necesita cada nación para completar su primera fase de inmunización.

Gabriel Baracatt, director ejecutivo de la Fundación Avina, una organización que promueve acuerdos internacionales para que la vacuna sea considerada un bien público global, pone sobre la mesa un dato significativo sobre el manejo de la pandemia en la región:
“América Latina es el 8 por ciento de la población mundial, pero aportamos el 30 por ciento de los fallecidos por COVID-19. Eso demuestra que hay un sistema de salud pública quebrado, en caos, con altísimas deficiencias, con un sistema privado al que muy pocos pueden acceder, donde se refleja la enorme desigualdad en la que vivimos”, dice en entrevista con Newsweek México.

La herramienta de Fundación Avina también muestra los gráficos con las curvas de infectados y fallecidos por COVID-19. “Cuando el ciudadano común escucha que llegarán 200,000 dosis piensa que ya le tocará vacuna, pero cuando se ven estos gráficos entonces la aguja se mueve muy poco”, explica.

Lee: OMS pide donación inmediata de 10 millones de vacunas para ayudar a 20 países

En ese contador, Chile está entre los países punteros en completar su primera fase de vacunación, junto con Israel, Reino Unido, Emiratos Árabes y Estados Unidos. Sin embargo, Baracatt advierte que estos esfuerzos individuales o nacionales son insuficientes ante una pandemia y apela a la solidaridad global para evitar que el biológico sea acaparado por unos cuantos países.

“No habrá salvación individual. Es lo que deben entender todos los países. Los países no inmunizados seguirán siendo un factor de riesgo global. En la medida en que no se combata el virus pueden aparecer nuevas cepas que pueden nuevamente complicar la situación mundial”, advierte el directivo.

“Al atender un problema global con una solución local y nacional nos damos cuenta de que no están atendiendo que somos parte de un destino común y que compartimos una aldea común. El que un país esté más vacunado que otro no significa que esté libre (de la pandemia) porque viajamos, comerciamos y no será suficiente que tu vecino esté bien si todo el barrio no lo está”, agrega.

En América Latina, Costa Rica lleva vacunada al 4 por ciento de su población y terminará su programa de inmunización en 137 semanas. En México, 3 por ciento están vacunados y faltarán 103 semanas para concluir. Argentina lleva 4.8 por ciento y se calcula que les tomará 52 semanas lograr sus objetivos de aplicación del biológico.

Baracatt enlista los casos de los dirigentes políticos que públicamente han desmotivado el uso del cubrebocas o se refirieron al COVID-19 como una gripa. “No es casual que Brasil tenga la crisis que está teniendo o que Estados Unidos tuviera la cantidad de muertos que ha tenido”, dice.

Te puede interesar: Coronavirus: La OMS afirma que la situación en Chile muestra que la vacunación no sustituye a la prevención

“Lo que la pandemia nos enseñó es que necesitamos liderazgos con altísimos niveles de ejemplaridad y gobiernos eficientes y eficaces. No es lo mismo una Jacinda Ardern (primera ministra) de Nueva Zelanda, que dice yo tengo 40 años y me voy a vacunar cuando corresponda, frente a otro presidente que dice: Saltarse la fila no es un delito”, comenta en referencia a las declaraciones del presidente de Argentina, Alberto Fernández.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha advertido que la vacunación puede contribuir a detener el deterioro social y económico que el COVID-19 acrecentó en la región. Sin embargo, pronostica que no se contará con suficientes vacunas para alcanzar la inmunidad de rebaño este año.

Fundación Avina reporta que los países más ricos han comprado 53 por ciento de las vacunas disponibles, superando sus propias necesidades de población, como ocurrió con Canadá, que adquirió dosis suficientes para vacunar cinco veces a su población. Mientras que hay 67 países con renta baja que no podrán adquirir vacunas suficientes para sus habitantes.

“Que un país esté más vacunado que otro no significa que esté libre porque viajamos, comerciamos”: Gabriel Baracatt. Foto: Especial

Canadá ha vacunado al 7.4 por ciento de su población y al ritmo actual terminará su programa de vacunación en 54 semanas. En cambio, Colombia está en 2 por ciento y le faltarían 111 semanas. Ecuador, con 0.4 por ciento de la vacunación, tendrá que esperar 381 semanas. El Salvador y Guatemala llevan un porcentaje similar, pero se calcula que, por la disponibilidad de vacuna, aún les tomarán 597 y 920 semanas, respectivamente. Los casos más dramáticos son Venezuela que, con 0.04 por ciento de su vacunación, se calcula que tardará 6,642 semanas en completar la inmunización. Su caso solo se compara con Kenia y Pakistán.

“Necesitamos tener acceso a esa información de manera abierta y transparente para poder discutir cómo fortalecemos los mecanismos internacionales como el COVAX, que debe ayudar a todos los países a compartir la vacuna. Y ya hay experiencias, como ocurrió con los retrovirales para el VIH”, explica Baracatt.

El mecanismo COVAX es un Fondo de Acceso Global para Vacunas COVID-19 impulsado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para garantizar el acceso equitativo a este biológico. Sin embargo, hay otras limitantes para agilizar la vacunación, como la debilidad de los sistemas de salud, la corrupción y la politización del suministro de las inyecciones.

“Si hay un bien escaso y estratégico es la vacuna, primero porque estamos sometidos a la decisión de 7 o 10 laboratorios a nivel global con un mercado cautivo de 7,000 millones de habitantes”, concluye Baracatt. “Además, seguimos viviendo la cultura sin límites de los privilegios y de la corrupción, en la que se ve que la poca vacuna que debía apoyar a sectores clave y estratégicos de la salud es usada con fines políticos y empiezan a saltar los casos de los vacunagates”.