Nicolás Carrizo, el jefe de los “copitos”, negó la acusación y dijo que fue “una broma” el mensaje que lo compromete

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Nicolás Carrizo, detenido el miércoles pasado, y Brenda Uliarte.
Nicolás Carrizo, detenido el miércoles pasado, y Brenda Uliarte. - Créditos: @Captura de video

Nicolás Carrizo, el jefe de vendedores de copos de algodón de azucar que está detenido por el atentado contra Cristina Kirchner, dijo ante la Justcia que “fue una broma” cuando le contó por mensaje a un familiar suyo que había aportado un arma calibre 22 para el ataque. En el mismo tono jocoso, también dijo que el atentado “no tendría que haber terminado así”, sin cumplir su objetivo.

Así lo expresó el abogado defensor de Carrizo, Gaston Marano, que explicó que pidio la nulidad de los mensajes telefónicos porque la justicia pudo acceder a ellos porque el detenido entregó voluntariamente su teléfono celular y su clave para que pudiera ser abierto cuando declaró como testigo. Como nadie puede ser obligado a declarar en su contra, el abogado dijo que esos mensajes no pueden ser usados para fundar una acusación contra su cliente. El fiscal Carlos Rívolo se pronunció en contra de esa nulidad y la jueza es quien ahora resolverá.

La jueza federal María Eugenia Capuchetti le comenzó a tomar declaración indagatoria al último de los detenidos en la causa por el atentado contra Cristina Kirchner a las 16 y culminó luego de las 19. Asistió el fiscal Rívolo, pero Carrizo se negó a contestar preguntas; solo accedió a los que realizó su abogado.

Carrizo había sido apresado hace dos días, cuando concurrió a los tribunales de Comodoro Py a retirar su teléfono celular. Los investigadores basan la prueba en su contra en los registros de su teléfono celular, donde aparece en conversaciones con allegados sobre el atentado, según informaron fuentes judiciales.

Carrizo al ser trasladado por personal de la PSA
Carrizo al ser trasladado por personal de la PSA

El mensaje que más lo complicaría es uno que le envió a una familiar suyo, de nombre Andrea, la madrugada del atentado, el 2 de septiembre. Allí le mandó una fotografía de Fernando Sabag Mantiel con sus copitos y le decía que él era el jefe del atacante y le señalaba en es emensaje que él le había proporcionado una pistola calibre 22 para atacar a la vicepresidenta. En ese mimo mensaje le dijo a Andrea que el atentado no debería haber terminado como terminó, es decir siendo un ataque fallido.

Cuando le preguntaron por ese mensaje, Carrizo indicó que era una broma, que estaba queriendo hacerle un chiste a su interlocutora, a quien conoce bien y que es simpatizante del kirchnerismo y por eso la cargaba con ese comentario, segun dijo el letrado, que explicó que Carrizo ofreció a esta chica como testigo para hablar de esa conversación.

La jueza Capucehtti no lo tomó en broma, pues entre las cuestiones que le imputó dice: “El aquí compareciente intervino en forma activa en la planificación suceso, habiendo aportado para su realización una rma de fuego tipo pistola calibre 22 corto, la cual finalmente no fue empleada para cometer el delito planificado”, según constancias de la causa a las que accedió LA NACION.

Carrizo, que estaba acompañado por su madre, que lo esperó en un pasillo cuando se lo llevaron esposado, arrancó enojado su declaración porque el mismo había entregado su celular y había instado a los amigos a que declararan. Y luego parte de esa evidencia había sido usada en su contra. Su abogado dijo que si hubiera estado implicado en la planificación o realización del atentado no hubiera entregado su teléfono voluntariamente.

Con Uliarte y Montiel

En su declaración, el muchacho, explicó que conoció a Brenda Uliarte y a Sabag Montiel hace tres meses en una fiesta y que luego ellos le dijeron que estaban sin trabajo. Por eso es que les ofreció participar de la venta de copos de algodón de azucar en las plazas.

El negocio era así: Carrizo elaboraba los copos en su casa de la calle Mones de Oca, en Barracas, y los vendedores aportaban parte de la materia prima y pasaban a comprarle luego los copitos recién elaborados. Pagaban 600 pesos por 50 copos de algodón que se llevaban en un palo de escoba. El propio Carrizo también salía a vender.

Explicó que tras el ataque se ofrecieron a dar una entrevista por Telefé con Brenda y que la chica les dijo que no tenía nada que ver con el atentado. Dijo que estaban preocupados por amenzas que recibían en un grupo de WhatsApp integrado por unas 70 personas, dedicado a la organización de fiestas.

Indicó el abogado que a pesar de que los medios de comunicación exhibieron un estado de WhatsApp de su celualr que dice que la próxima víctima iba a ser el presidente Alberto Fernández, esa prueba no está en el expediente y no le fue exhibida.

El mensaje que más lo complica es una serie de comunicaciones con Andrea, que son mensajes de audio, donde le dice “le dimos un golpe un gobierno” o “este es un empleado mío”, junto a la foto de Sabag Montiel con un palo de copitos.

“Fue una broma”, dijo Carrizo y explicó que estaba cargando a su pariente, incluso cuando dijo que aportó una pistola calibre 22 para el atentado. El arma usada fue finalmente una Bersa calibre .32. Allanada la casa de Carrrizo no se encontró ningun arma.

Carrizó negó cuando le preguntaron por una imagen de video donde se ve a una persona con barbijo que podría ser él en los alredores de la casa de Cristina Krichner cuando ocurrió el atentado. Dijo que ese día a las 22.30 estaba en Tigre en el horario de cierre del Parque de la Costa para vender sus copos de algodón. Dijo el abogado que pedirá que se ubique su celular para demostrar que se encontraba allí. Incluso el letrado mencionó que su cliente le dijo que no sabía dónde quedaba la casa de la vicepresideta.

La jueza Capuchetti analiza rechazar la excarcelación que pidió Carrizo y el pedido de nulidad sobre el peritaje a su teléfono.