'La gran decepción', por Marta Flich

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Ese año nos ha enseñado grandes cosas como por ejemplo: que la invasión de un país a otro en territorio limítrofe con Europa, nos afecta y mucho, concretamente porque estamos hablando de dependencia de grandes monopolios de materias primas energéticas que digamos tienen una democracia distraída. Hemos aprendido también que la emoción de los aplausos a los sanitarios cuando se pasa al plano racional ni está ni se le espera por parte de las políticas liberales del sálvese quién pueda. Porque “pasado pisado” ¿no?.

Hemos aprendido que podemos dejarnos llevar por la crispación y la irreflexión entrando en derivas del argumento y que somos capaces de interiorizar discursos desvirtuados como ciertos siempre y cuando se agite la bandera de siempre, la de ETA, la de España se rompe, la de Gobierno ilegítimo y la de “las instituciones no son de fiar!”. Recursos por otro lado que son recurrentes. No sé si por falta de imaginación de ellos, por falta de memoria nuestra o sencillamente porque siguen siendo igual de efectivos y no se agotan nunca.
Yo creo que sí se agotan, yo creo que la caricaturización de los temas ( iba a decir conflictos pero a veces no llegan ni a eso) provoca una desafección que lejos de ser una palabra muy utilizada, crea entumecimiento. ¡Que nos la sopla, vaya!.

Hemos visto como los organismos internacionales revisan al alza nuestras macromagnitudes y dejan a la economía española en una habitación ventilada más saludable económicamente que en la UCI donde aquí se nos llegó a asegurar que estuvimos. Todo se puede hacer bien. Desde luego, las cosas solo se hacen por primera vez, una vez. Y no hay segunda oportunidad para hacer por primera vez algo. Esto, al hacer balance, también es importante tenerlo en cuenta. ¿Cómo se reaccionó a un problema sin más oportunidad de acertar o errar que esa?

Creo que el año así en general, ha sido más próspero y más positivo de lo que nos han querido transmitir que percibiéramos. Ya sabéis que la percepción son los nuevos hechos. Aunque no debería ser así, que no estamos hablando de la sensación térmica, que en cualquier caso también es un hecho. En fin: dentro de mis deseos para el 2023 está el de que seamos en conjunto una sociedad menos invasiva con los demás, más reflexiva, que aprendamos de la experiencia para evitar errores futuros y sobre todo que sigamos divirtiéndonos tanto o más de lo que solo nosotros sabemos hacer.

Feliz 2023. Os quiero.

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