La debilidad de la moneda turca anima el comercio transfronterizo

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La marea de buses matriculados en Bulgaria aparcados en el mercado de Edirne, cerca de la frontera, refleja la magnitud de la crisis monetaria de Turquía, con un hundimiento de la lira que atrae a los compradores de los países vecinos.

Antaño capital del Imperio otomano entre los siglos XIV y XV, la ciudad de Edirne, con sus incontables mezquitas, es actualmente un enorme mercado para los vecinos de los Balcanes y de Bulgaria, países entre los más pobres de la Unión Europea.

Desde frutas y verduras hasta ropa interior de gama baja se vende por poco precio y se embute en la bodega del autobús.

"Para nosotros, está bien, pero es realmente duro para los turcos", concede una guía, Daniela Mircheva, antes de subir al bus que la llevará de regreso a Yambol, en Bulgaria.

"Nosotros estábamos en la misma situación hace 10, 12 años", añade esta mujer casi en la cincuentena, en referencia a la crisis financiera de 2008. "Es muy difícil".

La lira turca no deja de hundirse, marcando mínimos históricos casi a diario, víctima de la política económica del presidente Recep Tayyip Erdogan que persiste, en contra del dogma económico, a priorizar las bajas tasas de interés pese a la inflación.

Esta superó el 21% interanual en noviembre. Por su parte, la moneda ha perdido más del 45% de su valor frente al dólar desde comienzos de año.

- "A mitad de precio" -

Los precios al consumo se disparan para los turcos. Pero es justo lo contrario para los búlgaros. Daniela Mircheva puede llevar todavía más garrafas de aceite de girasol en su autobús, repleto de comerciantes en busca de un buen negocio.

"Es a mitad de precio comparado a Bulgaria. Es realmente mucho, mucho menos caro para nosotros", asegura.

El humor de los merchantes turcos es mucho más oscuro.

"Es humillante", asegura Gulsen Kaya tras una montaña de sudaderas y prendas de invierno en su contador. "¡Mirad en lo que ha convertido Turquía!", dice en referencia a Erdogan.

El jefe de Estado pensó que una lira baja fomentaría las exportaciones y transformaría Turquía en un suministrador imprescindible del mercado mundial, a imagen de China.

Como primer ministro y después como presidente se apoyó en las clases populares para mantener a su partido islámico-conservador, AKP, en el poder desde 2002.

El vigoroso crecimiento del primer decenio de Erdogan también atrajo a inversores extranjeros. Pero ahora analistas, economistas y diplomáticos consideran que es difícil mantener la actitud del presidente.

- Más ventas, menos provecho -

"Estoy realmente devastado por los turcos porque comprendo lo que estos precios bajos significan para ellos", opina Tinko Garev, un cliente búlgaro.

Bulent Reisoglu dirige el mercado de Edirne desde que se instaló hace quince años en su ubicación actual, similar a un vasto hangar.

Según él, el número de clientes semanales pasó de 50.000 semanales a casi 150.000 desde que empezaron a sentirse los efectos de la crisis.

"El número de clientes extranjeros se ha multiplicado por cuatro o cinco", indica. Pero los comerciantes ganan menos porque las ventas suplementarias no compensan el hundimiento de la moneda.

"Nuestros proveedores nos envían nuevas listas de precios cada semana", lamenta un vendedor, Utku Bitmez.

"Todas las materias primeras proceden del extranjero, de Europa, de China y de Italia", explica. "El precio de estos productos se ha doblado desde el año pasado", añade.

El responsable del mercado, Reisoglu, confía que ve a los comerciantes enganchados a sus teléfonos para vigilar la evolución de la tasa de cambio.

"Estamos impactado", asegura. "Nadie se esperaba una devaluación así".

Incluso los clientes búlgaros se sienten incómodos.

"Los locales no pueden adquirir todas estas cosas", afirma Ilyana Todorova, que compra ropa con su hija adolescente. "Para la gente ordinaria, esto no es bueno".

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