Debate sobre reparaciones llega a la ONU sin las metrópolis

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Más de un año después de que las protestas de Black Lives Matter iniciaran una reflexión global sobre el racismo que sufre la gente negra desde hace siglos, la cuestión de las reparaciones apareció este año -de forma desigual- como un tema relevante en la mayor cumbre de líderes mundiales.

En la Asamblea General de Naciones Unidas, países africanos y caribeños que podrían beneficiarse de las reparaciones recibieron apoyo de otras naciones, aunque los principales responsables de la esclavitud y el colonialismo dijeron poco sobre lo que podrían deber a los descendientes de africanos.

Líderes de países como Sudáfrica Camerún, San Cristóbal y Nieves y Santa Lucía se vieron respaldados por representantes de países con pocas posibilidades de que se les reclamen pagos, como Cuba y Malasia, al pedir expresamente la creación de sistemas de reparación.

Las ausencias en la conversación, sin embargo, también eran notables: Estados Unidos Gran Bretaña y Alemania países ricos y desarrollados construidos sobre conquistas de distinta índole.

“Los países caribeños como el nuestro, que fuimos explotados y subdesarrollados para financiar el desarrollo de Europa, hemos presentado un caso de reparaciones por esclavitud y genocidio indígena, y esperamos que ese caso se trate con la seriedad y urgencia que merece”, dijo Philip J. Pierre, primer ministro de Santa Lucía. “No debería haber un doble rasero en el sistema internacional para reconocer, admitir y compensar a víctimas de crímenes contra la humanidad”.

Un vistazo a quién mencionó el tema y quién no en la última semana revela que si bien ha aumentado el apoyo al movimiento que reclama literalmente un pago para el continente africano y la diáspora forzosa que sufrió, la participación significativa de las grandes potencias, aunque expresen disculpas, es limitada.

Por ejemplo, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden no lo mencionó en su discurso, aunque la Casa Blanca dijo este año que aceptaba estudiar reparaciones para los afroestadounidenses. Y la oficina de su embajadora ante la ONU Linda Thomas-Greenfield, que es afroestadounidense, declinó hacer comentarios sobre las recientes conversaciones al respecto.

La indemnización económica por la historia estadounidense de esclavitud es un tema crucial en los esfuerzos del mundo por procesar lo que el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, describió como “uno de los periodos más oscuros en la historia de la humanidad, y un crimen de una barbarie incomparable”.

“Su legado persiste en las Américas, el Caribe, Europa, Oriente Medio y en la propia África”, dijo Ramaphosa en una reunión sobre reparaciones durante la Asamblea General. “Millones de descendientes de africanos que fueron vendidos como esclavos siguen atrapados en vidas de subdesarrollo, desventaja, discriminación y pobreza”.

La esclavitud en lo que se convirtió en Estados Unidos comenzó hace más de 400 años, cuando se embarcaron esclavos por la fuerza desde África. El debate sobre las indemnizaciones lleva abierto desde la abolición de la esclavitud en 1865.

La cuestión lleva más de tres décadas en el Congreso, aunque las demandas de reparaciones han ganado impulso en algunas ciudades y gobiernos locales, mientras el país sigue procesando las consecuencias del asesinato de George Floyd en 2020.

Carla Ferstman, experta en derecho internacional que estudia las reparaciones como profesora de la Universidad de Essex, dijo que las conversaciones en la asamblea de Naciones Unidas son un hito importante para un movimiento global que lleva 20 años de recorrido.

Lo que está por ver es cómo se concreta entre países específicos y cómo de transformadores son los resultados. Aunque los programas de reparaciones serían entre los descendientes de las víctimas y los responsables, la conversación sobre corregir errores históricos se ha vuelto universal.

“Es universal”, dijo Ferstman, “porque la desigualdad es universal”.

Las reparaciones podrían llegar en forma de pagos directos a personas concretas; ayuda para el desarrollo de países; devolución de tierra colonizada, artefactos valiosos y objetos culturales; correcciones sistémicas de políticas y leyes que puedan continuar la opresión, y la clase de francas disculpas y admisiones que relegan a figuras históricas antes celebradas como héroes nacionales.

“La gente percibe sus perjuicios de formas muy diferentes, esta percepción de cómo ocurrieron los daños y cómo se manifestaron en cuanto a las generaciones posteriores”, explicó Ferstman. “Uno debe ser sensible con lo que es importante y cómo rectificar mejor”.

Las últimas conversaciones sobre reparaciones se celebraban el año en el que Naciones Unidas conmemoraba una importante pero polémica conferencia contra el racismo en 2001, celebrada en Sudáfrica y que derivó en lo que se conoce como la Declaración de Durban.

Una nueva resolución adoptada en la reunión conmemorativa del pasado miércoles admitía algunos progresos, aunque lamentaba lo que describía como un aumento de la discriminación, la violencia y la intolerancia hacia las personas con raíces africanas y muchos otros grupos, desde gitanos a refugiados, jóvenes y ancianos, discapacitados y desplazados.

Se celebró incluso una conversación sobre las reparaciones, aunque no pasó desapercibido que la declaración de la semana pasada no había llegado a exigir que los países pagaran reparaciones a aquellos a los perjudicados por su gobierno.

El texto indicó sólo que debería haber una forma de que los descendientes de las víctimas buscaran “una reparación justa y adecuada o una satisfacción por cualquier daño sufrido”. El Consejo de Derechos Humanos de la ONU había recomendado de forma explícita las reparaciones en un importante reporte en junio.

“Aunque las reparaciones no podrían compensar todos los los males cometidos contra la gente de origen africano, podrían ayudar mucho a combatir el racismo sistémico que aún persiste en la sociedad actual, al crear un campo de juego igualado para desarrollar todo su potencial”, dijo en la reunión del miércoles Syed Mohamad Hasrin Aidid, que lidera la delegación malasia ante la ONU.

Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania estaban entre la docena de países que no asistieron la semana pasada al acto conmemorativo de Durban debido a las persistentes diferencias sobre la conferencia de hace 20 años, que Estados Unidos boicoteó por referencias al conflicto entre israelíes y palestinos. Representantes de Alemania y Gran Bretaña ante la ONU no respondieron en un primer momento a peticiones comentarios.

Tampoco el presidente de Alemania mencionó las reparaciones su discurso ante la Asamblea, aunque el suyo es uno de los pocos países que ha dedicado dinero a compensar sus acciones de la era colonial.

Alemania reconoció oficialmente este año como genocidio la masacre de decenas de miles de personas en Namibia y acordó proporcionar 1.100 millones de euros (1.300 millones de dólares) a proyectos durante más de 30 años para ayudar a las comunidades afectadas. Ese anuncio no identificó la iniciativa alemana como reparaciones formales.

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Sally Ho, con sede en Seattle, forma parte del equipo de Raza y Etnia de The Associated Press. Está en Twitter como http://twitter.com/_sallyho

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