Ni el fax ni el penalti entraron: la decadencia de David de Gea

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De Gea camina cabizbajo junto al trofeo de la Europa League.
David de Gea, cabizbajo ante el trofeo de la Europa League que no logró ganar. Foto: Maja Hitij/AFP via Getty Images.

Se da la circunstancia curiosa de que en la noche de ayer, en la final de la Europa League que supuso el primer título de la historia para el Villarreal, el gran protagonista del partido fue un futbolista español... pero que no juega para el equipo de la provincia de Castellón. David de Gea, nacido en Madrid, criado en Illescas (Toledo) y canterano del Atlético, es el portero titular del Manchester United. En Inglaterra aterrizó allá por 2011 tras su salida polémica del club rojiblanco, en aquellos años un lugar convulso, y ahí permanece desde entonces, consolidándose como uno de los guardametas más importantes y mejor valorados no solo de la Premier League, sino de todo el mundo.

Bueno, más o menos. Porque De Gea lleva un tiempo en el ojo del huracán debido a su rendimiento irregular. Sin ir más lejos, la cita de anoche quedará para el recuerdo por su actuación. No es que durante el tiempo de juego estuviera especialmente desafortunado: quizás pudo hacer algo más en el gol de Gerard Moreno, pero tampoco es culpa suya que el delantero amarillo rematara libre de marca a poco más de seis metros de la portería. Por lo demás, en general los Red Devils dominaron el encuentro y no se vio demasiado exigido. El problema se vio cuando, con 1-1 en el marcador, todo tuvo que resolverse en la tanda de penaltis. No solo no paró ninguno de los 11 que le llegaron a lanzar, sino que cuando le tocó a él el turno de patear, su disparo, raso y un poco a la derecha, acabó despejado por el guardameta rival Rulli.

De forma quizás exagerada y acaso un poco injusta, no faltan las voces que le culpan directamente de la derrota y que se han dedicado a ridiculizarle y hasta humillarle. Lo cierto es que este episodio concreto se viene a sumar a una serie de prestaciones irregulares que están afectando gravemente al prestigio de quien estaba considerado uno de los mejores porteros del mundo, aspiraba a heredar el puesto legendario de Iker Casillas en la selección nacional y, a sus 30 años, no tiene ni mucho menos edad para estar acabado. Desde hace algunas temporadas, sin embargo, su carrera ha entrado en un declive claro.

Precisamente, el inicio de su crisis personal puede situarse en el momento en el que pretendió emular a Casillas no solo en la Roja, sino en el Real Madrid. En 2015, tras la marcha del mostoleño al Oporto, los blancos quisieron dar un golpe de efecto y completar una adquisición de renombre para su portería. Por eso pensaron en David, quien, pese a estar consolidado en Manchester, no se terminaba de sentir a gusto a las órdenes de Louis Van Gaal, su técnico en aquella época. Durante ese verano no dejaron de sucederse los rumores que enviaban al guardameta español de vuelta a la capital de su país, pero esta vez a la orilla del Manzanares que no tiene rayas rojas.

Carvajal, De Gea y Lucas Vázquez conversan tras un partido.
De Gea (centro) con jugadores del Real Madrid durante un partido amistoso en 2017. Foto: Robbie Jay Barratt - AMA/Getty Images.

Por algún motivo que alguien, con el tiempo, deberá explicar, las negociaciones más o menos encubiertas entre los dos clubes se fueron retrasando y retrasando, hasta el punto de que el acuerdo de traspaso (que implicaba la salida de Keylor Navas hacia Gran Bretaña) no se cerró hasta el final de día 31 de agosto, el último día en que el mercado de fichajes permanecía abierto. La transacción se habría cifrado en unos 30 millones de euros, que habrían sido en ese momento la cantidad más alta jamás pagada por un guardameta en la liga española y no se habría quedado lejos del récord mundial.

Pero dejar las cosas para última hora no siempre es la mejor idea, y más en operaciones gestionadas a distancia, como sabe cualquier estudiante que se haya peleado con el campus virtual de alguna universidad. Para sellar el acuerdo era preciso que el Manchester United enviara a la Liga española la documentación de su contrato. Había que tramitarlo por fax, un medio más bien obsoleto pero que, por esas cosas de la normativa que a veces cuesta entender, se sigue utilizando porque tiene plena validez legal. Y el documento llegó cuando ya habían dado las doce de la noche y, por tanto, el mercado estaba cerrado.

El intercambio de porteros no pudo hacerse, Navas debió bajarse del avión y quedarse en Madrid, De Gea tuvo que volver a Inglaterra y todo el mundo, menos algunos madridistas sin sentido del humor, se rio mucho de lo estrambótico de la situación vivida. De vuelta a Old Trafford, siguió jugando, e incluso más tarde renovó su contrato, pero ya nada sería lo mismo. Aunque su rendimiento se mantenía alto, con cierta frecuencia iba protagonizando errores groseros que empezaban a mosquear a los aficionados. Sobre todo teniendo en cuenta que se le sigue pagando como si fuera el líder indiscutible; de hecho, es el segundo hombre que más cobra en todo el campeonato, solo por detrás de Gareth Bale.

Tampoco le terminaba de ir bien con la selección española. En 2014 ya había ido al Mundial como tercer portero, tras Casillas y Reina, y ni siquiera llegó a debutar; a la Eurocopa de 2016 sí que le ascendieron a dueño de la portería... y su actuación no fue precisamente la mejor: dos goles encajados contra Croacia en la fase de grupos (el segundo, un remate de Perisic al palo corto en el que podría haber hecho más) provocaron que España cayera al segundo puesto y se viera las caras en el cruce de octavos con la durísima Italia. El encuentro contra los transalpinos se perdió 2-0; en el primer tanto Chiellini no tuvo más que empujar un rechace muy blando que el arquero toledano dejó en el centro del área tras un lanzamiento de falta.

De Gea en la portería viendo cómo se acerca un balón.
David de Gea, en un partido con la selección española. Foto: David S. Bustamante/Soccrates/Getty Images.

Dos años más tarde, en el Mundial de Rusia, las cosas tampoco fueron mucho mejor. En la primera fase encajó cinco goles en tres partidos (uno de ellos, contra Portugal, fue un chut lejano de Cristiano Ronaldo que se le coló entre las piernas) y después, otra vez en octavos, tampoco fue capaz de detener ninguno de los cinco penaltis que le tiraron entre el tiempo reglamentario y, de nuevo, la tanda tras llegar empatados al final de la prórroga. España quedó eliminada y el número 1 de la Roja fue el único en todo el campeonato que se volvió a casa sin hacer una sola parada.

Su desempeño irregular no solo nunca consiguió hacer olvidar a Casillas, bajo cuya alargadísima sombra ha tenido que vivir, sino que ni siquiera basta para mantenerle como primera opción. Ha entrado en la convocatoria de Luis Enrique de cara a la Eurocopa de este verano, pero las últimas pruebas efectuadas por el seleccionador apuntan a que va a ser el suplente de Unai Simón. O al menos, a que habrá una pugna por la titularidad inimaginable hace no tanto tiempo, cuando nadie se atrevía a dudar de que el puesto llevaba su nombre.

Es preciso recordar, además, que David de Gea se ha metido durante los últimos años en alguna polémica extradeportiva bastante desagradable. Y no es por su situación familiar, aparentemente muy estable. Forma, que sepamos, una pareja de larga duración con la cantante Edurne, con quien ha tenido una hija hace apenas unos meses.

A De Gea, junto a Iker Muniain (del Athletic de Bilbao), se le implicó en 2016, poco antes de empezar la Eurocopa, en el caso Torbe, un proceso judicial en el que se investigaban delitos gravísimos, incluyendo la explotación sexual de menores. La investigación recibió ese nombre por el apodo del actor pornográfico Ignacio Allende, en torno a quien giraban las pesquisas. 

Koke, De Gea, Muniain y Joel posan sonriendo y sujetando el trofeo de campeones.
De Gea, segundo por la izquierda, junto a Muniain (tercer) celebrando la victoria en el campeonato de Europa sub-21 de 2013. Foto: Adam Davy - PA Images via Getty Images.

Los futbolistas fueron acusados de participar en el abuso sexual a dos chicas en un hotel de Madrid; concretamente, se decía que el navarro (y otro jugador de la selección sub-21 de aquella época al que no se alcanzó a identificar, aunque se rumoreó durante un tiempo que podía tratarse de Isco) habría sido quien forzó a las menores, mientras que el toledano se habría encargado de contactar con la trama que explotaba a las jóvenes y que dirigía Torbe.

Se llegaron a publicar mensajes de WhatsApp que De Gea y una de las chicas habrían llegado a intercambiar, en los que se daba a entender que el portero habría intervenido alguna vez en encuentros de este tipo. Lo cierto es que la policía estuvo investigando el asunto y acabó desestimando los cargos por no encontrar pruebas suficientes y por incoherencias en el testimonio de las supuestas víctimas, de manera que ni el guardameta del Manchester United ni los demás jugadores tuvieron que declarar. Es importante subrayar, por tanto, que se le debe considerar inocente. De lo que no se ha podido librar es de la imagen negativa que se generó de él a raíz de aquello y que todavía no se ha podido borrar por completo.

¿Ha sido esto lo que le ha descentrado y ha causado que cada cierto tiempo cometa fallos impropios de un portero de la categoría que se le supone, que hacen dificilísimo a sus admiradores seguir defendiendo sus virtudes bajo palos? La respuesta solo está en su cabeza. Lo que queda meridianamente claro es que está cada vez más lejos de aquel jovenzuelo larguirucho que se fue a Manchester a comerse el mundo tras despuntar en el Atleti ganando el mismo título que perdió ayer. Y que hay muchísimas dudas, y muy razonables, sobre si alguna vez volverá a recuperar un nivel parecido.

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