¿Darán romanos otro mandato a "alcaldesa de la periferia"?

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Las malezas en las aceras de Roma son tan altas que a veces llegan a los picaportes de las puertas, dándole un nuevo significado a la expresión “jungla urbana”. Montañas de basura impiden el paso de cochecitos y las madres a menudo tienen que ir por la calle, evitando agujeros. Cestos de basura rebasados atraen jabalíes que aterrorizan a los transeúntes.

Algunas estaciones de trenes subterráneos del centro de la ciudad están cerradas desde hace meses, esperando ser reparadas.

La primera alcaldesa populista de Roma, Virginia Raggi, corre peligro de no ser reelegida este fin de semana debido al pobre estado de algunos servicios básicos, como la recolección de basura y el mantenimiento de las calles de esta ciudad llena de ruinas.

Estos problemas, no obstante, no son nuevos. Ya existían cuando Raggi, una abogada y concejal poco conocida de 37 años, fue elegida. Pronto pasó a ser una de las figuras más prominentes del Movimiento 5 Estrellas, un fenómeno populista surgido una década antes en el Parlamento

Raggi fue considerada “una especie de salvación. Se esperaban grandes cambios”, comentó Paolo Conti, quien por años se encargó de la sección de cartas de los lectores de las páginas romanas del diario Corriere della Sera, en la que abundaban las quejas en torno a la basura y el transporte público.

Luego de cinco años de gobierno de Raggi, marcados por constantes cambios de personal y jefes de departamentos, “objetivamente, la ciudad está peor” que cuando llegó ella, señaló Conti en una entrevista.

La expresión “peor” es fuerte, ya que la situación era desesperada cuando los romanos votaron por ella. Estaban limpiando la ciudad ellos mismos, barrio por barrio, parque por parque, poniendo la basura en bolsas, rellenando agujeros en las calles y recaudando fondos para contratar personas que eliminaran las malezas.

Por entonces los romanos ni siquiera tenían un alcalde. El predecesor de Raggi, un cirujano que se dedicó a la política, renunció meses antes en medio de un escándalo relacionado con su cuenta de gastos, del que fue finalmente exonerado.

A ninguno de los 22 candidatos actuales se les da posibilidades de sacar más del 50% de los votos y ganar en la primera ronda. Ello implica que los dos más votados pasarán a una segunda vuelta dos semanas después. Las últimas encuestas indican que, a lo sumo, un 15% de los romanos querrían darle un segundo mandato a Raggi, aunque hay muchos indecisos.

Nadia Titti, quien caminaba con su perro por una plaza con césped muy crecido junto a un complejo de viviendas públicas en Tor Bella Monaca, un barrio donde abunda el tráfico de drogas, dijo que no votó por Raggi la primera vez ni lo hará ahora.

Se quejó de que personas de otros barrios donde se acumula la basura estén dejando sus desperdicios en las calles de Tor Bella Monaca.

Otros dicen que Raggi merece un segundo mandato.

Flavia Vauro, de 21 años, era muy joven para votar en el 2016, pero planea apoyar a Raggi ahora. “Se cometieron errores, pero hay muchos más logros”, sostuvo.

Vauro, una estudiante universitaria, mencionó los nuevos autobuses que la llevan al campus universitario, que reemplazaron a otros destartalados. “En estos cinco años hubo cambios tangibles”, manifestó.

Raggi y sus rivales han estado haciendo campaña en Tor Bella Monaca y otros barrios de gente humilde, que contribuyeron decisivamente a su victoria en el 2016. Ella misma se define como “la alcaldesa de la periferia”.

Dice que llevó iluminación a las calles de algunos de estos barrios por primera vez. Cuando visita esos barrios, aseguró, “hay gente que sale a la calle con lágrimas en los ojos” en señal de gratitud.

Respecto a las malezas, expresó que, cuando asumió, la municipalidad no había contratado personal para eliminarlas desde el 2000 y “ni siquiera había herramientas” para ese trabajo en muchos parques de Roma.

Dijo asimismo que la agencia a cargo de la recolección de basura, Ama, estaba muy endeudada. “Llevaba 13 años de balances falsos. Nosotros limpiamos sus finanzas”, manifestó.

En enero, sin embargo, Ama retiró los fondos que entregaba a los barrios para que cortasen las malezas.

La pandemia hizo que no circulasen autos y presentó una oportunidad única de rellenar agujeros en las calles sin causar congestionamientos. Pero ya casi no hay restricciones a los movimientos y los agujeros siguen allí, causando accidentes de “motorinos” (ciclomotores), a veces fatales.

Cuando se le preguntó por los prolongados cierres de estaciones para hacer mantenimiento, Reggi respondió: “No se puede pedir una escalera mecánica en Amazon”.

Algunos residentes de Tor Bella Monaca se mostraron satisfechos con los esfuerzos de Raggi por desalojar traficantes de drogas y otros indeseables de las viviendas públicas.

“Podemos respirar mejor”, dijo Tiziana Ronzio, quien vive en uno de esos complejos y creó una asociación de inquilinos.

Ronzio opinó que Raggi “no hizo que la ciudad funcione bien”, aunque reconoció que conseguirlo es una tarea titánica.

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Andrea Rosa colaboró en este despacho.

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