Daniil Medvedev, el número uno de las quejas por cualquier cosa

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SYDNEY, AUSTRALIA - JANUARY 02: Daniil Medvedev of Russia reacts in his group B match against Ugo Humbert of France during day two of the 2022 ATP Cup tie between Russia and France at Ken Rosewall Arena on January 02, 2022 in Sydney, Australia. (Photo by Mark Kolbe/Getty Images)
Photo by Mark Kolbe/Getty Images

Hace poco, el entorno de Novak Djokovic filtró a la prensa afín que Tennis Australia, desesperada, estaba haciendo lo posible por que el gobierno de la región de Victoria aceptara una exención médica para Novak Djokovic y el serbio pudiera participar en el Open de Australia. Muchos pensamos que era una filtración interesada y que ni Tennis Australia, ni mucho menos las autoridades australianas iban a morder el anzuelo, sentando un precedente peligroso. Ahora bien, dice Djokovic que se la han concedido y que viaja a Melbourne. A ver qué dice ahora la otra parte.

Si algo nos ha demostrado la nueva variante del coronavirus es que, contra el contagio, la vacunación no es un seguro de vida. Ayuda, claro, pero no descarta ni mucho menos. En ese sentido, puede que emperrarse en que todo el mundo tuviera que estar vacunado fuera una tontería, pero era la tontería en la que, supuestamente, creía el gobierno australiano. La presencia de Djokovic afecta a todos sus rivales, por supuesto, pero, sobre todo, afecta al que hubiera partido como máximo favorito, el ruso Daniil Medvedev.

¿Por qué era el máximo favorito? Bueno, de entrada porque es el número dos del mundo. A continuación, porque ganó el último Grand Slam sobre pista dura, en Nueva York, hace apenas cuatro meses. Por último, porque el año pasado fue finalista en Australia, derrotado solo por el tenista serbio. Una victoria de Medvedev en Melbourne le pondría a las puertas del número uno del mundo, dependiendo de hasta dónde llegue Djokovic en el torneo. Sería la escenificación perfecta del relevo generacional.

Ahora bien, si Medvedev se va a erigir como el nuevo campeón y va a aspirar a ser el nuevo número uno, va a tener que cambiar algunas cosas. Que ande a la gresca con casi todos los aficionados, allá por donde pasa, no tiene nada de malo. Casi al revés. Está bien que haya un número uno que caiga mal, casi lo echábamos de menos. Alguien que no se preocupe en caer simpático -Djokovic sí se preocupa, pero da la sensación de que no le sale- sino en jugar bien al tenis y en ser competitivo. Lo que no es compatible es ser un campeonísimo y un quejica. Eso sí que no cuadra.

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Al parecer, Medvedev ha descubierto que en Australia, en verano, hace calor. Hace calor en Bilbao en enero, así que háganse una idea. "Una tortura", según el ruso, que este mismo verano, durante los Juegos Olímpicos hizo responsable al juez de silla Carlos Ramos de su posible muerte sobre la pista debido al calor que hacía en Tokio. Los que hemos crecido viendo ya desde los años ochenta a los tenistas con toallas llenas de hielo en la nuca para paliar los efectos del calor estamos curados de espanto. ¿Calor en Australia? Claro. De eso se trata. Ya lo siento, pero es uno de los rivales a batir y siempre lo ha sido.

Aquí siempre hemos sido defensores de que se deje a los deportistas dar el mayor espectáculo posible. En otras palabras, que se les pongan las cosas fáciles dentro de lo posible. El problema con Medvedev es que le parece todo mal: si hace calor, porque hace calor; si el torneo es en tierra batida, porque la tierra batida no le gusta. Después de perder el torneo de París-Bercy se quejó de que el público había hecho mucho ruido, no como en otros deportes -citó el billar- en los que el silencio es absoluto. "Eso me ha molestado y me ha hecho perder la concentración", aseguró a los medios.

Hay que agradecer al ruso que, de momento, no haya sido especialmente belicoso con los tiempos muertos médicos -quizá porque él los utiliza a menudo- o con las largas escapadas al baño. Tal vez el problema sea de los que pertenecemos a otra generación y hemos visto a Ivan Lendl, a Jimmy Connors, a John McEnroe, a Jim Courier... a toda esa panda de animales que no se quejaba nunca y que competía siempre bajo condiciones extremas sin poner excusas baratas. El número uno de la ATP, al menos para mí, no solo tiene que ser un enorme tenista, sino alguien que esté a lo que está. Si se distrae porque en una final el público grita, mal vamos.

Las quejas existen desde que existe el deporte, pero es complicado encontrarse con un momento como este en el mundo del tenis, en el que a todo el mundo le parece mal algo. No se entiende, justo cuando ahora los jugadores tienen más garantías que nunca y se cuida al extremo sus condiciones. Por supuesto, puede haber errores y excesos, pero generalmente se corrigen. Antes, los tenistas eran poco más que caballos de carga que tenían que lidiar con lo que fuera. Ahora, son superestrellas que pretenden marcar la agenda de cada torneo que juegan. A menudo lo consiguen, pero no es buena idea seguir tirando de la cuerda hasta convertir esto en, yo qué sé, ¿billar?

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