¿Dónde son más optimistas los jóvenes? En los países más pobres

·7  min de lectura
En el sentido de las manecillas del reloj, desde arriba a la izquierda, Victor Paganotto Carvalho Freitas, de Brasil; Lorraine Nduta, de Kenia; Angela Bahamonde Ahijado, de España; Landen Otaka, de Hawái; Makeila Ward, de Nevada; Valeriia Drabych, de Ucrania, y Rafaiat Ullah, de Bangladés. (En el sentido de las agujas del reloj, desde la parte superior izquierda: Gabriela Portilho/The New York Times; Khadija Farah/The New York Times; Ben Roberts/The New York Times; Marie Eriel Hobro/The New York Times; Andri Tambunan/The New York Times; Anastasia Vlasova/The New York Times, y Fabeha Monir/The New York Times)
En el sentido de las manecillas del reloj, desde arriba a la izquierda, Victor Paganotto Carvalho Freitas, de Brasil; Lorraine Nduta, de Kenia; Angela Bahamonde Ahijado, de España; Landen Otaka, de Hawái; Makeila Ward, de Nevada; Valeriia Drabych, de Ucrania, y Rafaiat Ullah, de Bangladés. (En el sentido de las agujas del reloj, desde la parte superior izquierda: Gabriela Portilho/The New York Times; Khadija Farah/The New York Times; Ben Roberts/The New York Times; Marie Eriel Hobro/The New York Times; Andri Tambunan/The New York Times; Anastasia Vlasova/The New York Times, y Fabeha Monir/The New York Times)

¿Le irá mejor a la próxima generación que a la anterior? Para los jóvenes de los países más ricos, ese sueño de movilidad ascendente parece más una historia del pasado que una realidad actual, según una encuesta nueva y amplia realizada en 21 países.

No obstante, en los países más pobres todavía existe la esperanza de que la vida de los jóvenes supere a la de sus padres y de que el mundo se esté convirtiendo en un lugar mejor.

“En gran parte del mundo en desarrollo, hay un poco más de optimismo en el sentido de que sí, con cada generación nuestros niveles de vida están mejorando”, señaló Laurence Chandy, director de la oficina de visión y política global de UNICEF, que realizó la encuesta con Gallup. “Pero hay un reconocimiento en Occidente de que eso ha dejado de ocurrir”.

En Estados Unidos, el 56 por ciento de los jóvenes y el 64 por ciento de las personas mayores dijeron que los niños de hoy estarían en una situación económica peor que sus padres, una opinión que coincide con la realidad económica de muchos en los últimos años.

En la encuesta participaron 21.000 personas de dos grupos de edad (de 15 a 24 años y de 40 en adelante) e incluyó muestras representativas a nivel nacional de todas las regiones del mundo. El grupo más joven dijo que los niños de la actualidad estaban en mejores circunstancias en aspectos básicos, como la educación, la atención médica y la seguridad física. En la media, el 57 por ciento de ellos dijo que el mundo se estaba convirtiendo en un lugar mejor con cada generación, en comparación con el 39 por ciento de las personas mayores.

¿Y cuál es la mejor parte de ser una persona joven en la actualidad? Según los encuestados en las entrevistas de seguimiento, la tecnología.

“Los jóvenes de hoy en día tienen un acceso a la información y a las nuevas tecnologías que otras generaciones ni siquiera han estado cerca de tener”, comentó Victor Paganotto Carvalho Freitas, de 24 años, de São Paulo, Brasil. “Con la llegada del internet, puedes aprender diferentes habilidades desde tu habitación”.

Valeriia Drabych, de 19 años, en Kiev, Ucrania, el 13 de noviembre de 2021. (Anastasia Vlasova/The New York Times)
Valeriia Drabych, de 19 años, en Kiev, Ucrania, el 13 de noviembre de 2021. (Anastasia Vlasova/The New York Times)

No obstante, los jóvenes también tienen preocupaciones sustanciales. En las encuestas, aproximadamente nueve de cada diez dijeron que sienten ansiedad a veces o con frecuencia. Seis de cada diez dijeron que los niños de la actualidad están más presionados por los adultos para tener éxito que sus padres. Siete de cada diez afirman que las acciones de la generación de sus padres han contribuido al cambio climático.

La encuesta, realizada entre febrero y junio, no formuló preguntas sobre la pandemia de manera directa (los investigadores no estaban seguros de que las respuestas pudieran compararse porque el COVID-19 ha afectado a los países en diferentes momentos); sin embargo, los jóvenes afirmaron que los países estarían más seguros si cooperaran más para luchar contra amenazas como el COVID-19. La mayoría dijo que tenía problemas de salud mental y las instituciones en las que confiaban más eran la medicina y la ciencia (las redes sociales y las instituciones religiosas fueron en las que confiaban menos).

“Solo pienso en el COVID-19 cuando pienso en el futuro”, aseveró Landen Otaka, de 16 años, de Hawái. “Intentamos adaptarnos a lo que se ha convertido”.

En los seis países más ricos de la encuesta, cerca de una tercera parte de los jóvenes dijo que pensaba que los niños de la actualidad estarían mejor que sus padres en el ámbito económico. En Japón, Francia, el Reino Unido y España fueron especialmente pesimistas.

En los países de bajos ingresos, cerca de dos terceras partes de los jóvenes dijeron que pensaban que a los niños de hoy les iría mejor que a sus padres en el ámbito económico, en especial en África y el sur de Asia. También fueron más propensos que los de los países de ingresos altos o medios a decir que el mundo se estaba convirtiendo en un lugar mejor con cada generación.

La acumulación de la riqueza y las mejoras en el nivel de vida pueden estar disminuyendo para muchos en el norte global, señaló Sharlene Swartz, socióloga del Consejo de Investigación de Ciencias Humanas en Pretoria, Sudáfrica, cuya investigación se centra en los jóvenes. “Pero en casi todo el sur global, eso no es verdad”, dijo. “El nivel de vida ha mejorado en todos los ámbitos. La gente ha salido de la pobreza. El tratamiento contra el paludismo, la medicación contra el VIH... todo eso hace que la gente viva más tiempo”.

Aun así, el optimismo no es universal en el mundo en desarrollo.

“Lo peor es la economía destruida, los efectos negativos del capitalismo y el cambio climático, con los que nuestra generación tendrá que lidiar”, comentó Valeria Drabych, de 19 años, de Kiev, Ucrania. “El anhelo de tener dinero, que nuestros antepasados no supieron superar, nos ha llevado al estado en que nos encontramos hoy. ¡Tenemos que solucionarlo todo y tenemos que hacerlo cuanto antes!”.

En Occidente, sobre todo en Estados Unidos, muchos jóvenes encuestados afirmaron que no todos nacen en la misma línea de salida y que el éxito no está bajo su control por completo. El sueño americano se ha definido a menudo como la creencia de que aquellos que se esfuerzan vivirán una “vida mejor, más feliz y con más dinero”, sin importar las circunstancias en las que hayan nacido, pero esta generación parece tener dudas, lo que coincide con un hallazgo económico reciente según el cual, desde 1980, ya no es probable que los estadounidenses ganen más que sus padres.

Los estadounidenses jóvenes siguen diciendo que el trabajo duro es lo más importante para el éxito, pero el segundo grupo más numeroso dijo que se debía a la riqueza y las conexiones familiares. Las personas mayores de Estados Unidos tienen un 40 por ciento más de probabilidades que los jóvenes de decir que el trabajo duro es lo más importante, y la mitad de probabilidades de decir que se debe a la riqueza familiar o las conexiones.

Makeila Ward, de 16 años, de Nevada, está tomando clases en el colegio comunitario durante el bachillerato y planea convertirse en enfermera de vuelo en la Fuerza Aérea. “La gente que empieza con una vida mejor que la de los demás tiene más posibilidades de tener éxito con más facilidad”, afirmó. “Pero incluso teniendo un contexto difícil, si te esfuerzas y ahorras el dinero, la mayoría de las veces consigues lo que te mereces”.

Los jóvenes de los países de ingresos bajos y medios fueron más propensos a decir que las cosas que estaban bajo su control (la educación y el trabajo duro) eran lo más importante. En Sudamérica, la India y algunos países africanos, dijeron que la educación era el factor más importante para el éxito. Lo mismo ocurre en Alemania, que fue un caso atípico entre los países ricos en este sentido.

“No podemos elegir a nuestras familias ni nuestro estatus social, pero eso nunca ha sido un obstáculo para que nadie tenga éxito”, señaló Lorraine Nduta, de 21 años, de Nairobi, Kenia. “De hecho, creo que cuando tienes menos, eso te impulsa a buscar más. El poder de cambiar cualquier situación está en nosotros: trabajo duro, constancia y disciplina”.

Rafaiat Ullah, de 24 años, estudiante universitario en Chittagong, Bangladés, dijo que pensaba que estaría en una mejor posición económica que sus padres gracias a la educación. “Mis padres no tuvieron la oportunidad de estudiar tanto”, dijo. “Pero, aunque no fue así, me dieron educación. La educación crea oportunidades”.

En todo el mundo, el sueño de una vida mejor para la siguiente generación persiste, aunque en algunos lugares esté cada vez más fuera de su alcance.

“Quiero ser optimista y pensar que algún día el mundo abrirá los ojos y dejará que cada uno sea lo que quiera ser, ayudando a tener un mejor acceso a la escuela y a las oportunidades de trabajo”, aseveró Ángela Bahamonde Ahijado, de 24 años, de Cetina, España. “Eso es lo que yo pediría para mi hija y sé que mis padres en su día lo pidieron para mí”.

© 2021 The New York Times Company

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios se conecten en relación con sus intereses. Para mejorar la experiencia de nuestra comunidad, suspenderemos temporalmente los comentarios en los artículos.