Dólar. Guzmán negó una devaluación y apunta a bajar la emisión en 2021

Francisco Jueguen
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Una parte del Gobierno confía en el poder mágico de la aliteración. El primero fue el presidente Alberto Fernández, que en el 56° Coloquio de IDEA la semana pasada prometió no devaluar y no tocar los depósitos en dólares de los argentinos. Al cierre de ese encuentro lo repitió el ministro de Economía, Martín Guzmán. Empoderado frente a sus pares del gabinete económico, el funcionario hizo hoy de ese mismo concepto su leit motiv en dos entrevistas. "La devaluación no es la solución", repitió.

Pero, en el corto plazo, el economista de Columbia no logró aún dar una respuesta a la pregunta que, entre otros, se formuló ayer el economista Pablo Guidotti. "¿Cómo es la dinámica del CCL/blue y el oficial en una crisis de balanza de pagos? Si el Banco Central (BCRA) se queda sin reservas para fijar el oficial, la teoría indica que la brecha se cierra con un salto del oficial hacia el CCL. No hay motivo para que el CCL baje en la crisis. Ahí saltan precios y salarios", cerró Guidotti en su cuenta de Twitter.

En IDEA el ministro ya había dejado interrogantes al respecto ante la cantidad de reservas líquidas. "No es sólo lo líquido, sino lo que se puede hacer líquido", había señalado. "¿Y cuánto se puede hacer?", le repreguntaron. "Bueno, esos datos los manejamos nosotros", afirmó.

Es un eje clave en su estrategia para recuperar la confianza: sostener el precio del dólar oficial para evitar un fogonazo inflacionario. Su segundo movimiento, también de corto plazo, busca estabilizar la brecha cambiaria. Allí se tomaron ya algunas medidas para darle más volumen a ese mercado. Otra es el blanqueo lanzado en el sector de la construcción. Resulta que, para tentar a los desarrolladores -atraídos por amplia la brecha y el costo de la construcción en pesos- con el nuevo mecanismo será posible liquidar los dólares en negro en el blue o en el CCL y blanquear más pesos. El que se sume tendrá que digerir expectativas aún negativas.

El tercer eje del ministro es más de largo plazo e involucra un sendero fiscal y de emisión comprometido con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Una novedad: Guzmán está trabajando para que el mix para financiar el rojo fiscal del año que viene establecido en un 4,5% del PBI se invierta (que no sea 40% deuda en pesos y 60% emisión, sino a la inversa). ¿Alcanza?

"Todo se planea", le dijo Guzmán a Alejandro Fantino. Sin embargo, el ministro afirmó que no le gusta definir "acciones rígidas". Será una posición que deberá reafirmar frente al FMI, organismo poco flexible con sus metas establecidas a la hora de cerrar programas. "Y eso (el plan) lo tiene todo el Gobierno", retrucó el ministro para dar cuenta del compromiso que existe en el Frente de Todos con sus políticas. Lo cierto es que mientras él señalaba eso, Sergio Massa habría señalado que algunos de sus socios no creen en la propiedad privada. Sus palabras se materializaban con tomas, algunas de ellas apoyadas por funcionarios nacionales.

Tales situaciones plantean una incertidumbre frente a las voluntades políticas que requerirá aunar el ministro para enmarcar sus senderos fiscal y monetario dentro de un nuevo programa con el Fondo cuando llegue la misión formal en noviembre. Según contaban en Washington, el Gobierno todavía no pidió ningún formato específico. El FMI espera todavía que el Ministerio de Economía defina su plan integral para reclamar un Stand-By Agreement o un Extended Fund Facility (EFF), programa con mayor plazo entre pagos, pero con condicionalidades estructurales difíciles de digerir ideológicamente por el Frente de Todos.

El FMI está esperando que Guzmán y su equipo definan qué tipo de acuerdo buscan
Fuente: LA NACION

Guzmán volvió a dar un giro en el diagnóstico. Repitió, como ya lo había sugerido esta semana que, en tiempos de pandemia, la emisión monetaria fue mayor a la que el Gobierno preveía originalmente, pese a que el cruce entre las tasas de crecimiento del gasto y de los ingresos sin financiamiento llegaron antes del coronavirus. En Hacienda esperan un rojo primario de 8 puntos del PBI este año. Los analistas sostienen que la base monetaria se triplicaría frente a la de fines de 2019. Hoy, el BCRA emitió un comunicado con la intención de mostrar que ahora entiende lo que Guzmán proclama: esa emisión -y la desconfianza- son la causa de la brecha.

Pese a que dice que el gasto no bajará, sí anticipa un ancla fiscal, otro cambio en los matices de su diagnóstico. El problema es si es suficiente y, claro, si es creíble. En tiempos de elecciones, el ministro dice que el déficit bajará de 8 puntos a 4,5%, aumentará las tarifas de servicios públicos, y eliminará el IFE y el ATP. Pese a la inflación contenida hasta hoy, prevé un avance de los precios menor al de este año, de 29%. Para este año -dice- bajará 20 puntos.

"Genera tensiones en algún lado", admitió Guzmán sobre la emisión excesiva y habló de los dólares alternativos y de la brecha cambiaria. "Es un problema. Sin ninguna duda", reconoció. No, porque se vaya a precios, ya que el ministro aseguró que dependen del dólar oficial, sino porque crean una expectativa devaluatoria. "Tenemos con qué evitarla", insistió sin detalles.

Dijo que el año que viene no hay que pagar deuda y que el Gobierno tendrá un superávit comercial en 2020 de US$12.000 millones (que en septiembre se redujo). Además, destacó que hay controles de capital -provisorios- y que se tomaron medidas -como el pedido a las empresas privadas para que reestructuren sus deudas- para no perder reservas. Pese a eso, el BCRA sigue sin poder acumular nuevas divisas. "Devaluar no es una solución", repitió.