Cada día se reporta la desaparición de 9 mujeres de entre 12 y 17 años

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Cada día se reporta la desaparición de 9 mujeres de entre 12 y 17 años
Cada día se reporta la desaparición de 9 mujeres de entre 12 y 17 años

Detrás del palacio municipal de Nezahualcóyotl, Estado de México, una pequeña oficina anuncia ser el sitio de Atención a Víctimas y Célula de Búsqueda. Ahí llegó Ana a principios de mayo pasado a reportar la desaparición de su hija K., de 15 años. La chica pasó el fin de semana con una tía y el domingo dijo que iría con otra, quien le presta la computadora para hacer e imprimir sus tareas, pero ya no llegó ahí ni volvió a casa de ninguno de sus familiares.

K. es apenas una estudiante de secundaria. Su perfil es el más común de entre los que aparecen en el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDO): en la última década, en México se ha reportado la no localización de 3 mil 241 mujeres adolescentes de entre 12 y 17 años como promedio anual, es decir, nueve cada día.

Aunque la gran mayoría después es hallada con vida, ese reducido grupo de edad concentra exactamente la mitad de todos los reportes de desaparición de mujeres. La mayoría, explicaron expertas consultadas para este reportaje, desaparecen porque huyen de contextos de violencia, lo que es poco atendido por autoridades.

Y en comparación con los hombres, se dispara la diferencia de denuncias por desaparición: las de chicas son tres veces más.

Una tendencia que cambia al llegar a edad adulta, cuando se desploma la estadística de desaparición de mujeres, mientras que la de varones se mantiene hasta los 30 años y empieza a reducirse progresivamente.

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La ola de desapariciones en el país empezó con la llamada guerra contra el narco que declaró el expresidente Felipe Calderón en diciembre de 2006, y desde entonces ha mantenido una tendencia al alza, con algunos años de reducción mínima.

En cuanto a menores de edad y mujeres, las denuncias empezaron a crecer a partir de 2013, en el primer año de gobierno de Enrique Peña Nieto, y en 2017 la cantidad de niñas y adolescentes que tras ser reportadas, siguen sin ser localizadas, llegó a su pico más alto: de ese año hay 955, casi el triple que al iniciar el sexenio pasado.

En los primeros seis meses de este 2021 ya se superó la mitad de esa cifra: 484 niñas de 0 a 17 años que están desaparecidas, de mil 541 que han sido reportadas extraviadas.

La base de datos que conforma la versión actual del RNPDO no es pública; solo se pueden hacer consultas específicas a través de filtros en una página web creada por la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB) que pide escribir un captcha cada vez.

Animal Político solicitó esa base directamente a la Comisión y a través de solicitudes de información que fueron contestadas parcialmente, y aunque el Instituto Nacional de Acceso a la Información (INAI) ordenó que se entregara completa, la CNB no acató el fallo.

En entrevista, la comisionada, Karla Quintana, negó que tengan respuestas pendientes ante el INAI y justificó que ese organismo tampoco ha sido claro en que se deba hacer pública toda la información por una cuestión de confidencialidad de datos personales que puedan hacer identificables a las personas (aunque en respuesta a una solicitud de transparencia, el Pleno dijo que esa información sí debía ser pública justo para ayudar a identificar y localizar a quienes están desaparecidos). Sobre la dificultad para las consultas en su web, señaló que el diseño es mejorable.

Fue necesario hacer 960 descargas manuales para armar una base de datos propia que recopila la información de los pasados 10 años, desglosada por estado y sexo (cuando sí se identifica), edad (registrada entre 0 y 99 años) y condición actual de desaparición. Datos que pueden ser consultados interactivamente en el siguiente gráfico dando click a cada elemento visual o leyenda.

¿Quién busca a las niñas desaparecidas en México?

Ana llegó a las 11 de la mañana a pedir ayuda. La entrevista para registrar las características básicas de su hija, conocer los detalles de la última vez que la vio y qué situaciones había cuando desapareció, se llevó poco más de media hora. A las 12 estaba lista la ficha de búsqueda de Alerta Neza con una foto que su madre aportó para empezar a distribuirse en redes sociales y otros canales oficiales.

La coordinadora de la Célula de Búsqueda, Yuritzi Hernández de la Rosa, explicó que la importancia de contar con una ficha emitida por autoridades, a diferencia de las que las familias hacen por su cuenta y suben a sus perfiles de redes es que, por ejemplo, tenga un teléfono oficial y no el de las personas, a las que puede poner en riesgo o exponerlas a extorsiones.

El siguiente paso fue que una agente llevó a la madre a revisar cámaras de seguridad, porque la última pista de su hija era una foto que se tomó con una amiga en la explanada del Palacio Municipal. Y después, ir con ella en un vehículo oficial a la dirección que tenían de familiares de esa amiga; aunque no hubo suerte, ya que se trataba de una vecindad y solo fue posible hablar con otros vecinos que no habían visto a K.

Pero a la 1 de la tarde, estaba hecha esta primera búsqueda y trazada la ruta a seguir, que era conseguir teléfonos y direcciones alrededor de la última persona que la vio.

“Tenemos que actuar en las primeras 24 horas para hacer la localización de las personas, tenemos que hacer un patrullaje y establecer un acordonamiento de acuerdo a donde desaparecen las personas. Pero cuando no llegan así, tenemos que generar ruta de acuerdo a la entrevista: ¿quién la vio, cómo la vio, dónde fue?, si desapareció en el municipio o desapareció en otro municipio o desapareció en la Ciudad de México”, detalló Hernández, acciones que integran lo que llaman análisis de contexto.

“Empezamos a hacer un análisis de cuál es la ruta de la desaparición, empezamos a analizar como lo que nos dice la familia, lo que nos dicen las personas, las últimas personas que la vieron, y su contexto familiar. Es como un estudio más antropológico, para que nos dé una ruta de cómo localizar o buscar a las personas”.

Y todo esto sin que Ana tuviera que pasar horas en el burocrático proceso de levantar una denuncia ante Ministerio Público para abrir una carpeta de investigación.

Lamentablemente, la atención recibida en el caso de K. no es una constante nacional.

La Célula de Búsqueda de Neza y otras en el Estado de México fueron creadas en 2017, aunque no para localizar exclusivamente a mujeres, sí como resultado de la primera declaración de “Alerta de Género”, un mecanismo único en el mundo que reconoce una situación grave y designa un presupuesto para acciones específicas y geolocalizadas de prevención y atención. En 2019 se declaró una segunda Alerta de Género en Edomex exclusivamente por desapariciones, la única en su tipo, que ha reforzado mecanismos como estas células. Actualmente existen en 98 de los 125 municipios de la entidad.

Aunque según Arely Varela, abogada de la organización I(dh)eas, que impulsó la declaratoria de la segunda Alerta, las creación de las unidades de contexto ha sido lenta y aún no ha arrojado resultados para el diseño de políticas públicas de prevención, apenas se han instalado comités para informar del cumplimiento a las dos Alertas, que se han trabajado juntas y no como dos problemas diferenciados, por lo que aún no está clara su eficacia.

A nivel nacional se propuso crear Células de Búsqueda y Unidades de Análisis de Contexto en todo el país en febrero de 2019, apenas entrado el actual gobierno, cuando se anunció en Palacio Nacional el Plan de Implementación de la Ley General en Materia de Desaparición Forzada de Personas y del Sistema Nacional de Búsqueda.

Cuestionada al respecto, Quintana reconoció que no se han creado tan rápido como hubieran querido, ya que dependen de autoridades locales porque se conforman con policías municipales, y solo se están tratando de replicar en Jalisco, Veracruz y Guanajuato. De las Unidades de Contexto, aclaró que existe una en la Comisión Nacional, y se está trabajando en hacer análisis en Guanajuato, Sonora y Nayarit.

Crean Protocolo específico para buscar a niñas, niños y adolescentes

Según el activista Juan Martín Pérez García, que hasta hace semanas dirigía la Red por los Derechos de la Infancia (Redim,) a la fecha se repiten en el país las quejas de familias que a veces no consiguen que las autoridades les hagan ni una ficha de búsqueda de Alerta Amber, o que se topan con que les pidan esperar de 48 a 72 horas para ya considerar que su hija está extraviada, aunque ese plazo no era legal y más bien ya hay normas que especifican que no se debe dejar pasar ni un minuto para empezar a buscar a un o una menor.

“Recordarás el caso de la niña Fátima, el año pasado, ya estaba la ley vigente, no tenían en lo absoluto por qué pedirle esperar 48 horas, y eso se tradujo en su muerte; si se le hubiera buscado desde el inicio, se hubiera podido localizar antes a esta pareja responsable y rescatarla con vida, porque estuvo con vida cerca de 4 días”, ejemplifica.

Por ello, en abril pasado se aprobó un Protocolo para la Búsqueda de Niñas, Niños y Adolescentes, que está pendiente de publicarse y se suma al ya existente para la búsqueda en general de personas desaparecidas, por lo cual se denomina “adicional” y será homologado para todos los estados.

Karla Quintana explica que tiene un efoque diferenciado en atender las hipótesis que con más frecuencia afectan a menores, como la sustracción por parte de alguno de los padres, o los casos de trata de personas.

“Hicimos un foro específico a puerta cerrada con niños, niñas y adolescentes, también para escucharles, también pues toda la exposición que tienen a las redes sociales y cómo pueden ser enganchados a través de las redes sociales. Varios adolescentes nos contaron sus experiencias”, detalla.

Este instrumento es enfático en aspectos como no estigmatizar a las y los adolescentes desaparecidos por apariencia física, relaciones sentimentales o condición de desaparición; considera que una chica pudo ser enganchada por un tratante, para lo cual se debe indagar quién y cómo pudo ser; o que siempre que un niño, niña o adolescente sea localizada, se debe analizar si vivía situaciones de violencia, en cuyo caso se abrirá una carpeta de investigación ante autoridades ministeriales, y tomar en cuenta su opinión antes de ser reintegrada a su familia.

El Protocolo detalla ampliamente el paso a paso que debe seguir una autoridad al tener reporte de la desaparición de un menor, desde a qué otras autoridades dar aviso, hasta qué indagar en la entrevista que se realice a quien hace la denuncia, y cómo iniciar el despliegue operativo de búsqueda. Una diferencia con lo que se tenía hasta ahora.

“La Alerta Amber no es un protocolo, la Alerta Amber es una herramienta de pedido de ayuda al público para buscar. El concepto original de la Alerta Amber viene de los Estados Unidos y es otra cosa totalmente diferente de lo que aquí se hizo. (…) En los Estados Unidos es inmediata, es regional, y tiene todo un procedimiento para poder hacer la búsqueda: cierre de estaciones de autobuses, cierre de carreteras, cosas por el estilo, y está muy coordinado; y aquí no, aquí solo se simuló”, señala Pérez García.

“Se había convertido en un engaña-familias, porque entonces la gente se quedaba, entre comillas, tranquila, porque ya emitieron la Alerta Amber, pero eso no significaba nada más que darles su fotografía con los datos y el logotipo de la institución. Lo que efectivamente podía cambiar la realidad era cuántas búsquedas se estaban haciendo en territorio, rastreos de celulares, cámaras… Eso es el Protocolo de Búsqueda”.

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La mayoría hallada con vida

Después de que una patrulla fue a tocar puertas y la última amiga que la había visto supo que autoridades la buscaban, K. regresó a casa el miércoles. La chica le dijo a la Célula de Búsqueda que se fue porque quería estar con su amiga. Aunque la madre, cuando fue a denunciar, reconoció que habían tenido una pelea antes del fin de semana.

Como ella, la mayoría de adolescentes que en algún momento han sido reportadas desaparecidas, fueron encontradas con vida, el 85.7% en la última década.

Este es uno de los aspectos en los que hay una amplia brecha sobre lo que ocurre entre ambos sexos: mientras que en mujeres de todas las edades solo el 22.4% de quienes tuvieron reporte de no localización siguen sin ser localizadas, y apenas el 1.2% fueron encontradas muertas, entre hombres el 51.7% permanecen desaparecidos y 5.5% aparecieron sin vida.

En una versión anterior del Registro de Personas Desaparecidas del que sí se hizo pública la base de datos, era posible consultar la fecha en la que se reportó la localización de las personas, mostraba que de las mujeres que finalmente fueron encontradas, 4 de cada 10 volvieron a casa en menos de una semana, y otras 4 en los siguientes tres meses.

De los casos en los que la autoridad registró la posible causa de desaparición, en los hombres adolescentes aparece con más frecuencia una posible privación ilegal de la libertad, mientras que para las chicas está por encima que se debió a una pareja sentimental, lo que funcionarios de gobierno y autoridades usan de pretexto con las familias para no buscar y estigmatizar, con frases como “se fue con el novio”.

Lo cierto es que en mujeres es más común que la ausencia sea voluntaria. Esto, según los especialistas consultados, apunta a que huyen de condiciones de violencia familiar y, sobre todo, de violencia de género y roles machistas con los que cada vez están menos de acuerdo las más jóvenes.

Yuritzi Hernández lo ha visto claro en Nezahualcóyotl.

“Cuando son mujeres en edad productiva, huyen porque huyen de un hogar que las maltrata, de un maltratador; y quien viene a poner a veces la ficha pues es el esposo, que las maltrata, que las golpea, que les ejerce violencia. (…) Las adolescentes a veces sufren violencia en los hogares. Eso sí tenemos mucho, de parte de las mamás o de los papás, y salen huyendo. Cuando eso sucede, se les busca una red de apoyo y se deja en la red de apoyo, cuando se puede”, asegura.

Por ello no solo es importante la búsqueda inmediata y en vida, sino que considere el contexto social.

Este proyecto fue apoyado por Microsoft y el Centro Knight para el Periodismo en las Américas de la Universidad de Texas en Austin, como parte de una iniciativa de capacitación y financiamiento de periodismo de datos.

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