Día de las Niñas y de los Niños: cuento

[Para celebrar el Día del Niño y de la Niña, en la sección de Cultura de Notimex decidimos publicar tres cuentos de la autoría de Víctor Roura. Aquí el tercero y último de ellos...]

 

El ciempiés que detestaba la mentira

Víctor Roura

El ciempiés no podía creer que nada más tuviera ochenta y cuatro patas. “¿Por qué entonces me llamo ciempiés? —se preguntaba todos los días—, ¿no debería, por lo tanto, tener cien patas?”

      Una tarde decidió despojarse de la duda. Fue a ver a un amigo para cuestionarlo sobre el asunto.

      —¡Ay, yo tengo apenas treinta patas y no me preocupo por ello! —le dijo su amigo, y en verdad no mostraba ninguna aflicción.

      —Deberías llamarte treintapiés, no ciempiés. Mi nombre debería ser ochenticuatropiés, no ciempiés. Algo está mal con esta cuestión —dijo a su amigo, y siguió su camino en la búsqueda de otro amigo, al que halló un poco más adelante.

      —¡Ay, yo tengo trescientas cincuenta y cuatro patas y no me preocupo por ello! —le dijo su amigo, y en verdad no mostraba ninguna aflicción.

      El ciempiés se sorprendió.

      —¿Tienes más de tres centenas de patas y no te importa que te llamen ciempiés? —le preguntó.

      —Me tiene sin cuidado, yo sé lo que soy, lo demás no me importa —respondió, y se fue.

      El ciempiés se quedó pensativo. Fue a buscar ahora a una amiga, que encontró doce metros adelante.

      —¡Ay, yo tengo doscientos cincuenta y dos patas y no me preocupo por ello! —le dijo su amiga, y en verdad no mostraba ninguna aflicción.

      —¿Tienes tres veces más patas que yo y no te apura que te llamen ciempiés? —le preguntó.

      Su amiga no le contestó. Se hizo a un lado y se perdió en el horizonte.

      “¿Por qué nadie es riguroso con las cosas?”, se preguntó el ciempiés, “si yo me llamo ciempiés es porque debería tener cien pies, y esto es falso de toda falsedad. Y yo no voy a mentirle a nadie”.

      Por eso a partir de ese grandioso día se cambió de nombre. Cuando le preguntaban cómo se llamaba siempre respondía, orgulloso: “Ochenticuatropiés, a sus órdenes”.

      Y todos lo respetaban porque sabían que era el único ciempiés que decía la verdad.

NTX/VRP/MBS