Día contra la mutilación genital femenina: "Llega a ser tan doloroso que preferís morir"

Lucía Sol Miguel
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Amin A. tenía solo 10 años cuando pasó por el proceso de ablación genital. En Sudán, su país de origen, solía ser muy común. Todavía lo es en 28 países de África, Asiay Oriente Medio. Al igual que muchas niñas que sufren esta práctica, Amin estuvo al borde de la muerte.

"Era la más chica entre mis hermanas y todas teníamos que pasar por eso, porque es una tradición que se tiene que hacer", contó a LA NACION. "Para hacer la práctica en Sudán se necesita el permiso de tu padre o de un hombre del lado de la familia del padre. Como él no quería, fue mi tío quien le dio el permiso a mi madre para que nos lo hicieran".

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Se podría decir que tuvo suerte. La situación económica de su familia le dio la posibilidad de pasar por una mutilación genital en una clínica. Aquellas que no pueden financiarlo, realizan la práctica en sus casas. A veces, con ayuda de una partera. Otras, con personas sin conocimiento del proceso. "Pero inclusive teniendo las mejores condiciones, casi muero".

"En el proceso se generar complicaciones físicas, como infecciones, heridas, secreciones, o inclusive no poder orinar. Existen casos en que las complicaciones llegan a ser tan dolorosas que preferís morir", sinceró Amin, quien hoy en día reside en Italia a sus 31 años.

"Al principio salí de la clínica y me llevaron a casa. Vino toda mi familia, hubo una celebración, me felicitaron e inclusive me regalaron plata", dijo. Las cosas se complicaron inmediatamente después. "Dos días después, me rehusé a orinar, porque tenía miedo al dolor. Tampoco quise comer ni beber. Fue cuando me obligaron a ir al baño cuando empezó todo".

Notó una inflación en sus genitales, un síntoma normal que fácilmente pasaba con un antibiótico, según los médicos. A la semana empezó a tener fiebre. "Mi temperatura iba aumentando. En un momento me di cuenta de que estaba perdiendo los reflejos".

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Tuvo que ser llevada de urgencia al hospital, donde creyeron haber dado con el problema: malaria. "Me diagnosticaron malaria, es muy normal tenerla en Sudán. Pero menos de una semana después, volvieron a revisarme y me dijeron que tenía varicela. El verdadero problema era que mi sistema inmunológico estaba fallando", dijo Amin.

La herida causada por la ablación, dos semanas después, estaba lejos de cicatrizar. "Cada vez que iba al baño empeoraba la herida", aseguró. Su estado se volvió crítico y nuevamente tuvo que ser ingresada de urgencia, donde pasó tres días grave, al borde de la muerte.

"Ahí es donde el médico se da cuenta de que me habían mutilado y de que todos mis síntomas recaían en eso. Recuerdo que el doctor llamó a toda mi familia y la hizo pasar a mi habitación", explicó Amin. "Los hizo jurar en nombre de Dios que nunca más le harían algo así a sus hijas ni a ninguna mujer".

Día Internacional de la Tolerancia Cero

Amin tuvo hermanas más pequeñas años después. Su familia cumplió con la promesa. Pero esta no es la suerte de todas las chicas. 200 millones de mujeres y niñas han sido mutiladas, de las cuales 44 millones fueron víctimas del proceso con menos de 14 años de edad, según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNPA).

Hoy, en el Día Internacional de la Tolerancia Cero a la Mutilación Genital Femenina, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, llamó a eliminar con urgencia el flagelo. "La mutilación genital femenina es una terrible violación de los derechos humanosque afecta la salud y el bienestar de millones de mujeres y niñas en todo el mundo", dijo.

De igual forma se pronunció la directora ejecutiva de UNFPA, Natalia Kanem: "Únicamente una acción conjunta, concertada y con el financiamiento adecuado puede poner fin a esta violación de los derechos humanos". En un comunicado expresó que "incluso en aquellos países en los que la mutilación genital femenina ya se encuentra disminuyendo, es necesario multiplicar el avance por diez para cumplir con el objetivo mundial de su eliminación para 2030".

Son cuatro millones las que se someten a esta práctica cada año. La ONU sostiene que debido a la pandemia de Covid-19, dos millones de niñas más correrían el riesgo de sufrir mutilación genital femenina para el 2030. "No solo está limitando nuestro alcance en el crucial trabajo de prevención, sino que muchas mutiladoras tradicionales que necesitan urgentemente un ingreso durante la crisis económica han vuelto a comenzar, acercándose a las familias directamente, puerta por puerta, en busca de trabajo", declaró ONU Mujeres en un comunicado.

Si bien "el riesgo de mutilación es menor durante la pandemia, porque las mujeres no han podido viajar a sus países de origen para llevar a sus niñas a que les realicen la práctica, también hay más dificultad en la formación para la prevención", explicó a LA NACION Idoia Ugarte, enfermera y referente política de mutilación genital femenina en la ONG Médicos del Mundo en España. La organización trabaja informando y concientizando familias que residen en España, pero son procedentes de países donde se practica la ablación, para que se comprometan a abandonar este proceso cultural.

"Es una práctica social que en principio tiene muchos mitos, como que es religioso, pero en realidad no lo es. En el Corán no se habla al respecto. La perpetua el sistema patriarcal, el control de los cuerpos de las mujeres", aclaró Ugarte.

Sudán fue el último país en criminalizar la ablación genital femenina en mayo 2020. "Está prohibida ahora, pero si te alejas de la capital del país seguramente registres casos", lamentó Amin.

"Es necesaria la legislación, pero solo con eso no es suficiente. Por eso se hace un trabajo de información y formación", dijo Ugarte. "Las personas que hacen la práctica tienen el poder de cambiar su significado por lo que verdaderamente es: una forma de violencia de género".