Un día con Massa: sobrevivir al presente para tener futuro

LA NACION

Sergio Massa acaba de terminar en un centro de jubilados de San Martín la primera de una maratón de cinco actividades para relanzar su campaña y se dispone a volver a la combi que lo llevará a Tres de Febrero. Entre los saludos de los vecinos con los que el candidato de 1 País posa para la foto irrumpe la voz de un hombre canoso. "¡No aflojés, hermano!", le dice, mirándolo a los ojos. Massa lo abraza, le apoya la mano en la nuca y retruca: "No voy a aflojar ni en pedo".

El pedido y la promesa se repiten varias veces durante la recorrida por el conurbano, que también incluye Morón, Ituzaingó y La Matanza. Massa sabe que si quiere mantenerse en el escenario principal de la política después del 22 de octubre no tiene margen para aflojar. El 15,4% que sacó en las primarias lo dejó fuera de la pelea por el Senado. Una derrota más dura en las generales le impediría participar de la disputa por la sucesión presidencial, en la que se imagina como actor protagónico de un polo opositor que incluya a un peronismo sin Cristina Kirchner. Para eso, ella debería perder, y él, al menos, sobrevivir.

"Dicen que el mejor Sergio aparece cuando la tiene cuesta arriba, que el problema de Sergio Massa es cuando la tiene cuesta abajo, porque la cancherea. Algo de eso debe haber", reflexiona sobre sí mismo, ante LA NACION, rumbo a un centro comercial de Tres de Febrero. En la combi siempre lo acompañan un asistente que capta imágenes para las redes sociales y "Madi", su secretaria. Ella provee al candidato de Coca Light, caramelos y cigarrillos. Massa aprovecha para fumar cuando sale de su casa porque Milagros, su hija de 15 años, se lo tiene prohibido.

A mitad de camino hace subir a Margarita Stolbizer. A las pocas cuadras ella mira el teléfono y se ríe: "¿Viste lo que puso el "cabezón" Pérez en el WhatsApp?". Él chequea su teléfono, se ríe y responde con un audio. "Escuchame, cabezón, yo fui bueno toda mi vida, no soy como vos." Hablan del encuentro que el candidato tuvo en el centro de jubilados de San Martín con Nilde, su maestra de quinto grado. "Todas las condiciones buenas que un niño puede tener él las tenía", dijo ella. Las jubiladas aplaudieron a Massa más que cuando prometió pelear por el 82% móvil. Enterado del episodio, el "cabezón" Raúl Pérez, uno de los armadores políticos del massismo, escribió en el grupo de WhatsApp de la campaña: "Se ve que Nilde no te conocía bien, Sergio".

Apenas bajan de la combi en el centro comercial de Villa Bosch, entra en escena Felipe Solá, primer candidato a diputado, rodeado de periodistas de medios locales. Ensaya un aplauso de bienvenida, pero nadie lo sigue. "Soy el único pelotudo que aplaude", bromea, antes de abrazarse con Massa, que al oído le advierte: "Ojo con putear que transmiten en vivo". Bajo la lluvia de flashes, el abrazo se prolonga más de lo normal y Solá vuelve a sacarles una sonrisa a los fotógrafos: "Ésta [foto] es para la asociación homosexual argentina".

En la caminata por la calle Santos Vega, Massa se abraza a otro de los temas que le dieron popularidad años atrás. Los comerciantes de la zona colocaron en el frente de sus locales alarmas provistas por el Frente Renovador. Es una aplicación que conecta a los usuarios en red y, ante la comisión de un delito, permite alertar a la policía al instante desde el teléfono celular. "La clave en la política de seguridad, y no lo entienden, es invertir en prevención. Cuantas más cámaras, más botones de pánico, más alarmas, más posibilidades tenés de bajar el delito", le dice el candidato al dueño de un local de artículos de cotillón.

Cada paso de la recorrida es registrado por dos cámaras del equipo de campaña. Una capta imágenes para un spot publicitario; la otra, para la transmisión vía satelital que se facilita a los canales de TV. Massa recibe informes al instante del rebote que tienen sus palabras en los medios. En la esquina de Santos Vega y Betharram, hace sonar una alarma de las que están repartiendo y da una breve conferencia de prensa. "Visto que la elección de 1 País en las PASO no fue de las mejores, ¿cree que va a poder revertirlo en octubre?", lo aguijonea un periodista.

La misma pregunta se repite en la combi, ahora camino de Haedo. "Intentamos romper la idea de que la gente tenía que elegir entre lo malo y lo peor. El miedo jugó un papel. Pero ese miedo ya no está, porque quedó claro que el kirchnerismo no representa una mayoría nueva", dice, para sostener que tiene posibilidades de conservar el porcentaje que obtuvo en las primarias. En el equipo de 1 País reconocen que el objetivo de mínima es mantenerse por encima de 1.200.000 votos, alrededor de un 12 por ciento. Con ese caudal, argumentan, Massa podrá sentarse a la mesa de la nueva oposición. "¿Qué gobernador peronista va a tener más votos para mostrar que él?", preparan el terreno.

La charla se retoma en una recorrida en la textil Oeste, elegida por Massa como símbolo de las dificultades que enfrentan las pymes. "No hay derrotas. Sólo hay procesamiento de las derrotas y no bajar nunca los brazos. ¿Cuántas veces perdió Lula? ¿Cuántas veces perdió Alfonsín las internas con De la Rúa?", argumenta Solá. "Pero Massa sacó 44% en 2013, 22% en 2015 y ahora un 15 por ciento. ¿Está barranca abajo?", pregunta LA NACION. "Nuestra realidad hoy es 20 puntos. Lo que pasa es que se acentuaron el miedo a Cristina y la bronca con el Gobierno. Pero no vamos a aflojar", responde el ex gobernador, mientras el grupo recorre la planta bajo el zumbido de las máquinas de hilado.

La actividad en el Club Atlético Ituzaingó, con empleados de comercio y de estaciones de servicio, muestra a un Massa más peronista, dispuesto a pelear el voto de Cristina. "Desgraciadamente para algunos el trabajo está visto como un costo. Para nosotros, el trabajo es dignidad", dice, parado en medio de una gran ronda armada con sillas de plástico. Al final del discurso, una interminable sesión de fotos con los trabajadores que participaron del acto. "¿Qué hacés, capo? ¿Todo bien?", suelta, mientras posa con la cabeza inclinada. Consultados por LA NACION, algunos confiesan que no lo votaron. "Lo tengo en vista", matiza un joven con el uniforme de Coto.

De regreso a la combi, el candidato recupera una herramienta clave de su actividad política: su teléfono celular. Explota de mensajes. Los hay personales y también políticos. "Lo tengo siempre en silencio salvo para cuando llaman o me escriben mis hijos. Sólo ahí me suena", dice, y muestra la pantalla cargada de notificaciones. Tiene un mensaje de Sergio Palazzo, jefe del gremio bancario y dirigente cercano a Cristina Kirchner. "¿La reconstrucción del peronismo que se imagina incluye a la ex presidenta?", pregunta LA NACION. "No, el pasado es el pasado", responde terminante, antes de bajar a la quinta actividad del día. Para sobrevivir al 22 de octubre, Massa sólo puede mirar hacia adelante.