Un día con Manes. La travesía del candidato multifacético que entusiasma al radicalismo

·9  min de lectura
Manes, el jueves, al recorrer la peatonal Laprida, en el centro de Lomas de Zamora.
Santiago Filipuzzi

“¡Líder!”, le dice Maximiliano Abad a Facundo Manes antes de estrecharlo en un abrazo, en la vereda del departamento porteño del neurocientífico y precandidato a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires. Abad, presidente de la Unión Cívica Radical bonaerense, se sube con Manes y colaboradores a “La Chancha”, como llama el equipo que trabaja en la campaña del médico al vehículo que los lleva a las recorridas, propiedad del precandidato a diputado Pablo Juliano. Enfilan hacia Lomas de Zamora, en el sur del Gran Buenos Aires, con Manes recostado en el asiento del acompañante, en uno de los pocos momentos de relajación que encuentra en la jornada.

Los acompañantes habituales de Manes en “La Chancha” son Juliano (noveno en la lista de candidatos que encabeza el neurocientífico); Sebastián Sorlino, uno de los encargados de prensa en la campaña; Josefina Marchessi, secretaria del doctor, y Emiliano Fernández, que oficia de chofer.

El postulante viaja mayormente en silencio, aunque acota mensajes que están a tono con los que repetirá en la peatonal Laprida pero también en presentaciones de otro tenor. “Esto es más que el radicalismo”, es una de las frases de ese estilo que suelta en el auto, antes de bajarse en la esquina de un bar del centro lomense en el que lo espera Emilio Monzó y al que se sumarán, minutos más tarde, Margarita Stolbizer y Martín Lousteau, que llega con una comitiva de pura cepa radical.

La caminata que realiza en Lomas de Zamora marca el punto más intenso de la jornada de Manes, pero es solo el meridiano de un día que arranca con una videoconferencia en un congreso de neurología, sigue con una entrevista radial, incluye un discurso ante el Consejo de las Américas, se complementa con la presentación de su último libro y finaliza con una entrevista televisiva. La recorrida en el conurbano, con militancia radical, el recuerdo de Raúl Alfonsín y saludos de vecinos, es el clímax de un día político y académico, en el que un Manes multifacético enarbola en esos ámbitos tan diversos el discurso que se resume en el eslogan “la revolución del conocimiento”, lo que él define como su causa desde hace 20 años .

Es jueves. De prolijo saco azul, Manes llega cerca de las diez a Marcelo T. de Alvear al 1600, en el barrio porteño de Retiro, donde está la sede de Ineco, el instituto de neurociencias que fundó y dirige. Ya pasaron su participación virtual en un congreso de neurología (pautada con un año de antelación) y una entrevista por radio. Su actividad arrancó a las siete. En la entrada de Ineco, le toman la temperatura y le rocían las manos con alcohol. No hay sorpresas, ahí juega de local. Toma el ascensor para llegar a su despacho, donde lo espera su hermano Gastón.

Manes, al ingresar a Ineco, el centro neurocientífico que fundó y dirige
Ricardo Pristupluk


Manes, al ingresar a Ineco, el centro neurocientífico que fundó y dirige (Ricardo Pristupluk/)

Frente a una computadora, el neurocientífico aguarda un buen rato hasta que le llega el turno de exponer en el foro del Consejo de las Américas y la Cámara Argentina de Comercio y Servicios. “Este centro es lo que quiero para la Argentina. Hay educación, investigación, transferencia tecnológica. Me armé mi propio país acá”, describe a Ineco en uno de esos tiempos muertos mientras van pasando oradores como Miguel Pesce, Carla Vizzotti o Sergio Massa. Cuando promedia la presentación de la senadora y candidata kirchnerista Anabel Fernández Sagasti, una colaboradora le avisa que es el siguiente en hablar.

“No podemos enfrentar una crisis de estas características con las mismas prácticas de siempre. Necesitamos un nuevo clima de época. La revolución es la revolución del conocimiento”, afirma en su discurso desde el consultorio, rodeado de sus títulos de la Universidad de Buenos Aires, de Iowa o de Cambridge, y de fotos con dedicatoria, en las que se lo ve junto a su padre, o a su maestro Tomás Mascitti. El mensaje fluye veloz y Manes asegura que no lo tiene apuntado porque es lo mismo que plantea desde hace 20 años. Siente que se juega una patriada, que va más allá de su interna en Juntos contra Diego Santilli, y que compite contra los aparatos del kirchnerismo y el macrismo.

El precandidato de Dar el Paso participó del Consejo de las Américas el jueves, desde su consultorio
Ricardo Pristupluk


El precandidato de Dar el Paso participó del Consejo de las Américas el jueves, desde su consultorio (Ricardo Pristupluk/)

A menos de diez cuadras de Ineco, Manes tiene su departamento y allí encara otra actividad virtual, una hora después de terminar su discurso en el Consejo de las Américas: la presentación de su libro Ser Humanos para unos 40 periodistas latinoamericanos. Ya sin el saco azul, que cambia por un sweater liviano del mismo color, se sienta alrededor de las 13 frente a la computadora, iluminado por un gran ventanal, en un ambiente poblado por libros y fotos enmarcadas, como una en la que se lo ve junto al papa Francisco.

“Podemos ser muy resilientes. Es posible que a nivel comunitario surja un propósito común”, señala en un pasaje de la presentación al hablar de la salida de la pandemia. La frase está en línea con su mensaje previo, en una actividad propia del “círculo rojo”, y con los que vendrán después en las calles del sur del conurbano. Un periodista chileno le pregunta cómo llevar la empatía al mundo de la política. Manes dice que “para el ser humano hay dos cosas más importantes que la verdad: sobrevivir y pertenecer a un grupo”. Y afirma que “la política muchas veces usa este tribalismo para potenciarlo y ganar elecciones”. Concluye que hay que salir “por arriba”.

El precandidato de Dar el Paso debe dejar la presentación del libro para llegar a tiempo a Lomas de Zamora. Sale del departamento porteño (le ofrecieron en distintas ocasiones candidaturas también por la Capital Federal) y llega a las 15.40 al bar de Italia y Colombres, en la zona conocida como Las Lomitas, en el que se juntará con Monzó, Stolbizer y Lousteau. Tienen pautado un punto de encuentro en la esquina de la avenida Hipólito Yrigoyen y la peatonal Laprida, al que se convocó a la gente a través de redes sociales y grupos de WhatsApp, según explica la comitiva.

La ronda de café tarda en venir y toda la comitiva decide cambiar de bar. Cruzan la calle Italia y Manes, Monzó, Lousteau, Stolbizer y Danya Tavela se sientan alrededor de una mesa en la vereda. Comienzan los primeros saludos y fotos con señoras que se acercan.

La caminata arranca por Italia hacia la peatonal Laprida. ¡Vamos, Manes!, le gritan tres mujeres con indumentaria ciclista, después de la primera cuadra de recorrido. “¡Qué lindas las ciclistas!”, les responde el médico, que se detiene para hablar con ellas. Al doblar en la peatonal hacia la avenida Yrigoyen, lo ven quienes lo esperaban en el punto de encuentro anunciado, al que el médico no llega porque los simpatizantes fueron a su encuentro. Sus colaboradores le acomodan el micrófono que lleva enganchado en el cinturón.

Manes, saludado por un grupo de ciclistas en una esquina lomense.
Santiago Filipuzzi


Manes, saludado por un grupo de ciclistas en una esquina lomense. (Santiago Filipuzzi/)

“Hola, chicos. Soy Facundo. Los argentinos tenemos una deuda de inspiración”, afirma Manes frente a la cámara de un celular, en uno de los videos que le piden. En la peatonal, se suma Joaquín de la Torre, uno de los aliados peronistas. Pero alrededor del médico abundan los barbijos y las remeras de la UCR, y los carteles escritos a mano con la leyenda Dar el Paso. A Manes lo abrazan y él habla mirando cara a cara, la efusividad hace olvidar todo tipo de distanciamiento social. Los militantes del radicalismo se mezclan con vecinos de a pie.

El médico camina por la peatonal hacia la estación de trenes. Cada tanto, se sale del centro de los abrazos y saluda a los que miran desde un costado. “Gracias por estar”, les dice a dos empleados de una casa de deportes que observan la escena.

Manes camina territorio gobernado por el peronista Martín Insaurralde. El precandidato y la muchedumbre pasan cerca de una mesa del Frente de Todos. “Abrieron el zoológico, se escaparon todos los gorilas”, dice socarrona una mujer que reparte boletas justicialistas. Un hombre que la acompaña provoca metiéndose entre los militantes y vecinos, y revolea panfletos del oficialismo.

El candidato está lejos de la tensa escena, pero no busca evitar algún cuestionamiento. No elige interlocutores. Se para a dialogar con un joven que le pregunta por qué se mete en política “si lo tiene todo”. Le responde con una mano en su hombro, una cita de José Martí, y le dice: “Porque es mi país”. Unos metros más adelante, los militantes del radicalismo local identifican a ese joven como alguien predispuesto a enturbiar la visita. Le hablan en la esquina del Banco Provincia. El joven confirma las sospechas cuando le grita a un automovilista, mientras la muchedumbre cruza la calle Alem: “Pasales por encima, como a una rata”.

Monzó, Lousteau, Manes, Stolbizer y Tavela, caminando por Lomas; más atrás, Abad, titular de la UCR bonaerense
Santiago Filipuzzi


Monzó, Lousteau, Manes, Stolbizer y Tavela, caminando por Lomas; más atrás, Abad, titular de la UCR bonaerense (Santiago Filipuzzi/)

Se acerca el cierre de la visita. Una mujer, probablemente alentada por estar frente a un médico aunque sea un neurocientífico, le consulta por la efectividad de tener una dosis de la vacuna Sinopharm, que recibió su hijo. “Es buena la segunda dosis, pero está protegido”, le dice. En la mesa de Dar el Paso, a Manes se le acercan dos chicos de menos de diez años para venderle golosinas. No les compra, pero les da $500 a cada uno. Los chicos terminan al lado del neurocientífico en el discurso final, que Manes da en la puerta del Banco Nación, utilizando el equipo de audio de un cantante callejero.

El viento hace volar los carteles del puesto del precandidato radical. “Es el espíritu de Raúl”, dice Manes desde el micrófono. “¡Alfonsín, Alfonsín!”, gritan los presentes. “El desafío es que la Argentina encare la modernidad. Tenemos una deuda de inspiración. De acá somos, no podemos renunciar a la Argentina”, cierra el médico. Quienes lo escuchan cantan “Vamos a volver”. Los chicos que venden golosinas “manguean” a Lousteau y a Tavela al finalizar el discurso.

“Me llevo la misma impresión que en todo el conurbano y el interior, la gente está con ganas de una esperanza. Está con dolor, muchos sin trabajo; los que tienen trabajo, sin esperanza o enfermándose; los chicos, un año y medio sin clases. Todo eso genera una frustración. Veo las ganas de la gente de salir de esto y lo alejada que está de la discusión dirigencial”, afirma Manes a LA NACION a modo de balance de su visita a Lomas de Zamora. Lo espera el regreso en auto a su departamento y una entrevista nocturna en televisión para finalizar la jornada.

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios se conecten en relación con sus intereses. Para mejorar la experiencia de nuestra comunidad, suspenderemos temporalmente los comentarios en los artículos.