Día de la inmigración italiana: documentación, pasos y consejos para obtener la ciudadanía de esta nación europea

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La inmigración italiana en la Argentina es un hecho histórico que se celebra cada 3 de junio: una oportunidad para recordar a los millones de personas que dejaron su patria para radicarse en nuestro país entre fines del siglo XIX y principios del XX. Actualmente, los descendientes de aquellos migrantes pueden aspirar a la ciudadanía italiana, que trae numerosos beneficios para vivir, trabajar o estudiar en todo el territorio europeo.

Según datos de la Dirección Nacional de Migraciones, solo entre 1857 y 1899 llegaron al país 1.100.000 italianos, de los cuales aproximadamente 650.000 permanecieron en la Argentina. Años después, en el período de entreguerras europeo (1918-1939), fueron 850.000 los italianos que arribaron a la Argentina y 455.000 los se quedaron, tal como señala la página Ciudadanía Italiana.

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Este movimiento demográfico cambió para siempre el destino de la Argentina, pero también el de las millones de personas nacidas en este país y que son hijos, nietos, bisnietos o choznos de aquellos migrantes europeos que vieron en estas tierras la posibilidad de “hacer la América”: una tendencia que atrajo a numerosos europeos, quienes optaron por alejarse de un continente desgastado económicamente o, en ocasiones, en peligro por la guerra e irse hacia países prometedores de la región como los Estados Unidos o el nuestro.

Todos aquellos que tienen este linaje sanguíneo de parentesco pueden aspirar a recibir la ciudadanía italiana. Así lo aclara Claudia G. Latrecchiana, asesora perteneciente a la Casa del Trámite (Av. Córdoba 2800, CABA), quien se especializa en preparar la documentación para que los argentinos elegibles puedan solicitarla: “La ciudadanía italiana no tiene restricción en cuanto a generaciones, puede ser tanto por un padre como por un chozno italiano”.

La ciudadanía italiana permite el libre ingreso y tránsito tanto por Italia como por el Espacio Schengen de la Unión Europea, entre otras cosas
MIGUEL MEDINA


La ciudadanía italiana permite el libre ingreso y tránsito tanto por Italia como por el Espacio Schengen de la Unión Europea, entre otras cosas (MIGUEL MEDINA/)

Eso sí, lo que subraya Latrecchiana es que, cuánto más remoto es el antepasado, también lo es la posibilidad de cumplir con los trámites burocráticos que solicita el país europeo: “Lo difícil es conseguir la documentación porque, si es muy antiguo, puede ser previo a la formación del Registro Civil Italiano, y ahí hay que pasar a los registros parroquiales, que muchas se destruyeron con la guerra o se perdieron en incendios, inundaciones o por el paso del tiempo”.

La documentación que necesitan presentar las personas mayores de 18 años es la que acredita el linaje italiano: es decir, desde el antepasado al solicitante, todas las partidas de nacimiento de los familiares, así como también -eventualmente- las de matrimonio, divorcio y defunción. Por ejemplo, si una persona tiene un abuelo paterno de nacionalidad italiana debe presentar la partida de nacimiento del mismo, la de su padre y la propia, pero también -si correspondiera- las partidas de matrimonio, divorcio y defunción de todos ellos. También es necesario el Certificado de la Cámara Nacional Electoral que muestra que el antepasado no se naturalizó argentino, lo que haría que perdiese la ciudadanía italiana y, con esto, que sus descendientes ya no puedan sacarla.

Toda la documentación debe ser oficial y, en este caso, no importa si los familiares en el medio del linaje (en este ejemplo, el padre) tienen la ciudadanía o no. A la hora de conseguir la documentación italiana entran en escena organizaciones como la Casa del Trámite, quienes trabajan como corresponsales en Italia y buscan la partida de nacimiento en los registros del país europeo. En este punto, es muy importante la información que puedan suministrar los solicitantes acerca de la región de origen de sus parientes, ya que -de otra forma- acceder a la documentación pertinente puede ser engorroso y tomar más tiempo.

“No hay registros únicos donde uno ponga un nombre y aparezca”, subraya Latrecchiana, por lo que el primer consejo que da para acelerar el trámite es empezar por casa: “Hablen con su familia, con padres, tíos, abuelos y primos. De esa manera, muchos pueden reconstruir su historia y así aportar información que permita acelerar la búsqueda”.

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La asesora señala que durante la pandemia se cuadruplicaron las consultas para solicitar la ciudadanía, que -entre otras cosas- permite el libre ingreso y movimiento en el Espacio Schengen: una superficie europea, diferente a la Unión Europea, que incluye a 26 países que han decidido abolir los controles fronterizos entre ellos. Además, el pasaporte europeo abre las puertas a numerosos países por fuera de este continente, entre ellos Estados Unidos, adonde pueden ingresar sin visa.

Los motivos para pedirla varían según el aspecto generacional, sostiene la especialista. “En las personas de más de 50 años vemos un factor identitario y cultural, de querer conectarse con las raíces familiares o conocer el pueblo de sus antepasados, mientras que en los más jóvenes se ponderan sobre todo las facilidades que la ciudadanía otorga para estudiar y trabajar en Europa”.

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El proceso de recolección de documentos e información es el primer obstáculo con el que se encuentran los argentinos que quieren iniciar este trámite. Por la dificultad que supone la interconexión con Italia, armar la carpeta necesaria para presentar en el turno del consulado puede llevar de 6 a 8 meses. En muchos casos, las personas que quieren acceder a la ciudadanía no tienen la información suficiente, por lo que tampoco es seguro que la búsqueda vaya a dar resultado.

“Hay zonas de Italia, como el centro, que son especialmente difíciles, aunque depende mucho de la región puntual”, remarca Latrecchiana. Las regiones italianas son el equivalente a nuestras provincias, y a menudo también entran en juego factores históricos. En ese sentido, añade: “Algunas, como las del norte que pertenecieron al Imperio Austrohúngaro, plantean dificultades por el paso de la nacionalidad de dicho territorio a lo largo del tiempo, especialmente en el caso de los registros más antiguos”.

El consulado italiano en la Ciudad de Buenos Aires está en Reconquista 572; la reserva de turnos se hace de manera online
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Una vez que se completa la carpeta de documentación, todo queda en manos del solicitante, que se enfrenta al segundo gran obstáculo: sacar el turno en el consulado. “No se consigue de manera fácil, hay que ponerle mucho empeño”, advierte la especialista. Al respecto, cabe aclarar que la solicitud se debe realizar, de manera virtual, para la sede consular italiana de la ciudad argentina en la que uno resida, según su número de documento. En el caso de la Ciudad de Buenos Aires, se hace a través del portal Prenot@mi, que requiere un registro previo.

Una vez que se reserva el turno, hay un primer filtro en el que el consulado descarta a aquellos que no cumplan los requisitos para solicitar la ciudadanía. Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores de Italia recuerdan que, para ello, deberán abonarse impuestos consulares equivalentes a €300, que se pagan en pesos al cambio consular oficial.

Una vez hecho esto, el consulado comenzará el período de análisis de la misma, que suele llevar un máximo de 2 años. Los plazos son algo importante a tener en cuenta a la hora de emprender la gestión de la ciudadanía, ya que -como estima Claudia Latrecchiana- puede demorar de 2 a 3 años pasar por todas las instancias.

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En caso de que falte alguna pieza de la documentación, el consulado remite inmediatamente el expediente a la persona y la exhorta a completar la información, pero esto implica la pérdida del turno y del monto abonado a los impuestos consulares.

Por todo esto, el trámite en sí es más largo que el viaje en barco que millones de italianos realizaron, en muchos casos hace más de un siglo, para llegar a la Argentina. Sin embargo, la travesía emprendida por estos nacidos en la península itálica le abre a sus descendientes la puerta a una ciudadanía que facilita la mudanza y la vida al otro lado del Atlántico, en la tierra de la que alguna vez salió un antepasado con deseos de un futuro mejor.

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