El día que David Bowie fracasó como un artista desconocido

Fernando García

Minotaur y Conflict, dos obras de 1995 que David Bowie realizó en colaboración con la diseñadora Laura Ashley, quedaron esta tarde sin comprador en la subasta online de "Prints & Multiples" que organizó la casa Sotheby's de Nueva York, con un total de ventas que ascendieron a los 3.365.500 dólares (un 93,88% del valor total esperado). Si la subasta virtual resultó un éxito no lo fue el debut de David Bowie como artista visual en el mercado público.

Sotheby's había generado mucha expectativa con la salida a la venta de estos rollos de wallpaper estampados que el músico había exhibido en su primer muestra New Afro Pagan Work: 1975-1995 en The Gallery, un local de la calle Cork en Londres. Las obras que mostraban un autorretrato de Lucien Freud sumergido en un tanque al estilo de la taxidermia de Damien Hirst y el símbolo picassiano del Minotauro llegaron al remate con la expectativa de alcanzar los 70 mil dólares. Sin embargo, nadie llegó a ofrecer ni siquiera la base de cada una, estimada en 20 y 25 mil dólares respectivamente.

En términos musicales, habría que remontarse muy atrás en la carrera del artista para encontrar tal fracaso. Tanto como antes de que "Space Oddity" alcanzara el número 5 en el chart británico en setiembre de 1969, cuando Bowie era un dedicado seguidor de modas (antes de crearlas e imponerlas él mismo). Post mortem, esta mutación como artista visual en el mercado de lujo de las subastas, parece no haberle alcanzado para competir entre muchos de sus héroes de la pintura.

La última vez que Bowie había sido noticia en este terreno fue cuando la misma casa de remates vendió en 2016 piezas de su colección personal, que iban de un Tintoretto del Renacimiento a obras de Damien Hirst, por quien sentía una confesa admiración. "Bowie/Collector" se llevó a cabo durante tres días en los que salieron a la venta 500 lotes por un total estimado en 40.947.122 dólares. Entre las obras de esa colección estaba "Beatiful, Hallo, Space Boy painting", una obra que Bowie y Hirst (quien como toda la generación de los Young British Artists fue influenciado por el creador de Ziggy Stardust) firmaron a dúo en 1995. La colección de arte tenía, además, sorprendentes ejemplares de Basquiat, Eduardo Paolozzi, Henry Moore, Picasso y Marcel Duchamp, entre otros pesos pesado del arte moderno y contemporáneo, además de un significativo conjunto del mejor diseño europeo de los años 60 y 70.

La relación entre Bowie y el arte contemporáneo ha sido tan estrecha que la verdadera dimensión de su legado no puede verse sino en la intersección de la cultura pop y las vanguardias estéticas del siglo XX. Ya en Hunky Dory (su cuarto álbum ,de 1971) le cantaba por igual a Warhol (a quien terminaría representando en la biopic de Basquiat, en los 90) y Dylan, estableciendo el paradigma de la cultura rock como esponja y amplificador de las ideas más avanzadas de la tardo modernidad.

La historia de los sorprendentes cambios visuales y sonoros de Bowie es también una historia suya del arte y una apropiación posmoderna de todas sus posibilidades estéticas. Asume las formas del expresionismo alemán cuando se convierte en el Duque Blanco; establece al videoclip como una forma de experimentación visual popular con "Ashes to ashes"; atraviesa la era glam como un mannequin alienígena que usa el cuerpo como soporte del mismo modo que el accionismo vienés y la performance. Y como un Rembrandt o una Frida electrificada hace del autorretrato una forma autónoma al modificar radicalmente su personaje para cada disco, entre 1972 y 1983. Ya en el final, aplica el concepto del ready made para hacer de la tapa de su álbum The Next Day (2013) un objeto de arte conceptual puro. Allí revisita la imagen de Heroes (1977), cuyo gesto le había sido inspirado por una pintura del Egon Schiele, y la obtura con un cuadrado blanco, símbolo del modernismo.

Acaso toda esta reconsideración suya como un artista sonoro y visual al mismo tiempo sea contraproducente hacia este Bowie de 2020 que busca un lugar entre los objetos que las instituciones y el mercado llaman arte. Es difícil que dos rollos de wallpaper estampados y firmados por él puedan capturar más la atención que obras de difusión masiva que pusieron muchas de las ideas más osadas del siglo XX en la radio, las discotecas y la intimidad de los dormitorios de millones de personas durante cuatro décadas en todo el planeta. ¿Cuál es la cotización de semejante aventura?