Cura de 100 años quiere mantener su misa diaria en EEUU y no volver a su país

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Beaumont (TX), 3 nov (EFE).- Cuando el sacerdote Luis Urriza cumplió 100 años en agosto pasado la feligresía de Cristo Rey, la parroquia ubicada en Beaumont (Texas) que él fundó y ayudó a edificar en 1951, lo celebró en grande, pero la alegría duró muy poco y ahora el religioso es obligado a dejar su iglesia y regresar a España.

El Obispado de la Diócesis de Beaumont le notificó a Urriza a principios de octubre que el 16 de ese mismo mes iba a ser su último día como titular de esa parroquia, levantada con colectas y la venta de tamales al por mayor hace siete décadas.

Además se le comunicó que debía regresar a España como lo establece la Orden de San Agustín a la que pertenece.

"Yo debo ser obediente. No estoy de acuerdo, me quiero quedar, pero si mi superior así lo requiere, debo obedecer y marchar", lamenta Urriza en entrevista con Efe.

Ante el anuncio de su inminente salida de Cristo Rey, cientos de personas salieron a las calles en una marcha en protesta por la decisión del obispo David Toups, aunque las críticas no surtieron efecto.

"Yo puedo trabajar, aunque tenga 100 años, yo puedo trabajar", insiste el sacerdote que tiene una rutina que incluye oraciones por las mañanas y noches, eucaristía diaria, visitas a enfermos y comunión a los que no pueden asistir a misa.

Silvia Rodríguez, un feligresa que conoce a Urriza desde hace 30 años y le ayuda puntualmente, afirma que alejar al sacerdote de su iglesia es una decisión lamentable en la que no se tomó en cuenta a la misma comunidad a la que sirve.

"Es un golpe duro a una persona de cien años al cambiarle su rutina a estas alturas", sostiene.

UNA LARGA VIDA

Tras su salida de Cristo Rey el 16 de octubre, Urriza regresó a la parroquia que lo recibió cuando llegó a Port Arthur en 1949, a 20 millas de distancia de Beaumont. Allí sigue oficiando misa todas las tardes y los domingos por la mañana hasta el día de su partida a Europa.

Al final de cada ceremonia, chicos y grandes, a los cuales él casó o bautizó, se acercan para abrazarlo y tomarse una foto, desearle un buen viaje y decirle cuánto lo extrañarán. Varios le ofrecen sus casas "para que se quede y no se vaya".

"Me encantaría, pero como religioso no puedo quedarme en casa de un civil, me lo prohíbe la Iglesia", les responde.

Nacido en Ledín, en la región española de Navarra, el "padre Luis" aún recuerda aquel 14 de septiembre de 1933 cuando a los 12 años su madre lo llevó al seminario.

Urriza se ordenó como padre de la Orden de San Agustín en 1944 y dentro de sus primeras actividades fue dar clases en un seminario en La Rioja (España), donde aprendió a tocar el órgano.

En 1947, cuando aún era capellán, no tuvo más remedio que hacer el servicio militar durante dos años porque sus superiores se habían olvidado de pedir "una dispensa" por tratarse de un religioso.

PARTE DE ESPAÑA A AMÉRICA

En 1949, Urriza decide partir a Port Arthur, a la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, invitado por el padre Francisco Fresno "porque necesitaba un organista".

Se embarca en el vapor Habana, de la entonces Compañía Transatlántica Española, y llega después de 15 días a Nueva York para luego trasladarse en tren a Port Arthur "sin conocer una palabra" de inglés.

"Pero me di con la sorpresa de que un mes antes de venir aquí, ya se había instalado un padre de Puerto Rico que también tocaba el órgano y me quitó el puesto. Además, éramos siete sacerdotes", bromea.

Cuando se presentó con el entonces obispo, surgió la idea de servir a la comunidad hispana de la ciudad de Beaumont que contaba con alrededor de 800 familias que no tenían sacerdote ni parroquia.

"Estaban abandonadas a su suerte, podemos decir. Y entonces le escribí una carta a mi superior en España y le expliqué la situación. Su respuesta fue: 'Pues te encargas tú de ellos', y así fue", explica.

Con el permiso para trabajar, el obispado le propuso que empezara cuanto antes en una casa de alguna familia hispana, mientras buscaban la forma de construir un templo para esa comunidad. A sus primeros servicios religiosos llegaban unas 15 personas, luego se fueron sumando más y más.

Después de dos años consiguieron un terreno que entonces costó unos 16.000 dólares y donde construyeron parte de la parroquia a la que bautizaron como Cristo Rey.

En el lapso de esos 70 años desde que se construyó la iglesia, también fue destacado a otras comunidades de Texas, en Waxahachie y luego a San Antonio. Tras 12 años, le ordenaron regresar a Beaumont en 1976.

"Y desde entonces aquí estoy. Mejor dicho, estaba", rectifica.

Acompañado de un grupo de feligreses de Cristo Rey, Urriza viajará a Madrid el próximo 11 de noviembre para incorporarse a una parroquia "con muchas familias inmigrantes" y regresar a un país en el que lo espera su hermano de 98 años y su hermana de 95.

(c) Agencia EFE

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