La cumbre mundial más importante que existe y de la que nunca oímos hablar está ocurriendo ahora

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Turistas pasean en Kunming, sede dela cumbre de la ONU sobre biodiversidad. (Chinatopix via AP)
Turistas pasean en Kunming, sede dela cumbre de la ONU sobre biodiversidad. (Chinatopix via AP)

NUEVA YORK.– Mientras unos 20.000 altos funcionarios de gobierno, periodistas, activistas y celebridades de todo el mundo se preparan para acudir a Glasgow para la crucial cumbre sobre cambio climático prevista para fin de octubre, esta semana arrancó otra cumbre ambiental internacional del más alto nivel. Y el problema que se propone abordar es tan decisivo como el calentamiento global: se trata del vertiginoso descenso de la cantidad de especies y sistemas que sostienen colectivamente la vida en este planeta.

Lo que está en juego en ambas reuniones es igualmente crucial, dicen los científicos, pero la crisis de la biodiversidad ha recibido mucha menos atención de la opinión pública.

“Si la comunidad internacional lo sigue tomando como un evento lateral y siguen pensando que de lo que hay que ocuparse en lo inmediato es del cambio climático, cuando se den cuenta de lo que está pasando con la biodiversidad podría ser demasiado tarde”, dice Francis Ogwal, uno de los líderes del grupo de trabajo encargado de dar forma a un acuerdo de las naciones sobre este problema.

Xi Jinping habla en la COP 15, en Kunming, China. (Photo by STR / AFP) / China OUT
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Xi Jinping habla en la COP 15, en Kunming, China. (Photo by STR / AFP) / China OUT (STR/)

Como el cambio climático y la pérdida de biodiversidad están entrelazados, y como existe tanto la posibilidad de una solución conjunta para ambos problemas a la vez como la chance de un círculo vicioso de destrucción a dos puntas, los científicos dicen que deben ser abordados al mismo tiempo. Pero cada uno tiene su cumbre global por separado, y hay una que opaca a la otra.

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“No hay conciencia como debería haberla”, dice Hans-Otto Pörtner, biólogo y climatólogo que ha liderado investigaciones internacionales en ambos temas, que el científico califica como “las dos crisis de supervivencia que la humanidad le ha infligido al planeta”.

Más allá de las razones morales que tenemos los humanos para preocuparnos por las otras especies de la Tierra, hay sobre todo razones prácticas. Para empezar, basta decir que el humano depende de la naturaleza para subsistir.

“En realidad, lo único que hace que el planeta funcione es la diversidad de plantas y animales”, señala Anne Lariguaderie, ecóloga y directora de un panel intergubernamental sobre biodiversidad. “Es lo que asegura que haya oxígeno en el aire y que existan tierras fértiles”.

Y si se pierden demasiados jugadores de un mismo ecosistema, el equipo se frena. La abundancia promedio de especies nativas en los principales biomas terrestres se ha reducido al menos un 20%, y esa pérdida se produjo mayormente a partir del año 1900, según la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (Ipbes, por su sigla en inglés), un exhaustivo informe sobre el estado de la biodiversidad publicado por el panel dirigido por Larigauderie. Según la estimación del Ipbes, hay un millón de especies en peligro de extinción.

Y el cambio climático no hace más que profundizar esa pérdida de especies vivas. Por ahora, la mayor culpable de la destrucción de ecosistemas terrestres son las actividades humanas, como la agricultura, la minería y la deforestación. Y en el mar, la sobrepesca, otra actividad económica humana. Entre las otras causas se cuentan la contaminación y la introducción de especies exóticas que expulsan a las nativas.

La sede de la cumbre, en Kunming. (Photo by STR / AFP) / China OUT
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La sede de la cumbre, en Kunming. (Photo by STR / AFP) / China OUT (STR/)

“Cuando hay dos crisis de supervivencia concurrentes, no se puede elegir cuál se ataja primero: hay que abordarlas a ambas, sin importar lo complejas que sean”, indica Brian O’Donnell, director del grupo ambientalista Campaign for Nature. “Es como que se te funda el motor y se te muera la batería del auto al mismo tiempo: si arreglás una sola cosa, igual el auto no arranca”.

Cómo funciona la cumbre

Esta semana, funcionarios de medio ambiente de los gobiernos de todo el mundo, diplomáticos y otros observadores internacionales se reunieron virtualmente con un pequeño grupo reunido en persona en Kunming, China, para la 15ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad.

Sacando el Vaticano, Estados Unidos es el único país del mundo que no es signatario del tratado existente, el Convenio sobre la Diversidad Biológica, algo atribuible en gran parte a la oposición del Partido Republicano. Los representantes norteamericanos participan de las conversaciones laterales, como los científicos o las agrupaciones ambientalistas

Debido a la pandemia del coronavirus, la conferencia de este año se dividió en dos partes. Si bien la parte virtual apuntó mayormente a generar voluntad política en los funcionarios de gobierno, las naciones se reunirán nuevamente en China dentro de seis meses para ratificar una serie de objetivos destinados a abordar la pérdida de biodiversidad.

El objetivo es la adhesión a un “pacto por la naturaleza” similar al Acuerdo de París 2015 sobre el cambio climático, señala Elizabeth Maruma Mrema, secretaria ejecutiva de la convención.

El año pasado, los funcionarios informaron que en gran medida los países del mundo no habían cumplido con los objetivos del acuerdo anterior sobre biodiversidad, rubricado en 2010.

Y como dijo Mrema esta semana durante la reunión, si los nuevos compromisos no se traducen en “políticas efectivas y acciones concretas, corremos el riesgo de repetir los fracasos de la última década”.

Lo que sigue

El borrador de trabajo de la actual cumbre incluye 21 objetivos que funcionan como un plan para reducir la pérdida de biodiversidad. Muchos son concretos y mensurables, otros más abstractos, pero ninguno es fácil de cumplir. Este es un resumen:

-Elaborar un plan que abarque toda la tierra y las aguas de cada país y que permita tomar mejores decisiones sobre dónde impulsar actividades como la agricultura y la minería, y que al mismo tiempo contemple la preservación de áreas intactas.

-Asegurarse de que la caza y la pesca de especies silvestres se realice de manera sustentable y segura para el medio ambiente.

-Reducir la escorrentía agrícola, los pesticidas y la contaminación plástica.

-Usar los ecosistemas para mitigar el cambio climático, ya que almacenan de manera natural el carbono que calienta el planeta.

-Reducir en al menos 500.000 millones de dólares los subsidios y beneficios a actividades que dañan la biodiversidad. Esa es la cifra estimada que gastan anualmente los gobiernos para subsidiar los combustibles fósiles y las prácticas agrícolas potencialmente dañinas.

-Proteger al menos el 30% de la tierra y los océanos del planeta antes del año 2030.

Esta última medida es la que más atención y recursos ha recibido en la previa de la conferencia, impulsada sobre todo por los ambientalistas y un creciente número de países. El mes pasado, nuevo grupos y entidades filantrópicas donaron 5000 millones de dólares para motorizar esa iniciativa conocida como 30x30.

“Es una consigna atractiva y tiene gancho”, afirma E. O. Wilson, biólogo y profesor emérito de la Universidad de Harvard, y tiene la esperanza de que el 30x30 sea el primer paso para lograr la preservación natural de la mitad del planeta, al menos en un futuro.

The New York Times

Traducción de Jaime Arrambide

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