Cuidado con la eficacia

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El teletrabajo avanzó sobre la vida cotidiana de todos, ganándole espacio al odio y al descanso
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“Llegué a terminar con el trabajo, pero no dormí nada esa semana” “No entreno hace un mes porque tengo que sacar los pendientes” “No voy al encuentro con las chicas porque estoy con el cierre de trimestre en el trabajo”. Hacemos mucho y somos eficaces en el hacer, pero ¿a qué costo? ¿Hay una forma de hacer mejor, es decir de ser más eficientes? Vamos directo al diccionario para que no nos queden dudas. La eficacia consiste en alcanzar las metas establecidas, mientras que la eficiencia se refiere a lograrlas, pero utilizando la menor cantidad de recursos posibles. Quiero poner el foco en uno de esos recursos: el tiempo, nuestra unidad de medida de vida que siempre está tironeada entre todo lo que tenemos que hacer y entre lo que nos gustaría.

Dependiendo el país, el tiempo de trabajo o de conexión con herramientas laborales creció entre 1 a 2 horas, algo que comenzó a notarse en marzo de 2020 con el teletrabajo obligado por la pandemia y es sostenido desde entonces. El período extra trabajado para muchos fue durante la noche, tiempo relegado de ocio y descanso. Una investigación de la empresa de tecnología Atlassian, estudió el comportamiento de sus usuarios en 65 países. Registraron la primera y la última vez que las personas interactuaron con el software en un día laborable y descubrieron que las horas de trabajo comenzaron a alargarse cuando la mayoría de los países occidentales introdujeron medidas de bloqueo y aislamiento. Por ejemplo, en países como Estados Unidos, Canadá, Austria, se registraron hasta 2.5 horas más de trabajo.

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Lo que no se mide aquí es cómo fue la calidad del trabajo entregado y cómo se resintió el bienestar de las personas. Ahí es donde asoman los problemas de burn out, falta de límites entre el tiempo de trabajo y de cuestiones personales y falta de descanso y ocio, que generan una percepción de agobio en la que, hagamos lo que hagamos, nunca llegamos a cumplir con todas las obligaciones que el contexto y nosotros mismos nos imponemos. Hacer más no es necesariamente hacer mejor, por el contrario, y en nuestro afán de eficacia, no paramos ni 10 minutos a repensar la eficiencia en el hacer.

Para entrenar nuestra eficiencia en el uso del tiempo, podemos gestionarla desde tres dimensiones. La primera, es administrando mejor nuestra energía física y mental a lo largo del día, la otra es cuidando y ejercitando el foco. Una tarea desenfocada, interrumpida y en competencia de multitasking con otras, hará que tardes mucho más que con atención plena. Y finalmente, redefiniendo prioridades que nos den claridad sobre lo que elegiremos y lo que relegaremos. Es este hacer eficiente, que es intrínsecamente eficaz, no solo hacemos mejor, sino que nos hacemos mejor. ß

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