El cuerpo parapolicial ciudadano creado para proteger a los campesinos y que acabó siendo una fuerza represora

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Numerosos son los cuerpos y milicias parapoliciales que se han creado a lo largo y ancho del planeta durante la historia. Estos destacan por estar compuestos por ciudadanos que, por algún motivo, desean colaborar con la defensa del orden y la justicia, ocupándose de perseguir a criminales o evitando que se realicen actos delictivos. A menudo, estos grupos que están al margen de la oficialidad, suelen estar al aparo de algún estamento o cargo gubernamental.

El cuerpo parapolicial ciudadano del somatén se puso al servició la dictadura de Primo de Rivera y se convirtió en una fuerza represora contra sus propios vecinos (imagen vía bajoaragonesa)
El cuerpo parapolicial ciudadano del somatén se puso al servició la dictadura de Primo de Rivera y se convirtió en una fuerza represora contra sus propios vecinos (imagen vía bajoaragonesa)

Famoso fue el cuerpo de los ‘somatén’, una milicia ciudadana que actuó como cuerpo parapolicial en las zonas rurales de Cataluña (en un principio, aunque con el tiempo se extendió por toda España) y cuyo objetivo principal era proteger a los campesinos y ciudadanos que vivían en pueblos y aldeas (normalmente zonas más desprotegidas que las capitales o urbes importantes).

Este cuerpo de autoprotección civil fue creado a mediados del siglo XIX y sus integrantes eran, básicamente, ciudadanos pertenecientes a la burguesía catalana, autorizados para tener y usar armas y que contaban con el beneplácito y simpatías de las autoridades.

También estaban bien vistos por sus propios vecinos de las zonas rurales, que veían con agrado como eran perseguidos y apresados los bandoleros y delincuentes que, asiduamente, se dedicaban a robarles.

El cuerpo de los somatén fue el resultado que quedó de otros grupos milicianos que hubo tiempo atrás (aparecieron en la Edad Media), pero estos fueron de carácter paramilitar y cuyo objetivo fue la defensa de territorios en momentos de confrontación bélica, llamada anteriormente ‘Sagramental’ y cuyos miembros participaron en conflictos como la Guerra de Sucesión española (en el lado austracista) o la Guerra de Independencia española (luchando contra los invasores franceses) e incluso consta que se habían dedicado a perseguir y apresar piratas por las costas del Mediterráneo.

Una vez ya reconstituidos en el cuerpo de los somatén (cuya denominación viene a referirse en catalán al aviso que se hacía con el repicar de campanas para avisar a los vecinos sobre algún peligro), esta fuerza parapolicial rural empezó a cooperar con el recién creado cuerpo de la Guardia Civil, realizando vigilancias, controles y persecuciones ya no solo de delincuentes que asaltaban a las masías de payeses (típicas casas de agricultores en Cataluña) sino también aquellos vecinos que eran perseguidos por la benemérita.

Esto provocó que con el paso de los años acabaran reconvertidos en una institución al servicio del poder y recibiendo cierta animadversión por parte de un sector importante de la ciudadanía, que veían como los somatén habían dejado de ser una milicia en defensa de los vecinos de las áreas rurales para convertirse en un cuerpo represor y, en ocasiones, despiadado.

Esto llevó a que, tras instaurarse la Primera República (1873), fuese dictada una orden en la que se abolía el cuerpo de somatén, pero tras el fin del efímero régimen y la restauración de la monarquía borbónica, volviese a estar en activo esta milicia (aunque durante aquel corto periodo realmente no se había disuelto y actuaban en la clandestinidad) que ayudaría, entre otras cosas al nuevo rey, Alfonso XII, a luchar y perseguir a los partidarios carlistas.

En el resto de España, fue surgiendo pequeños grupos milicianos muy similares a los somatén catalanes, convirtiéndose en una fuerza parapolicial (y en ocasiones paramilitar) leal a la monarquía y al gobierno de turno, colaborando en la persecución de anarquistas y boicoteando huelgas.

Tras el golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera (en septiembre de 1923), los somatén se pusieron a las órdenes del dictador y éste firmó un Real decreto por el cual hacía oficial la existencia de este cuerpo de milicianos a nivel nacional, siendo una fuerza parapolicial que colaboró estrechamente con las autoridades, ayudando a perseguir a todo aquel ciudadano disconforme con el régimen.

A menudo se comparó el cuerpo de somatenes con los ‘camisas negras’ de la Italia fascista o los ‘camisas pardas’ del nazismo alemán. De hecho, el dictador Miguel Primo de Rivera, dos meses después de llegar al poder, viajó junto al Alfonso XIII al Reino de Italia, entrevistándose con Benito Mussolini e iniciando un puente de colaboración entre ambos regímenes.

Además de dedicarse a perseguir anarquistas, obreros de izquierdas o a todo aquel disconforme con el régimen de Primo de Rivera, los somatenes también hostigaron y apresaron, bajo el amparo de la Iglesia Católica, a aquellos ciudadanos que blasfemaban o que no llevaban una vida acorde con lo que dictaba esta religión.

En 1931, ya finalizada la dictadura de Primo de Rivera, volvió a ser abolidos los somatenes durante la Segunda República, apareciendo de nuevo tras el estallido de la Guerra Civil y poniéndose al servicio del bando nacional. Tras acabar este conflicto bélico, los somatén se reorganizan para ser un cuerpo miliciano leal al dictador Franco, centrando su persecución a los maquis (guerrilleros republicanos opositores al régimen franquista), además de todo aquel que, políticamente, no fuese afín a la dictadura.

Fue abolido definitivamente tras la restauración de la democracia en 1978.

Fuente de la imagen: bajoaragonesa

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