"Cuento historias de aquellos a quien nadie voltea a ver"

·5  min de lectura

Ana Garcés

CIUDAD DE MÉXICO, noviembre 20 (EL UNIVERSAL).- María de Jesús Peters Pino es una reportera hecha en el camino, que va a buscar la noticia y la confirma con los protagonistas, que está en primera línea aunque eso le cueste una pedrada en la cabeza.

Desde Chiapas, particularmente desde Tapachula, ha contado la historia de cientos de migrantes que cruzan la frontera sur de México, en el inicio de la parte más dura de su recorrido hacia Estados Unidos. A lo largo de los años los ha visto subir y caer de La Bestia. Más recientemente los vio llegar en caravanas.

El año pasado una fotografía suya, de una mujer haitiana, Fabiola, suplicando por ayuda debajo de un portón, puso en evidencia que la crisis migratoria en el país había superado al gobierno.

El jueves se anunció a María de Jesús como ganadora del Premio Ortega y Gasset de Periodismo por esa imagen. Semanas antes ya había obtenido los premios Nacional de Periodismo y a lo Mejor del Periodismo que otorga el Grupo de Diarios América (GDA) por la misma imagen.

En conversación con EL UNIVERSAL relata que trabaja para contar las historias de aquellos a los que nadie voltea a ver y congelar el momento con su cámara. Es su compromiso, dice, dar voz a los que no la tienen.

¿Qué es lo que buscas cuando sales por una historia?

— Yo cuento historias de vida, de personas que por alguna razón están sufriendo. Me empezó a llamar el tema migratorio porque yo vivía muy cerca de las vías del ferrocarril y comencé a ver un mundo de gente que se subía al tren, llegaba la policía y los detenía, los insultaba. Algunos se acercaban a contarnos su historia.

Yo no espero los comunicados de prensa porque te van a negar una situación y van a ocultar. A mí lo que me gusta es ir al lugar, buscar a las personas, hablar con ellos, ver la situación con mis ojos, los rostros de las mujeres y los niños, y de esa forma poder escribir y plasmar con mis fotos ese sufrimiento. Eso es lo que yo busco en mis imágenes, que se congele ese rostro de tristeza, de sufrimiento.

¿Por qué siempre vas tras esas historias?

— Las busco porque son personas que nadie voltea a ver. Están viviendo una situación de injusticia, momentos de agresiones y son personas que el gobierno no voltea a ver, los rechaza, las autoridades las quieren ocultar y, además, abusa de ellas.

Busco visibilizar una situación que las autoridades quieren ocultar, por eso me enfoco en esas personas. Es un compromiso y como medio somos la voz de los que no la tienen. Para mí eso es lo más importante, visibilizarlos, y me siento muy satisfecha cuando los voltean a ver y cuando empiezan a recibir la ayuda.

Tu fotografía del sufrimiento de migrantes en Chiapas, ganó el Premio Ortega y Gasset de Periodismo. ¿Cómo lo recibes?

— Lo recibo con mucho cariño, lo recibo con un poco de tristeza por lo que representa. Es una gráfica que refleja el sufrimiento, que refleja la impotencia, que refleja una crisis migratoria que rebasó al gobierno. Estoy contenta porque con esa gráfica logré desnudar lo que el gobierno estaba haciendo con los migrantes que llegaban a esta frontera sur de México.

Se vio la lágrima de una madre, la desesperación, la tristeza de un niño enfermo. Eso es lo que yo quería demostrar. Ese sufrimiento de tantos migrantes, mujeres, hombres, sobre todo mujeres, lo que enfrentan en ese viaje a Estados Unidos para tratar de mejorar su condición, porque vienen huyendo de una condición de violencia, por catástrofes, van en busca de algo que en su país no han encontrado.

Has estado en la primera línea, literalmente ¿te han alcanzado las piedras cubriendo las caravanas?

— Un fotógrafo tiene que estar en primera línea. Yo recuerdo que ese día era muy caluroso y desde la mañana estábamos esperando la caravana de migrantes, se hablaba de hasta 8 mil. Guatemala cerró su frontera para evitar que entraran a México, pero los migrantes decidieron ingresar a la fuerza, abrieron una primera puerta... Había demasiados niños de brazos y yo tenía miedo que se registrara una estampida... Y de repente se soltó un gas lacrimógeno del lado de la policía y empezaron a aventar piedras y a empujarse, los niños lloraban y gritaban que no arrojaran piedras, pero uno de los proyectiles me cayó a mí.

Yo me tambalié un poco y me tuvieron que sacar porque estaba herida en la cabeza. En un momento yo tuve mucho miedo de caer, de desmayarme o que me tiraran porque eran muchos los empujones. Fue una situación muy desesperante.

Tú y tu familia han sido objeto de agresiones por su ejercicio periodístico. ¿Cómo se puede trabajar así?

— Sí, en algunos conflictos hemos recibido represión de la policía, en algunas coberturas me han querido quitar la cámara, yo nunca la he soltado. Yo les digo que es mi derecho informar.

No me voy a intimidar porque si lo hago, no voy a cumplir con el objetivo de mi trabajo que es informar lo que está pasando. No he tenido miedo a pesar de que hemos pasado por situaciones difíciles. Hemos seguido adelante, he seguido adelante.

Cuando escucho o veo que algún compañero [periodista] ha sido asesinado, ha sido secuestrado, yo pienso mucho en su familia y pienso mucho en ellos, pero eso no me ha quitado ese valor ni las ganas ni el cariño de seguir con esta noble profesión.

¿Cómo ves el periodismo actualmente en México?

— Muy difícil, realmente es muy difícil hacer periodismo en México porque el que violenta nuestros derechos es el gobierno, y principalmente las corporaciones policiacas... Y bueno, sabemos que el otro es el crimen organizado, que es parte de la violencia que se ejerce contra quienes escribimos o tomamos fotografías.

Además, hemos visto que nuestro Presidente es el que de alguna manera, con sus discursos, lo que dice de los periodistas, es una clara incitación a las agresiones.