Los cubanos le dan el último adiós al pianista César "Pupy" Pedroso

La Habana, 22 jul (EFE).- Juana María González, de 82 años, saca una botella con miel de su bolso para subir sus bajos niveles de azúcar que por poco le impidieron despedirse de “uno de sus ídolos”: el pianista César “Pupy” Pedroso, fallecido a los 75 el pasado domingo en La Habana.

“¡¿Cómo no voy a venir?! Estoy aquí –enferma y todo– porque es deber de todo cubano venir a despedirlo”, dice a Efe mientras baila en la fila para entrar en el Teatro Nacional de Cuba.

Dentro de la sala, a unos pasos de donde se encuentra González, se realiza el homenaje de cuerpo presente de uno de los fundadores de Los Van Van, que para muchos isleños es la orquesta más icónica de sus tiempos.

El ambiente es muy distinto al de los conciertos en los que puso a bailar a millones desde finales de los sesenta y hasta, prácticamente, los últimos días de su vida.

Los presentes, entre amigos, familiares y seguidores -como Juana María González- lloran en un silencio atronador en la sala Avellaneda del Teatro Nacional.

El féretro de Pedroso está cubierto por una bandera cubana y tiene a sus costados sus premios, entre ellos el Grammy latino que logró en 2000 junto con la orquesta.

Preside una fotografía suya con la leyenda “Nos queda su música y su eterna sonrisa” y unos arreglos florales enviados por presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, y su antecesor, Raúl Castro.

Es la misma imagen que vio, en ese mismo sitio, Felipe Gilbert, un "vanvanero" de 62 años, en 2014 cuando le dijo adiós al director de Los Van Van, Juan Formell.

“Todos los cubanos somos muy musicales. Lo fundamental es la música y el humor y 'Pupy' se dedicó toda su vida a representar el espíritu de los cubanos”, cuenta.

MÚSICOS Y SEGUIDORES EN LA SALA

Son las 11.00 en un cálido mediodía habanero que no impidió que desde que se abrió la sala al público una hora antes –y hasta las 15.00– se agolpara la gente para despedir a uno de los creadores del ritmo conocido como songo, un derivado del tradicional son cubano mezclado con funk y jazz.

Entre los asistentes destacan grandes de la música cubana. Giraldo Piloto, director del grupo Klímax y presidente del Festival y Fiesta del Tambor, Guillermo Barreto, se queda sin adjetivos para describir a su viejo amigo.

“'Pupy' representaba la cubanía, y sigue representando. Si le pudiésemos nombre a un musical, a un cañaveral ese es 'Pupy'", dice en la pequeña cuesta que va de la entrada del teatro a la sala.

“NOSTALGIA DE LA BUENA”

A las palabras de tristeza se le suman los éxitos que los cubanos rememoran mientras continúa la fila. “El negro está cocinando", "Disco azúcar", "Temba, tumba, timba" y "El buena gente" son algunas de las piezas que el “maestro” creó en su época con Los Van Van.

Todas esas canciones le suenan a Milagros, de 65, a “nostalgia de la buena”, de cuando tenía 11 años y escuchó los arreglos en piano de “Pupy” por primera vez.

En 2001 Pedroso se separó de la orquesta para formar la suya: Pupy y los que son son, la cual dirigió hasta su muerte. El año pasado -en el vigésimo aniversario de la formación- lanzaron su disco más reciente, "Re-percusión".

La muerte se cruzó en su camino como una sorpresa. Los que son son preparaban una gira europea cuando, en mayo, la familia del pianista y arreglista informó que este se encontraba en proceso de recuperación después "de una operación quirúrgica impostergable”.

Hasta el momento no se ha confirmado la causa de la muerte del músico, pero el pasado domingo el canal multiestatal Telesur señaló que se trató de una complicación tras haber sido intervenido quirúrgicamente por un problema cardiovascular.

“Su música se quedó y ahora los jóvenes músicos cubanos van a tener en él un icono", apunta a Efe su primo, Augusto Pedroso.

(c) Agencia EFE

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