Cuba, seis décadas después

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El aniversario 63 del triunfo de la revolución cubana de 1959, que se conmemora cada primero de enero, ha sorprendido a los líderes del gobierno de la isla en una situación económica mucho más difícil, un malestar creciente de la población y en medio de críticas internacionales por las largas condenas a prisión impuestas a muchos cubanos que salieron a las calles a exigir cambios, el pasado 11 de julio.

La llegada de Joe Biden a la Casa Blanca no ha hecho regresar la política de Washington hacia Cuba a la época de Barack Obama, cuyo acercamiento con la isla representó un momento histórico, elogiado y criticado. El trato dado por el gobierno cubano a los participantes en las protestas, sólo ha servido para empeorar la situación. Biden ha reconsiderado sus promesas de campaña de relajar las tensiones entre los gobiernos de ambos países, y ha impuesto otras sanciones a La Habana.

China y Rusia, amigos cercanos de la élite gobernante cubana, parecen tener poco que aportar en lo que se refiere a mejorar la calidad de vida de los cubanos, pero sus intereses geopolíticos podrían ayudar a esa élite a conservar el poder.

Economía debilitada

La inflación galopante y la escasez de productos, causas importantes pero no únicas del descontento popular, llevaron al régimen a aumentar sus importaciones de productos agropecuarios desde Estados Unidos. El embargo comercial norteamericano permite la compra de alimentos y medicinas, con la condición de que Cuba pague en efectivo y por anticipado. De acuerdo con un informe del Consejo Económico y Comercial (cubatrade.org), en octubre de 2021 el gobierno cubano compró poco más de 22,2 millones de dólares al poderoso vecino, lo cual representó 91 por ciento más que en octubre de 2020, y 501 por ciento más que en octubre de 2019.

Sin embargo, uno de los eternos enemigos del gobierno, representado por gran parte de la comunidad exiliada en Estados Unidos y otros países, ha sido un salvavidas importante para la economía cubana. Un cálculo realizado por el CSIS (Centro para los Estudios Estratégicos Internacionales) coloca la cifra de remesas de ayuda familiar recibidas en 2019 en seis mil 600 millones de dólares.

En septiembre de ese mismo año 2019 el gobierno del entonces presidente Donald Trump limitó las remesas a mil dólares por persona por trimestre, y en octubre de 2020 prohibió el envío de esa ayuda familiar a través de organismos paraestatales como Fincimex y GAESA, controlados por militares cubanos.

El dominó, un juego muy popular en Cuba, parece estar atascado en un punto importante. El gobierno desea mantener a toda costa el sistema de partido único, con la economía en sus manos lo más alejada posible del capitalismo. Los críticos del régimen afirman que se trata de una enfermiza necesidad de conservar el poder absoluto. Abrir el esquema socioeconómico significaría permitir que fuerzas ajenas al sistema político que rige en Cuba, tuviesen un grado de independencia capaz de forzar un cambio radical en la sociedad.

Las nuevas generaciones

Por otra parte, todo parece indicar que las nuevas generaciones tienen ahora una visión diferente de cómo afrontar su realidad. Durante muchos años deseaban desesperadamente abandonar el país en busca de un futuro mejor. Ahora, si bien ese sentimiento se mantiene en muchos jóvenes, el propósito es vivir en Cuba pero con libertades y derechos que la ideología marxista-leninista, les niega. Esa actitud condujo a las protestas del 11 de julio, las cuales habían sido precedidas por manifestaciones de jóvenes artistas y escritores.

Por el lenguaje de las protestas (Patria y vida, libertad, cambios ahora), es obvio que esas nuevas generaciones no se sienten identificadas con los grandes símbolos de la causa socialista como el propio Fidel Castro o el guerrillero Ernesto “Ché” Guevara, que durante mucho tiempo funcionaron como dioses de un Olimpo a prueba de misiles. Todo comenzó con el derrumbe del Muro de Berlín en 1989 y la desintegración de la Unión Soviética en 1991. El niño que nació en aquel momento, tiene ahora 32 años, la misma edad que tenía Fidel Castro cuando llegó a La Habana en enero de 1959.

Algunos de los arrestados han sido condenados a penas de hasta 20 años de cárcel, lo cual ha provocado una ola de protestas. El premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, la galardonada actriz norteamericana Meryl Streep, la periodista y escritora mexicana Elena Poniatowska, y la autora chilena Isabel Allende, son sólo algunos de los más de 300 intelectuales que han solicitado al régimen cubano que “respete el derecho a la libertad de expresión, incluida la libertad artística”. En un documento que contiene esas demandas, los firmantes también piden “terminar inmediatamente con los abusos constantes contra artistas, liberar a todos los que han sido detenidos arbitrariamente y desistir de todos los cargos contra ellos”.

Poco después de las protestas, el propio Biden emitió un contundente comunicado de prensa. “Inequívocamente condeno las detenciones masivas y los juicios vergonzosos en los cuales injustamente se ha condenado a prisión a aquéllos que se atrevieron a hablar, en un esfuerzo por intimidar y amenazar al pueblo cubano para silenciarlo. El pueblo cubano tiene los mismos derechos a la libertad de expresión y a las manifestaciones pacíficas que tienen todos los pueblos”, subrayaba el comunicado.

Esa es la realidad cubana, en este aniversario del triunfo de una revolución que pudo haber sido muy diferente si hubiese elegido el camino del bienestar y la prosperidad, en libertad.

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