Cuauhtémoc Blanco y sus dos sueños: ser presidente de México, y si no, entrenador del Tri

Cuauhtémoc Blanco en 2015, cuando se registró como candidato a alcalde de Cuernavaca. (Reuters)
Cuauhtémoc Blanco en 2015, cuando se registró como candidato a alcalde de Cuernavaca. (Reuters)

Cuauhtémoc Blanco tiene dos sueños. Si no se puede uno, pues el otro. Plan A y Plan. El primero, aunque suene a chiste de Twitter, es ser presidente de México, algo que, a estas alturas, hasta él tendría que dar por olvidado. Y el otro, obviamente ligado al futbol, es ser entrenador de la Selección Mexicana. Al menos, en su descargo, se puede decir que es claro en sus intenciones. En eso no se parece tanto a los políticos de toda la vida: dice siempre lo que piensa de verdad.

El actual gobernador de Morelos reveló cuáles son sus intenciones a futuro. “Si se da (seguir en la política), qué bueno. Si no, me regreso (al futbol) -como siempre he dicho- a ser entrenador de un equipo de aquí de México”. Me encantaría dirigir en el extranjero, me gustaría un día dirigir al América y un día dirigir a la Selección, cómo no, pero hay que ir paso a paso”, dijo en declaraciones a los medios recuperadas por El Universal.

Blanco en su último mundial, tras anotarle a Hugo Lloris de Francia en Sudáfrica 2010. (REUTERS/Henry Romero
Blanco en su último mundial, tras anotarle a Hugo Lloris de Francia en Sudáfrica 2010. (REUTERS/Henry Romero

A pesar de que en su actual cargo, Blanco ha dejado mucho que desear, y los niveles de violencia en Morelos son altísimos, él sigue creyendo que tiene lo necesario para ocupar el cargo de mayor importancia en este país... sí, la presidencia. No confundamos. El ídolo de multitudes sostiene que él no es como los otros: “Pero no me voy a casar (con la idea de ser presidente). Yo no soy como muchos políticos. Si me dicen que sí, pues adelante, pero si me dicen que no, pues me regreso al futbol".

Y aunque, evidentemente, la importancia de ser entrenador del Tri en nada se compara con la de ser presidente (aunque muchos digan que son las sillas más 'calientes' del país), hay que decir que el Cuau tampoco está preparado para ocupar el cargo de seleccionador. Nunca ha dirigido a ningún equipo y empezar una trayectoria en el banquillo después de los 50 años no parece ser el mejor método para llamar la atención de quienes toman decisiones en el balompié nacional. SI ya era irreal imaginarlo en la política, también lo es imaginarlo como director técnico del Tri, que será una selección de cuestionable nivel pero, hasta eso, sus llaves no se le entregan a novatos ni entrenadores sin prestigio.

Y no, no es que Blanco, por ser futbolista, no tenga derecho a participar en la política. Pero tampoco le queda a Cuauhtémoc esa etiqueta de outsider de la política, cuando ha pasado ya ocho años en ese mundo y cuando su período de gobierno termine, habrán pasado nueve años desde que se empezó a hablar de él en términos políticos y no futbolísticos (poco se recuerda, pero su último torneo como profesional, el Clausura 2015, no lo pudo terminar por completo, pues fue llamado por el PSD para entrar en campaña y retirarse de manera definitiva del futbol profesional).

Es en este punto, cuando cualquiera podría preguntarse algo muy obvio: ¿No le salía mejor quedarse en el futbol? Fama ya la tenía; dinero, también. Y pese a que supo ser odiado por un amplio sector de la afición, cuando jugaba con el América, Cuauhtémoc se ganó el corazón de la mayoría de los mexicanos gracias a su paso por la Selección Mexicana. Todo era perfecto, pero decidió entrar a la política. Lo curioso es que, en realidad, a cada rato sale en todos lados hablando de futbol. Es la dualidad: en él conviven el pasado del futbolista glorioso y el presente de un político que se parece mucho a los políticos de toda la vida... aunque él diga que no.

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