La muerte del 'Hijo del Perro Aguayo, el día que se demostró que la lucha libre no es un juego

El Hijo del Perro Aguayo, en una imagen del año 2010. / Foto: AP

21 de marzo es una día para celebrar, ya sea la primavera, el natalicio del Benemérito de las Américas o recordar a uno de los personajes consentidos de la lucha libre mexicana, el Hijo del Perro Aguayo, que en 2019 cumple cuatro años de su fallecimiento.

El espectáculo, calificado y estudiado desde hace años como “circo, maroma, teatro y deporte”, es parte ineludible de la idiosincracia mexicana, desde Tijuana, hasta Mérida. Figuras como Perro Aguayo Jr., son elevadas a nivel de héroes, siguiendo los pasos del Santo, Blue Demon, Mil Máscaras, Fishman, el propio padre, Perro Aguayo, y muchos más, con la característica que el hijo falleció a los 35 años de edad.

Debutó profesionalmente en 1995 apenas a los 15 años de edad en Triple A.  Pudo luchar junto a su padre, lo que pocos han podido hacer, y obtener el Campeonato Nacional de Parejas. Tras ocho años en la Triple A, El Hijo del Perro Aguayo saltó al Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL).

Fue en la legendaria Arena México donde reforzó su estatus de ídolo rudo, cosechó victorias al por mayor, entre las más recordadas fue el de la histórica unión con su padre para vencer en una lucha de cabelleras a los Hermanos Dinamita: Máscara Año 2000 y Cien Caras en 2005.

En 2008 fue un año especial para el ‘Cachorro” creó su propia marca llamada “Los Perros del Mal” y también regresó a la Asistencia, Asesoría y Administración junto con su equipo. Mantuvo el protagonismo en los encordados, ganó Rey de Reyes en 2012 y un año después, en Triplemanía XXI rapó al Cibernético. Los Perros del Mal, fue el legado que dejó en el CMLL, un equipo de luchadores que incluía a Héctor Garza, Damián 666 y Halloween.

Aguayo Ramírez fue un guerrero dentro y fuera del ring, su combate más fuerte fue vencer el cáncer de estómago en 2011. En agosto del 2015 fue incluido en el Salón de la Fama de la Triple A.

No pudo vencer una mala caída. Fue en en el auditorio de Tijuana, Baja California en una lucha contra otro gran consentido, no sólo de México, sino de los Estados Unidos, Oscar Gutiérrez o Rey Mysterio.

Habían transcurrido sólo seis minutos de lucha, cuando el México-estadounidense envió hacia las cuerdas al Hijo del Perro Aguayo. La forma en que yacía tras esta acción no era común, no se movía y parecía no respirar. La angustia se apoderó de los luchadores y de la afición aquel 21 de marzo de 2015.

El día del funeral del Hijo del Perro Aguayo, en Guadalajara, un 22 de marzo de 2015. / Foto: Getty Images

Konnan trataba de hacerlo reaccionar. El personal médico lo movía pero no había respuesta. Con una especie de camilla, el joven luchador fue trasladado a un hospital cercano. Horas más tarde la empresa Triple A confirmaba su muerte.

Una lesión en las cervicales provocó un paro respiratorio, así murió Pedro Aguayo Ramírez a los 35 años de edad.

Su muerte impactó al mundo de la lucha libre y con esto se demostró, una vez más, que este deporte no es un juego, o un circo, no son “payasos violentos”. Máscara Año 2000 dijo alguna vez: “la gente piensa que es un juego, es un deporte de alto riesgo. Sabemos que subimos al ring, pero no sabes si vamos a bajar”.

La lucha libre ha visto a varios de sus gladiadores dejar la vida en los encordados, si bien en México no ha habido muchos decesos, se puede recordar al mexicano Oro, quien el 26 de octubre de 1993, participó en una lucha de relevos australianos. Antes del combate, Oro había pedido que le pegaran en la cabeza para hacer más dramática su participación. Sobre la lona, el enmascarado Kahoz dio un giro y chocó con Oro, quien se desplomó de inmediato. La pelea continuó pese a que Oro nunca se levantó y fue sacado del ring en camilla. El joven de 21 años sufrió un aneurisma cerebral, según algunos reportes, lo que terminó con su vida antes de pisar la ambulancia.