“Cuarentena imperfecta”. Aún con movilidad reducida, los casos y las muertes por Covid-19 siguieron aumentando

José María Costa
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SOCIEDAD recorrido por la ciudad para ver como se viaja en el transporte publico Retiro
Ignacio Sanchez

“Cuarentena imperfecta”. Esa es la conclusión a la que arribaron uno de los expertos que asesora al Gobierno, funcionarios y exfuncionarios sanitarios consultados por LA NACION al analizar los datos de movilidad durante el último año. Con la frase se refirieron a la combinación de diversos factores como la falta de cumplimiento social de las medidas, un laxo control estatal y escenas de gobernantes que violaron las propias restricciones que promovían y que dinamitaron la credibilidad del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO), que hoy cumple un año.

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La duración de la medida, que en algunas zonas como el área metropolitana de Buenos Aires (AMBA) se extendió por 234 días, ubicó a la Argentina entre uno de los países en el que más tiempo perduraron las restricciones a la circulación. A pesar de estas limitaciones, los contagios y las muertes por Covid-19 en la Argentina no dejaron de crecer. Así lo muestra el análisis que LA NACION hizo de la base de datos de Google, que proporciona información sobre la variación del nivel de movilidad antes y durante la pandemia en zonas residenciales y espacios de trabajo, y de los números del Sistema Nacional de Vigilancia en Salud (SNVS) que registra el recuento de afectados por el virus.

LA NACION consultó a los ministerios de salud nacional, porteño y bonaerense para obtener su análisis del año de las primeras medidas para frenar el avance de la pandemia, pero no obtuvo respuestas.

“Fue lo que yo llamaría una ‘cuarentena boba’ la que se dio a partir del cuarto mes. Los primeros dos meses se cumplió. Hubo muchísima adherencia y compromiso social. Después, ya sea por necesidad económica -hay un altísimo índice de personas que trabajan de manera informal- o por el hartazgo social progresivo, la gente no cumplía nada”, analizó Adolfo Rubinstein, ministro de Salud de la Nación durante la gestión de Juntos por el Cambio.

Para el exfuncionario, es complejo y dificultoso el control de estos comportamientos. “Si uno mantiene muchísimos meses encerradas a las personas es inviable el cumplimiento y la gente, al final, se rebela. Se debió haber cortado mucho antes y tener un esquema de aperturas y flexibilizar las medidas con protocolos. Es lo que hicieron la mayoría de los países. Muy pocos tuvieron más de tres meses de cuarentena continua”.

Preparación

El infectólogo y jefe del Departamento de Medicina del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, Eduardo López, considera que el comienzo de las restricciones fue beneficioso para fortalecer el sistema sanitario. “La medida que se tomó el 19 de marzo del año pasado, que fue una cuarentena muy rígida y cumplidas por la gente, aunque parezca mentira fue exitosa”. Y argumentó: “Primero, porque se preparó el sistema de salud que estaba prácticamente desmantelado para recibir una pandemia. Se compraron equipos, respiradores y se empezó a motivar y preparar al equipo de salud para una pandemia que es realmente importante”. Y, sobre este tema, el integrante del equipo de asesores de la Presidencia, concluyó: “Esto permitió que el sistema de salud estuviera tenso, pero que no colapsara como en otros países de la región y el mundo. Por eso, esa primera etapa fue exitosa”.

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Sin embargo, para el especialista, a medida que pasó el tiempo, las restricciones dejaron de ser efectivas: “Se transformó en una cuarentena imperfecta. La gente, por cansancio y otras causas como pueden ser las económicas, dejó de cumplirla. Probablemente, en esa etapa, hubiese sido mejor no prolongar el ASPO, porque, finalmente, no hay peor cuarentena que la que no se cumple”.

Rubinstein coincidió con López: “Lo que se empezó a ver en el AMBA es un cambio de la movilidad con el paso de los meses. En los primeros dos, la caída fue brutal, más aún en la ciudad de Buenos Aires. Pero que rápidamente se comenzó a recuperar. Yo diría que, para agosto y septiembre, que es cuando llegó el pico de casos al AMBA, en algunos partidos del conurbano ya se había recuperado la movilidad a niveles precuarentena. Ahí hay una pauta grosera de que el aislamiento se rompió. Se empezó a deshilachar después de los dos meses. Comenzó a resquebrajarse entre el mes tres y el cuatro. Se rompió en mil pedazos en el quinto y el sexto mes. Ahí es cuando se observa la explosión de casos”.

López sumó otra variable: “Por otro lado, durante esa etapa, tuvimos bajos testeos, porque tampoco había tantos reactivos. En segundo lugar, logísticamente no era tan fácil tampoco. Después el tema de los testeos se comenzó a corregir y aumentaron mucho a partir de diciembre”.

Con la mira puesta en una eventual segunda ola de contagios, el infectólogo reflexionó: “Otro tema, que nos queda como lección aprendida, es que tenemos que mejorar la comunicación. En especial, la dirigida a los grupos que más incumplieron, que son los adultos jóvenes y los jóvenes. Hoy por hoy, estamos ante una disyuntiva nueva. Esto es, no hacer cuarentenas tan prolongadas, ni tampoco cerrar las actividades productivas. Pero necesitamos que lleguen más vacunas para cumplimentar el muy buen plan estratégico que se diseñó desde el Ministerio de Salud”.

En la Ciudad, el subte es el que menos pasajeros recuperó

Subte, tren, colectivo y autos fueron los cuatro medios de transporte que se monitorearon en la ciudad de Buenos Aires desde que comenzó el ASPO hasta la actualidad. Según el relevamiento de la Secretaria de Transporte y Obras Públicas porteña, el paulatino regreso de los pasajeros y conductores fue muy diferente en función del medio de elegido. Un mayor número regresó a sus automóviles, mientras al subte solo volvieron uno de cada cinco pasajeros en promedio.

Sobre la base del análisis oficial, al que accedió LA NACION, se puede ver que el 19 de marzo pasado, cuando el Presidente anunció que al día siguiente comenzaba el ASPO, por las autopistas porteñas ingresaron a la ciudad 139.929 autos y salieron 150.722; circularon 290.651. Un año después, por las autopistas porteñas circularon 224.000 vehículos y representa el 81% del volumen promedio que había antes del aislamiento social. En el último año, el día hábil que menos autos circularon por la ciudad fue el 25 de marzo pasado, se registraron poco más de 63.000 vehículos entre los que entraron o salieron por las autopistas.

En el caso de los colectivos, donde se realizan cuatro de cada cinco viajes del transporte público porteño, en promedio previo a la pandemia había 7.150.000 de usuarios. Según el último dato disponible, al miércoles pasado, 5.501.000 pasajeros usaron este transporte. Esto representa el 77% de la gente que viajaba un día habitual antes del aislamiento social. También fue el primer miércoles del ASPO el día hábil que menos personas tomaron colectivos en la ciudad. El total registrado, que incluye a todas las líneas, llegó a 927.248; casi un 13%.

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Cuando se analiza la circulación en los trenes metropolitanos: Ferrovías, Urquiza, Belgrano Sur, Mitre, Roca, San Martín, Sarmiento y Tren de la Costa, en conjunto previo a la pandemia tenía 1.125.000 viajes, el miércoles pasado sumó 629.000. Un 44% menos que antes de iniciado el aislamiento. El día que menos gente circuló fue 26 de marzo pasado, con 55.492 lo que equivale al menos del 5% del promedio semanal.

El sistema de transporte que menos pasajeros recibió fueron las seis líneas se subte y el premetro que en la actualidad tiene uno de cada cuatro viajes respecto al período pre pandemia. En promedio, los viajes diarios en subte estaban casi en el millón. El miércoles viajaron 255.000 personas, el 26% del volumen habitual. En este transporte, el día hábil de menos viajes también fue el 25 de marzo con 19.605; solo el 2%.

Otro transporte que resultó ganador en la pandemia fue la bicicleta. En 2019 se hacían unos 316.000 viajes diarios. En 2020 subió a 405.000; este dato incluye a usuarios de bicicletas particular y el sistema Ecobici. Además, con las ciclovías incorporadas en Corrientes y Córdoba, los trayectos de ciclistas crecieron 186% en el primer mes y se triplicaron las mujeres ciclistas en esas trazas.

“El virus todavía circula y la pandemia no terminó, por eso los distintos medios de movilidad no volvieron a la normalidad y siguen funcionando con restricciones. Junto con el Ministerio de Salud monitoreamos en forma constante la situación del transporte para que sea un espacio seguro”, dijo a LA NACION, Juan José Mendez, secretario de Transporte y Obras Públicas porteño.