Cuándo puede haber un quiebre, la difícil pregunta de la economía local

·5  min de lectura

El derrumbe de un edificio de departamentos ubicado en Miami planteó de manera dramática una cuestión que aparece cada vez que alguien observa que “algo no está bien” y, naturalmente, pregunta cuándo se producirá un quiebre y qué habría que hacer antes, durante y después de un evento. En la Argentina 2021 estos interrogantes se plantean todos los días con respecto a la política cambiaria en particular, y a la política económica en general.

Al respecto, conversé con el estadounidense Geoffrey Hoyt Moore (1914-2000). En 1939, Arthur Frank Burns lo invitó a trabajar un año en el National Bureau of Economic Research (NBER), institución en la que se quedó medio siglo. Su vida y filosofía laborales fueron profundamente afectadas por sus relaciones con Burns y con Wesley Clair Mitchell.

–El enfoque del NBER es muy específico.

–Es un enfoque cuantitativo, basado en gran cantidad de datos, que enfatiza la búsqueda de hallazgos. El fin no son los datos, sino los hallazgos. Lo cual plantea la cuestión de la permanente actualización de la relevancia de dichos hallazgos.

–El enfoque fue particularmente criticado por Tjallings Charles Koopmans.

–Nos acusó de “medir sin teoría”; cuanto menos, una exageración. A algunos economistas y econometristas les gusta plantear un modelo y verificarlo en la práctica; otros prefieren que primero “hablen” los datos. Todo lo que contribuya a entender mejor la realidad, sirve.

–Dentro del NBER su contribución fue específica.

–Comparando la evolución del PBI con la de muchos otros indicadores, clasifiqué a estos últimos en adelantados, simultáneos y desfasados. En 1950 publiqué una monografía en la cual, sobre la base de la sistematización de unas 800 series temporales, seleccioné 21 (8 fueron calificadas como indicadores anticipados, 8 simultáneos y los 5 restantes, como indicadores atrasados del ciclo económico). En la revisión de 1960, el número de indicadores seleccionados subió a 26. A propósito: Juan Mario Jorrat, economista de la Universidad Nacional de Tucumán, durante muchos años aplicó esta metodología a los datos de la Argentina.

–Para tomar decisiones, supongo que los indicadores más atractivos son los adelantados.

–En efecto. Si la producción de lapiceras deja de aumentar, o de disminuir seis meses antes de que lo haga el PBI, la primera serie se puede utilizar como pronosticador de la segunda. Insisto en que se trata de un enfoque puramente empírico, de manera que la calificación de un determinado indicador como adelantado con respecto al ciclo, debe ser permanentemente verificada.

–Aunque no exista un modelo explícito, ¿cuál es el fundamento del enfoque?

–Que una estructura económica básicamente estable genera una evolución cíclica, y que la sincronización no es simultánea entre todas las variables. Lo primero, en el mundo actual, está siendo puesto en duda.

–En la Argentina actual el problema que enfrentamos es diferente. Un país donde la tasa de inflación ronda 50% interanual, el tipo de cambio oficial apenas se mueve, y las tarifas de los servicios públicos aumentan mucho menos que la tasa de inflación, es un país donde cabe sospechar que “algo va a ocurrir”.

–Máxime con la experiencia que en la materia tienen los argentinos, portadores de una sensibilidad que no tienen quienes no han estado expuestos a fuertes volatilidades. No hay que ir a la facultad para pensar que tanto el atraso cambiario como el tarifario, en algún momento tendrán que corregirse.

–Pero quien debe adoptar decisiones pregunta cómo y cuándo.

–Lo entiendo. Quien se enterara de que el tipo de cambio oficial será devaluado el 8 de septiembre de 2021, compraría dólares unos días antes; de la misma manera que quien supiera que un edificio se va a derrumbar el 20 de octubre de 2021, se mudaría en todo caso unos días antes. A propósito de lo primero, algunas empresas gastan fortunas contratando a quienes realizan pronósticos macroeconómicos.

–Si es difícil pronosticar el valor de las variables macroeconómicas, como la variación del PBI o la tasa de inflación, más difícil todavía resulta pronosticar el momento en el cual el Poder Ejecutivo no tendrá más remedio que modificar su política económica.

–No solo en la Argentina. Quien pronosticó que la cuadruplicación del precio en dólares del petróleo, ocurrida en 1973, era un fenómeno transitorio, no se equivocó; pero difícilmente en ese año hubiera pronosticado que la reducción del precio internacional del petróleo recién ocurriría en 1986, 13 años después.

–En la Argentina 2021, a propósito de la renovación parcial del Congreso Nacional, la pregunta es si el Poder Ejecutivo llegará hasta noviembre próximo sin tener que adoptar decisiones económicas costosas en términos electorales. Algunos aseguran que sí llegará, con la misma energía otros afirman lo contrario.

–A ambos, parafraseando a Milton Friedman, hágales la misma pregunta: ¿cómo lo sabe? Las empresas y las personas tienen que adoptar sus decisiones sobre la base de que los funcionarios encargados del área económica van a hacer todo lo posible para llegar sin corregir nada, pero solo Dios sabe si lo lograrán. Más importante todavía es el hecho de que si antes del comicio tuvieran que elaborar un plan de emergencia, dudo que cuenten con la suficiente confianza política e idoneidad técnica para lograrlo.

–¿Por qué es tan difícil pronosticar el timing de una modificación de la política económica?

–Porque, más allá de la suficiencia con la que hablan los funcionarios y los analistas privados, sabemos muy poco sobre el funcionamiento concreto del sistema económico; y mucho menos de las velocidades con las cuales las decisiones absorben las novedades. No existe ningún modelo macroeconométrico al cual uno alimente con los objetivos de la política económica y señale las dosis con las cuales hay que aplicar los instrumentos; y mucho menos, un modelo que muestre la velocidad con la cual los seres humanos responden a los diferentes estímulos.

–¿Cómo toman entonces las decisiones los funcionarios y los empresarios?

–La mala lectura es que cualquier cosa vale; la buena lectura es que, dada la incertidumbre, hay que ser prudente, apelar a la historia, concentrar el accionar en lo probado que funciona, y no insistir en lo probado que no funciona, y fundamentalmente…

–Fundamentalmente, ¿qué?

–Prestarle atención a los indicadores de desequilibrio. Claro que eso no le devolverá la vida a quienes fallecieron por lo ocurrido el otro día en Miami. Pero para los inmuebles ubicados en la zona constituirá una economía externa, porque las verificaciones se harán de manera más rigurosa que hasta ahora. Con la política económica debería ocurrir lo mismo.

–Don Geoffrey, muchas gracias.

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios se conecten en relación con sus intereses. Para mejorar la experiencia de nuestra comunidad, suspenderemos temporalmente los comentarios en los artículos.