El crypto toro de Miami es uno de los desatinos del alcalde Francis Suárez | Opinión

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José A. Iglesias/jiglesias@elnuevoherald.com

Hay una palabra en español que los lugareños usan a menudo para describir al alcalde de Miami, Francis Suárez, impecablemente vestido y hablador, que ahora es celebrado y ridiculizado como el “alcalde criptográfico de Estados Unidos”.

Postalita.

Un farsante, vanidoso y preocupado por lo superficial (o personalmente oportunista) en detrimento de lo importante.

Solía pensar que la caracterización era un poco dura, cosa de la calle. Pero después de que Suárez abandonó a su suerte al jefe de policía al que había traído a la ciudad y lo dejó en manos del carro de payasos en el Ayuntamiento, comencé a pensar que tal vez estos miamenses tenían razón.

Las cosas solo se han vuelto más equívocas cuando se trata del alcalde.

¿Cuál es la posición de Suárez en temas importantes de la ciudad?

¡Quién sabe!

Pregúntele a su némesis, el comisionado Joe Carollo, quien parece haber quedado a cargo del asilo de locos.

Cuanto más llamativa es la cuestión y más atención nacional atrae, más interesado está Suárez (usar criptomonedas como licitación de la ciudad, perseguir a Elon Musk en Twitter para construir un túnel subterráneo en una ciudad con mares en ascenso, que ni siquiera puede sostener el empleo de funcionarios de la resiliencia).

Si su antecesor, Tomás Regalado, era el alcalde obsesionado con las minucias y los baches, Suárez se ha pasado al otro extremo. Es el alcalde de los forasteros que vienen a Miami con sus maquinaciones y sueños.

Su última sesión de fotos oportunistas ilustra mejor que nada en lo qué se ha convertido: el liderazgo “Bitcoin” Suárez es todo destellos y poca acción con respecto a los problemas locales que son importantes para los residentes.

Pero traiga la presentación del Miami Bull, una estatua de 3,000 libras inspirada en el icónico Toro que Embiste de Wall Street, a la conferencia Bitcoin 2022 en Miami Beach, y Suárez brilla, él es el dueño, él es el hombre.

“Bienvenido al futuro de las finanzas”, dijo Suárez, luciendo zapatillas deportivas con la marca Bitcoin, mientras revelaba la figura parecida a un Transformador en el Centro de Convenciones de Miami Beach.

Imitación del Toro Embestidor

Miami, la “capital del capital”, como la llamó Suárez, no necesita copiar a Manhattan con una escultura robótica de Toro embestidor como declaración de que nos hemos convertido en un centro financiero.

Ya lo éramos.

Esto ya era un hecho en la década de los 1980, cuando el capital latinoamericano (y las ganancias del tráfico de drogas) inundaron la ciudad e impulsaron el desarrollo de enclaves como Brickell Avenue, donde se inauguraron centros bancarios internacionales y trajeron a la ciudad nuevos residentes ricos.

La ciudad se dio a conocer como la exótica puerta de entrada multilingüe a las Américas, un destino de aspirantes de clase mundial, que atrajo la atención de los europeos y, finalmente, la multitud mega rica y coleccionista de arte.

La evolución fue realmente innovadora en ese entonces y lo único que nos impidió llegar aún más alto fueron los mismos males que nos frenan ahora: la política tercermundista y la corrupción.

Se suponía que Suárez sería el alcalde que modernizara el ambiente provincial del ayuntamiento, pero se ha pasado de la raya vendiendo Miami a extraños mientras abandona los problemas de los residentes de toda la vida.

Un ejemplo: los residentes negros de Coconut Grove, descendientes de los fundadores, pierden su voz electoral ante la redistribución de distritos incitada personalmente por Carollo. Suárez, en silencio.

Parece haber decidido no involucrarse, al menos de manera pública, en la discusión de temas políticos con comisionados o residentes. No defiende nada durante las reuniones.

Si se relaciona con la gente, es entre bambalinas o no lo hace en absoluto.

Pero el vendedor más destacado de Miami está vendiendo... el futuro, ¿o una estafa?

La apuesta criptográfica del alcalde

La criptomoneda sigue siendo nada más que una apuesta de alto riesgo, ya sea bitcoin o el artilugio MiamiCoin que Suárez soñó en asociación con una organización sin fines de lucro, y que luego vio rápidamente perder su valor.

Cuando anunció que los dividendos se destinarían a un programa de asistencia de alquiler para residentes, el alcalde solo improvisaba.

Nadie había hecho ninguna investigación pertinente. El experimento fracasó.

“La innovación no siempre funciona”, justificó Suárez el fracaso al Miami Herald.

Pero sí hay cosas concretas que podría hacer para abordar la crisis de viviendas asequibles de la ciudad.

¿Qué ha hecho?

No mucho.

Es por ello que el robot con los espeluznantes ojos azules que brillan todo el día y los cuernos dorados es una metáfora adecuada para el liderazgo de Suárez: todo sandeces, nada de acción.

Problemas que importan a Miami

MiamiCoin no es la única apuesta de Suárez.

El otro esfuerzo que ocupa todo su tiempo, y, según los expertos, la razón por la que no se enfrenta públicamente a los comisionados, es la iniciativa para construir un estadio de fútbol y un complejo hotelero y de entretenimiento junto al Aeropuerto Internacional de Miami en el sitio Melreese Park de 131 acres, propiedad de la ciudad, el único campo de golf de la metrópoli.

Suárez necesita que cuatro de los cinco comisionados voten afirmativamente por el proyecto para emitir un contrato de arrendamiento sin licitación por 99 años a un consorcio de inversionistas encabezado por el magnate Jorge Mas Santos, su hermano, José, y la ex-estrella de fútbol David Beckham.

No los va a molestar, en particular a Carollo, por los derechos de voto de una comunidad negra histórica. O por los altos alquileres en Flagami y Little Havana, o por dónde se construirá la piscina municipal en Morningside.

Todo el coraje de Suárez, los bitcoins y MiamiCoins dependen de la fantasía futbolística “Freedom Park”, llamada así por todo el valor emocional que se puede extraer de la manoseada palabra “libertad”. Irónico, cuando lo único libre de este asunto es darle a un precio de regalo un valioso terreno público, un bien de la ciudad, para un proyecto privado de los ricos.

Mientras tanto, el Teatro Olympia del centro histórico (antiguamente el Gusman para aquellos de nosotros que hemos disfrutado de las actuaciones allí durante décadas) se está desmoronando. La restauración del Marine Stadium no avanza y los proyectos de drenaje necesarios permanecen inactivos, se quejan los miamenses.

Pero el alcalde está ocupado montando los toros de bitcoin, tecnología y fútbol.

Alguien tiene que despertar a Suárez de su delirio y decirle: toda esa testosterona alcista se puede aprovechar mejor, alcalde.

Intente liderar sobre temas que realmente importan.

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