No cruces un río si te dicen que tiene un metro de profundidad en promedio

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Repartir recursos sin pensar ni tener estrategia sobre cómo generarlos es una política no pensada para el futuro
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Un placer recibirlos en este espacio, cuyo título es una frase que se le asigna a muchos pensadores. Mas allá de quién sea el autor, creo es imprescindible tenerla presente para analizar lo que puede pasar en materia económica en nuestro país, al menos hasta noviembre, para no confundir promedios con tendencias. Precisamente, nuestro mayor problema es la tendencia hacia la cual vamos.

Seguramente la mayoría de nosotros recibió más de 27.534 frases e historias por minuto por WhatsApp, la mayoría repetida en los 8231 grupos de los que participamos. Quiero enfocarme en una de ellas para esta nota, con la esperanza de que una vez más ustedes participen en este debate que quiero provocar, para no confundir lo que queremos que pase con lo que pueda pasar.

“El tigre, el león y la pantera son animales inofensivos, en cambio son extremadamente peligrosos la gallina, el ganso y el pato”, les decía una lombriz a sus hijitos.

Entiendo claramente lo sucedido en los años 70, las distintas herencias y el efecto de la pandemia, pero nuestro enemigo más peligroso, si no cambiamos el rumbo, no es el pasado, sino el futuro. Necesitamos cambiar el rumbo y no acelerar la marcha en el que vamos.

La idea de esta columna es enfocarnos en el corto plazo, tratando de interpretar los posibles escenarios:

Escenario 1. Si la mayoría de los que emprenden cree que las cosas van a mejorar, entonces venderán los dólares ahorrados o se animarán a endeudarse para invertir en negocios productivos, empleando gente e incluyendo a estos trabajadores en el mundo del consumo. Se generaría así un círculo virtuoso.

Escenario 2. Si creen que eso no va a suceder, entonces no aparecerán negocios, no se crearán empleos y más ciudadanos tendrán que vivir de un Estado que, al no tener recursos, emitirá moneda de poco valor.

¿Qué escenario tiene más probabilidades de ocurrencia? Vamos al grano.

¿Ustedes creen que el Gobierno va a cambiar su postura y se va a volver menos intervencionista, más productivista y más respetuoso de las instituciones?

¿Ustedes creen que van a llegar esas inversiones para generar el círculo virtuoso, por el resultado electoral de noviembre?

¿Ustedes creen que se van a hacer las reformas estructurales necesarias para atraer más inversión privada, más empleo genuino y menos dependencia de la dádiva de un dirigente político, sindical o líder social?

¿Ustedes creen que van a dejar de emitir dinero, y que van a ajustar el gasto político?

¿Ustedes creen que vamos a presenciar un gran acuerdo político, en el que los ciudadanos confíen, para generar un shock de confianza? Se necesita claramente un nuevo modelo económico y éste exige un fuerte poder político. ¿Ustedes lo ven?

Si su respuesta es “sí” a todo, no sigan leyendo, mejor disfruten de este hermoso día. Si su respuesta es “no” a todo, igual no sigan leyendo, es más divertido disfrutar de este día.

Tras muchos años de experiencia, muchas crisis y euforias en mi mochila, déjenme contarles que hay un momento en los mercados en el cual la percepción, la intuición, el olfato y, por sobre todo, el “coraje” de un inversor, es mucho más importante que basarse en modelos matemáticos, en teorías de administración de riesgos o en simples estadísticas o encuestas políticas, aunque estén hechas por grandes académicos. Soy un admirador del conocimiento, solo digo que en estos momentos protege más a las inversiones un buen olfato que un modelo matemático.

Hoy es momento de ser astutos, y ser astutos no es “no” tomar riesgos, sino saber medirlos.

Sé que no hay ningún motivo para estar eufóricos. Todavía se piensa más en repartir recursos que en generarlos y eso es un castigo al futuro. La sociedad está castigando a sus dirigentes con su voto, pero no está confiando en un futuro mejor.

Pero mientras estoy escribiendo esta nota y percibiéndome triste, me está picando un bichito esperanzador, porque una vez más necesito citar a Les Luthiers: “Felices los que poco esperan, porque jamás serán defraudados”. Me parece que es la propia sociedad la que va a terminar pidiendo los cambios de fondo, porque va entendiendo que con promesas de asado, de inversiones, de plata para cortar una calle o para ir a una marcha, ya no alcanza ni para sobrevivir. El campo siempre nos enseña que para progresar hay que sembrar en tecnología, en sanidad animal o vegetal, en conocimiento de suelos, en pronósticos del clima, y que recién después de todo eso vendrá una buena cosecha.

La percepción hasta ahora es que el Gobierno va a seguir en el mismo rumbo, solo que quizás más rápido.

Y la sobreemisión de dinero por el gran déficit generado, en algún momento alguien lo tendrá que pagar.

Si ustedes creen que serán los consumidores, ya sea por un brote inflacionario o una devaluación de la moneda para licuar los pasivos, entonces compren activos.

Si ustedes creen que serán los contribuyentes los que pagarán la cuenta con una suba de impuestos, entonces no compren activos.

Si ustedes creen que serán los acreedores, por reducciones de deudas o concursos preventivos, no compren bonos del Gobierno.

Cada uno va a querer que lo paguen los otros y, como siempre, va a haber muchos perdedores. Solo déjenme decirles que el nivel de confiscación tributaria pone en duda el sentido de seguir produciendo. Para pagar Bienes Personales muchos necesitaron sacrificar activos, perdiendo ahorros. Piensen en el esfuerzo que hizo mucha gente, postergando consumos para tener algo guardado para los años menos productivos. La ecuación para el futuro es: tu jubilación no te va a alcanzar y tus ahorros tampoco. No es sostenible, y ahí nace de nuevo la esperanza de cambio.

Sobre la base de lo que ustedes crean que se decidirá en cuanto a quién deberá pagar la cuenta, uno debe elegir si invertir o desinvertir. Por ahora son muchas más las empresas y, peor aún, las personas que se van que las que quieren venir.

Yo creo que el próximo escenario será más inflacionario, por eso prefiero tener activos. Acciones de empresas dolarizadas. Activos que ajusten por inflación (real), mercaderías fácilmente transables.

La interrelación entre necesidades infinitas y la disponibilidad limitada de los recursos es lo que define la escasez. Por eso vemos la forma en que administramos tiempo y dinero.

De aquí a noviembre, ¿cuánto puede valer el dólar? Sabemos el dólar “no” vale $98 (precio oficial). A ese valor el vendedor (exportador) lo hace obligado y restringen al comprador, ya sea para ahorrar, para viajar o, simplemente, para importar (cada vez permiten hacerlo menos).

La estrategia oficial será intentar anclarlo para controlar la inflación. Subir salarios públicos para generar ilusión de consumo y congelar tarifas, lo que implicaría pagar más subsidios, o sea, más gasto público. Así lo expresa el presupuesto 2022.

Sabemos que el resultado será de más emisión monetaria, más fuga de esos pesos a productos, activos o, tarde o temprano, a dólares. Esto significa más brechas cambiarias.

Sabemos que la inflación va ser engañosa. Por eso el título de esta nota: el promedio dará menos del 3% mensual, pero sabemos que se logra por generación de precios distorsionados, porque las tarifas y el dólar no valen realmente lo que reflejan los índices. El alimento subirá más y la inflación será mayor para las personas de bajos recursos, que utilizan el 80% de sus ingresos en alimentos.

Sabemos que seguirán insistiendo en que la salida es con más consumo, con suba de la demanda, pero aprendimos que sin inversión productiva habrá más presión sobre las importaciones (es más fácil importar que producir en la Argentina, por la poca seguridad jurídica que tenemos, laboral e impositiva). De nuevo, más presión para el dólar y la inflación.

La incertidumbre sobre el futuro crece. Son dos años más de confrontaciones ideológicas y eso cansa.

En la clase dirigente muchos tienen un cartel que dice “se vende”. Y otra vez me viene a la mente mi amada y única Bobe Ana, que decía: “Nunca le pagues a alguien que se vende, porque si se vende, siempre otro le puede pagar más”.

Upton Sinclair, escritor y periodista, dijo: “Es difícil hacer que un hombre entienda algo cuando su salario depende de que no lo entienda”.

Mi bichito de esperanza es que la sociedad vaya entendiendo que la dádiva estatal ya no alcanza, y que, si no se siembra trabajo, no se cosechará prosperidad.

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