Cristina Kirchner-Carlos Menem, una relación distante, aunque marcada por el pragmatismo político

Gustavo Ybarra
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Del amor al odio y del odio a al "respeto institucional" y una relación política basada en los últimos tiempos en el pragmatismo del beneficio mutuo. Ese es el derrotero de la relación entre Cristina Kirchner y Carlos Menem, una historia de más de un cuarto de siglo que, además, atraviesa gran parte de la historia contemporánea de la Argentina.

Esa larga relación entre ambos políticos está signada por altos picos y profundos valles, imagen que no sólo sirve para graficar los altibajos en el trato de ambos dirigentes, sino que también describe sus respectivas carreras políticas.

Aquellos picos, en el que todo eran elogios y sonrisas, hay que ubicarlos en los inicios de la década del 90, cuando Menem era el primer presidente peronista de la recuperación democrática y, sobre todo, ya había logrado domar la hiperinflación y, por lo tanto, encolumnar al PJ detrás de su figura.

Uno de aquellos encolumnados era el gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner, quien se deshacía en elogios hacia el entonces presidente de la Nación, a quien no dejaba pasar oportunidad para invitar a su provincia.

La inauguración del aeropuerto de El Calafate, del Hospital de Río Gallegos y hasta el anuncio del precio especial del combustible para toda la región patagónica tuvieron a ambos mandatarios compartiendo actos y elogios y a la joven primera dama santacruceña participando de buena gana de aquellas recepciones.

Por entonces, Cristina Kirchner empezaba a hacer sus primeros palotes en la política como legisladora provincial.No hay una sola versión taquigráfica de aquella época que dé cuenta de cuestionamientos de la esposa del gobernador al entonces jefe del Estado y su política económica.

Las tornas empezaron a cambiar después de 1997. Algo se rompió en la relación del matrimonio con Menem. La lectura más extendida señala el momento en que Menem se quedó sin posibilidad de re-reelección. Kirchner se alineó detrás de la figura de Eduardo Duhalde, que ya gobernaba la provincia más poblada del país y se perfilaba como el candidato del PJ para 1999. Su esposa, ya instalada en el Congreso Nacional, se convirtió así en una de las pocas voces peronistas críticas a muchas políticas del menemismo que antes habían elogiado, como la privatización de YPF.

La historia es conocida. La maldición de Carlos Tejedor se cumplió y el peronismo dejó el poder. Dos años después, crisis de 2001 mediante, Duhalde iba a conseguir en el Congreso lo que no pudo en las urnas. Año y medio después, iba a ser Duhalde el devorado por la crisis social y Kirchner se convirtió en su bendecido para enfrentar a un Menem que quería volver.

Para esta época, Cristina Kirchner ya se había forjado en el Congreso su propia imagen a fuerza de votar a contramano de la obediencia partidaria gracias a la red que le proporcionaba el hecho de ser la esposa del gobernador de Santa Cruz.

La virulencia de aquella campaña presidencial llegó a tal extremo que la por entonces senadora nacional llegó a plantear que los candidatos deberían ser sometidos a exámenes físicos y psíquicos. Fue un dardo dirigido a Menem, que ya por ese entonces contaba con 73 años.

Una vez instalado los Kirchner en la presidencia, Carlos Menem y sus políticas "neoliberales" pasaron a convertirse en el enemigo favorito de aquel kirchnerismo que empezaba a forjar un perfil propio dentro del peronismo.

La cima de aquel maltrato se registró en la sesión preparatoria de 2005, cuando Cristina Kirchner juró como senadora, ahora por Buenos Aires, y Néstor Kirchner, presente en el recinto, se llevó las manos a los testículos como forma de conjurar la supuesta mala suerte que implicaba nombrar o compartir lugar con Menem.

Menem casi nunca respondió los agravios, aunque cada tanto solía devolverle gentilezas a Cristina Kirchner, pegándole donde más le duele: en su vanidad. "A Cristina le pongo un uno", calificó hace poco menos de tres años atrás el paso por la Presidencia de la actual vicepresidenta.

Además, la vida le dio a Menem una pequeña revancha en 2008, cuando votó en contra de la Resolución 125 y colaboró, así, a que Julio Cobos terminara desempatando aquel histórico debate en el Senado.

La relación siempre fue "distante", como la calificó alguna vez Menem, pero tuvo un ligero descongelamiento en noviembre de 2019, cuando Menem aceptó sumarse al nuevo bloque del Frente de Todos.

Fue un acuerdo que benefició a ambos. Menem logró que su nombre y su gobierno dejaran de ser el mal encarnado -ese lugar lo pasó a ocupar Mauricio Macri-; mientras a Cristina Kirchner le permitió reunificar al peronismo en el Senado y, tal vez lo más importante, asegurarse la mayoría necesaria para que la vicepresidenta maneje la Cámara alta a su antojo.