La crisis política de Somalia, una bomba de relojería

Agencia EFE
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Nairobi, 17 abr (EFE).- Somalia sufre desde hace años un sinfín de crisis, pero esta semana se adentró en una nueva y peligrosa fase: un impás político que amenaza con convertirse en una bomba de relojería y quita el sueño a la comunidad internacional.

El complicado presente de este país clave para la seguridad en el Cuerno de África es aún víctima de un pasado convulso marcado por la caída en 1991 del dictador Mohamed Siad Barre, que desató una guerra civil y privó al país de un gobierno efectivo, quedando a merced de señores de la guerra y milicias islamistas como Al Shabab.

En 2017, el antiguo primer ministro Mohamed Abdullahi Mohamed Farmaajo resultó elegido, por sorpresa, presidente federal.

Farmaajo se comprometió entonces a pacificar y reunificar el país (la región de Somalilandia se había autoproclamado república independiente), celebrar en 2020 las primeras elecciones con sufragio universal desde 1969, eliminar la endémica corrupción, terminar con la bancarrota nacional y aplacar la emergencia humanitaria que hoy asfixia a cerca de seis millones de personas.

Sin embargo, el liderazgo del presidente y su margen de maniobra se han resentido por las rencillas entre clanes antagonistas, el terrorismo yihadista de Al Shabab, las disputas regionales y los intereses contrapuestos de potencias extranjeras.

En ese contexto saltó la alarma el pasado lunes, cuando la Cámara del Pueblo (Cámara Baja del Parlamento somalí) aprobó una prórroga de dos años del mandato del Gobierno de Farmaajo, que venció este 8 de febrero y ese mes debería haber dado paso a unos comicios.

Faarmajo firmó el martes la ley, pese a que el presidente del Senado (Cámara Alta, que debería haber ratificado la norma), Abdi Hashi Abdullahi, y la oposición tildaron la medida de "inconstitucional" y de amenaza para la paz del país.

La moción ordena a la Comisión Electoral que organice comicios en dos años sobre la base de "una persona-un voto".

Pero también echa por tierra el acuerdo alcanzado el pasado 17 de septiembre por Farmaajo y los cinco líderes regionales de Somalia sobre el modelo de votación parlamentaria y presidencial, que mantiene un sistema de elección indirecto basado en clanes que ha acabado por descarrilar debido a discrepancias políticas.

UNA DE LAS CRISIS MÁS GRAVES EN DOS DÉCADAS

"Esta es una de las crisis políticas más graves que ha tenido Somalia en dos décadas", declara a Efe el director del International Crisis Group (ICG) para el Cuerno de África, Murithi Mutiga.

A su juicio, el órdago "unilateral" de Farmaajo, sin "consultar a la oposición", socava la "confianza de la élite política" en un país que "ha cultivado una cultura en la que se celebran elecciones periódicas y se hacen transferencias pacíficas del poder".

Además, prosigue Mutiga, se corre el riesgo de que "las fuerzas de seguridad sigan dividiéndose, como vimos en los últimos días, y eso sería muy peligroso para la estabilidad de Somalia".

Conviene recordar que la polémica votación ocurrió después de que el jefe de la Policía de Mogadiscio, Sadaq Omar Hassan, ordenara a sus agentes frenar la reunión de la Cámara Baja para "evitar la inestabilidad", una osadía que le valió el despido fulminante.

La decisión ha enojado a la comunidad internacional -Estados Unidos, la Unión Europea (UE), la ONU y la Unión Africana, entre otros-, que ha invertido miles de millones de dólares del erario en ayuda a Somalia -gran parte dirigida a potenciar la seguridad para combatir al yihadismo- y respalda el acuerdo del 17 de septiembre.

Estados Unidos y la UE han advertido, incluso, de posibles sanciones contra el Ejecutivo somalí, que ha respondido acusando a sus socios internacionales de "chantajear" e injerir en sus asuntos internos para promover un "cambio de régimen".

Sin embargo, "la comunidad internacional tiene todo el derecho a estar preocupada y a dejar clara su posición", explica a Efe el especialista en Somalia Abdimalik Abdullahi.

"Eso -subraya Abdullahi- no tiene nada que ver con la soberanía. Somalia es parte de la ONU y otras organizaciones internacionales. Muchas de ellas han invertido mucho en la reconstrucción y reconciliación de Somalia. Siempre que las cosas vayan mal, deberían reaccionar e incluso advertir a los saboteadores si es necesario".

AL SHABAB, "COMO UNA HIENA"

Entretanto, afirma el consultor del Instituto de Estudios de Seguridad (ISS) de Sudáfrica Peter Fabricius, "Al Shabab, como siempre, está rondando a los antagonistas políticos en disputa, como una hiena, buscando explotar el impás".

El grupo yihadista, tendente a atacar también países vecinos como Kenia y afiliado a Al Qaeda desde 2012, controla áreas rurales del centro y sur de Somalia y combate con el fin de instaurar en el país un Estado islámico de corte wahabí (ultraconservador).

Al Shabab, que busca expulsar a las tropas extranjeras desplegadas en territorio somalí (sólo AMISOM, la misión de la Unión Africana, cuenta allí con unos 20.000 soldados), es un "beneficiario" del desbarajuste político, sostiene Mutiga.

"Se ha beneficiado (...) en cuanto a propaganda, pero (...) también hemos visto una gran cantidad de ataques de Al Shabab en los últimos meses, en parte porque las fuerzas de seguridad están distraídas por la crisis política", asegura el experto del ICG.

Aunque pinta mal, Abdullahi descarta que Farmaajo pueda transformarse en "otro Siad Barre", quien dirigió el país con puño de hierro entre 1969 y 1991.

"Es demasiado pronto. Dependería en gran medida de cómo actúe y de las decisiones que tome de ahora en adelante. Creo que hablar de un dictador en este momento es exagerado", arguye el especialista.

¿Se encuentra Somalia al borde del colapso una vez más? Mutiga cree que "todavía hay esperanza", porque, "si las partes acuerdan participar en un consenso, la crisis puede desactivarse".

Pero si Farmaajo continúa la vía unilateral, alerta, existe "el peligro de un regreso a los combates callejeros en Somalia a un nivel que no hemos visto al menos en quince años".

Pedro Alonso

(c) Agencia EFE