Crisis en Italia: Draghi pidió unidad para formar un gobierno de emergencia

Elisabetta Piqué
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ROMA.- Unidad y responsabilidad. Fue el pedido que lanzó este miércoles el más que prestigioso economista Mario Draghi, al aceptar "con reserva", tal como es habitual, el encargo de formar un nuevo gobierno de emergencia, técnico e institucional, de parte del presidente de Italia, Sergio Mattarella.

Después de reunirse con él durante más de un hora en el Palacio del Quirinal Draghi, expresidente del Banco Central Europeo (BCE) y figura de enorme credibilidad internacional, dejó claro que el objetivo principal de su gobierno será salvar a Italia de la catástrofe económica provocada por el coronavirus, utilizando bien el fondo millonario que le prometió la Unión Europea (UE).

"Es un momento difícil", admitió Draghi, que en un breve discurso indicó que sus desafíos serán "ganarle" a la pandemia -que hoy se cobró otras 477 víctimas, haciendo trepar el total a casi 90.000-, completar la campaña de vacunación, "ofrecer respuestas a los problemas cotidianos y relanzar al país".

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"Tenemos a disposición los recursos extraordinarios de la UE, tenemos la posibilidad de operar con una mirada atenta a las futuras generaciones y a la cohesión social", agregó, refiriéndose al fondo de 209.000 millones de euros para la reconstrucción pospandemia que Bruselas decidió otorgarle a Italia, que la crisis política que se desató en las últimas semanas puso en riesgo.

"La conciencia de la emergencia requiere respuestas a la altura de la situación y confío en que surja unidad y capacidad de dar una respuesta responsable en mi confrontación con los partidos, los grupos parlamentarios y las fuerzas sociales", indicó el banquero, que mañana comenzará las consultas para empezar a armar su equipo de gobierno.

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Al respecto, aún no se sabía exactamente ni cómo piensa formar el nuevo ejecutivo -si con figuras prestadas de la política o con técnicos, o una mezcla de ambos-, ni por cuánto tiempo.

En todo caso, para comenzar a empaparse de la situación, al margen de reunirse, como indican los rituales, con los presidentes de las dos ramas del Parlamento -Elisabetta Casellati y Roberto Fico-, Draghi tuvo un cara a cara con el primer ministro saliente, Giuseppe Conte, el gran derrotado.

Conte, abogado de 56 años, renunció la semana pasada después de que su peor enemigo, el expremier, Matteo Renzi, retiró el apoyo parlamentario de su pequeño partido, Italia Viva, a su coalición de gobierno, basada en una precaria alianza entre el antisistema Movimiento Cinco Estrellas y el Partido Democrático (PD) de izquierda. Aunque Mattarella, árbitro de la crisis, le dio a estos partidos la posibilidad de hacer las paces y recompactarse para dar vida a un tercer gobierno de Conte -el denominado "Conte Ter"-, este intento fracasó por culpa de Renzi que exigió su cabeza.

De ahí y visto y considerando que elecciones anticipadas son imposibles ahora, en plena pandemia y crisis económica, llegó la decisión del presidente de jugar la carta Draghi, una carta fuerte, paradójicamente auspiciada desde hace meses por Renzi, para sacar a Italia del pozo en el que se encuentra.

La decisión de Mattarella de optar por la solución Draghi, el hombre que salvó el euro cuando estuvo al frente del BCE y figura indiscutida y apreciada a nivel internacional, enseguida tuvo un efecto más que positivo en los mercados. La Bolsa de Milán subió y el tan temido spread -termómetro de la confianza en un país con una deuda pública equivalente al 160% de su PBI- bajó a niveles mínimos.

Pero, en algo desconcertante, según analistas, no calmó al escenario político italiano, que seguía aún en ebullición. Los partidos de la mayoría de gobierno saliente seguían tirándose dardos mutuamente por una crisis que, de haber habido diálogo, se habría podido evitar. Y los de oposición de derecha aparecían descolocados, sin saber bien qué hacer. Más allá de su reclamo de elecciones anticipadas ya -que ganarían, según sondeos-, al presentarse la posibilidad de un gobierno técnico, de emergencia, liderado por alguien como Draghi, respetado por todos y con la capacidad de hacer resurgir a Italia, muchos comenzaban a hacer entender que podrían respaldarlo. Entre ellos se encontraba el expremier y magnate, Silvio Berlusconi, de Forza Italia e incluso el líder de la derechista Liga -el partido con más consensos en este momento-, Matteo Salvini. Salvini sabe que su sostén a un gobierno de Draghi haría desaparecer de un plumazo los resquemores que cosecha en la UE por sus posturas euroescépticas y populistas y lo haría más creíble como futuro primer ministro.

"Reiteramos con coherencia que el camino maestro son las elecciones. Veremos qué nos dice el profesor Draghi y evaluaremos. No tenemos prejuicios", dijo Salvini, dejando abierta una ventana a Draghi. Su colega Giorgia Meloni, de Hermanos de Italia, también consciente de que resulta difícil bochar a un gobierno liderado por alguien como Draghi, propuso que toda la centroderecha se abstuviera a la hora de la votación de confianza que tendrá lugar dentro de varios días, después de que se forme el gobierno.

Mientras se descuenta que tanto el PD como Italia Viva apoyarán al gobierno de salvación nacional de "Súper Mario" -el apodo de Draghi-, la gran incógnita es qué hará el M5E, que se encontraba al borde de una escisión después del fracaso del "Conte Ter". Un ala de los "grillini" que lidera Alessandro Di Battista y sigue siendo "antisistema" como en los orígenes del movimiento creado por el cómico Beppe Grillo, en efecto, ya anunció que no sostendrá al expresidente del BCE, que definió "un apóstol de las élites". Otro grupo, en la vereda de enfrente, en cambio, estaba abierto a un respaldo.