Crisis generacional: jóvenes sirios alcanzan la mayoría de edad tras una década de conflicto

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Por Yamam al Shaar

DAMASCO, 25 may (Reuters) - Ghenwa, aprendiz de azafata, Ali, estudiante de ingeniería, y Jawad, DJ de música electrónica, forman parte de una generación de jóvenes sirios que han alcanzado la mayoría de edad durante la guerra.

Viven en la capital, Damasco, que se salvó de los intensos bombardeos que destruyeron bastiones de la oposición como Alepo, pero la vida de estos veinteañeros dista mucho de ser normal.

Una década de conflicto, las sanciones occidentales, el colapso financiero en el vecino Líbano y, ahora, la pandemia mundial, han golpeado la economía de Siria y la caída de la moneda ha provocado la escasez de productos esenciales como el trigo y el combustible en el territorio controlado por el gobierno.

Aparte de las dificultades económicas, su acceso al resto del mundo también se ha visto gravemente restringido, dejándoles pocas posibilidades de salir del país por motivos de trabajo u ocio.

La libertad de viajar fue la principal razón por la que Ghenwa decidió formarse como azafata, tras abandonar la universidad donde estudiaba arquitectura.

"Soy siria y no puedo viajar por el momento, excepto a través de esta oportunidad", dijo Ghenwa, quien, al igual que los demás que hablaron con Reuters para este reportaje, sólo utilizó su nombre de pila por razones de seguridad.

"Es la única oportunidad que me hace sentir que puedo moverme más rápido (...) para sentir la libertad de las fronteras".

Lejos de Sweida, su ciudad natal en el sur de Siria, Ghenwa ha tenido que realizar múltiples trabajos para mantenerse, haciendo de todo, desde trabajar con niños con cáncer hasta ser modelo.

Encuentra una sensación de liberación con sus amigos, que comparten su pasión por la música electrónica.

"Estamos hambrientos de felicidad", dijo Jawad, de 24 años, un DJ de música electrónica que regresó en 2019 a una Siria que apenas reconoció, después de pasar los años de guerra en Dubái por seguridad.

Jawad, que estudió administración de empresas, dice que la música es su escape de la dura realidad del país al que regresó.

"Fue un gran shock, todo sin luz, (...) sin electricidad, pero a pesar de todo el cansancio y la tristeza en los rostros de la gente, tenemos la esperanza de que todo se arregle", dijo.

Al igual que Ghenwa, su sueño también es viajar y conocer el mundo, pero como joven sirio, cualquier esperanza de conseguir un visado para Europa se ve truncada.

Al no poder ir de vacaciones a España, ve documentales sobre el país con sus amigos a través de internet, para evadirse de los noticieros televisivos habituales, menos motivantes.

"Es irónico", dice.

Yara, de 33 años, abogada de día y DJ de noche, vive sola con sus padres después de que tres de sus hermanos se fueran a vivir al extranjero.

Solía tener una vida ajetreada entre su trabajo, el yoga, la cocina y su pasión por la música, pero ahora dice que sólo puede realizar una tarea al día.

"Poner combustible en mi coche, por ejemplo, después de horas de espera en la cola", dijo.

Yara prefirió quedarse en Siria durante todo el conflicto a pesar de los peligros que significaba.

"No me gustaba el modo en que otros países trataban a los sirios, así que no quería perder el respeto que tengo aquí, para conseguir algo de compasión de la gente que no sabe nada de nosotros, aunque eso significara vivir mi vida en peligro".

Yara se encontraba cerca del juzgado de Damasco cuando tuvo lugar un atentado suicida en 2017.

"Fue una experiencia horrible, (...) ver los cadáveres de tus compañeros a tu alrededor y al mismo tiempo necesitar ayudar a los heridos y llevarlos rápidamente al hospital".

Al igual que Yara, Ali, un estudiante universitario de 25 años, dice que podría hablar durante días de las cosas que le afectaron durante la guerra.

"No había un día que pasara sin que nos quitaran algo", dijo.

"Fue una mala experiencia vivir en una zona de guerra durante lo que se supone que son los mejores diez años de tu vida".

(Reporte de Yamam al Shaar, escrito por Maha el Dahan; editado en español por Benjamín Mejías Valencia)