La crisis de confianza en Rutte empeora un año después de formar su cuarto gobierno

La Haya, 11 ene (EFE).- Solo un 20 % de los neerlandeses confían en el actual gobierno de centroderechas en Países Bajos, con lo que el liberal Mark Rutte no logra sobreponerse a la crisis con la que formó su cuarto ejecutivo hace un año, y las encuestas son pesimistas sobre la supervivencia de la legislatura, incluso entre votantes de la coalición.

El primer aniversario de Rutte IV, como se conoce en Países Bajos la cuarta legislatura consecutiva del primer ministro liberal, llega con datos de confianza pesimistas y en plenas tensiones sobre la gestión de retos pendientes en 2023: la crisis de vivienda y asilo, el cierre de granjas para reducir las emisiones de nitrógeno, la alta inflación o la guerra en Ucrania.

El programa público EenVandaag, que mide la confianza en el gobierno desde 2007, señala en una encuesta que el gabinete no logra salir de la crisis de confianza con la que tomó posesión el año pasado.

A comienzos de enero de 2022, un 28% de los votantes confiaban en Rutte IV, y, en verano, la confianza siguió cayendo, alcanzando en septiembre un mínimo histórico del 15% en el contexto de Prinsjesdag (Día del Príncipe), la presentación de los presupuestos generales.

Solo un Ejecutivo neerlandés obtuvo un porcentaje tan bajo (aunque nunca por debajo del 20%), en vísperas de Prinsjesdag de 2013, tras la imposición de medidas de austeridad en la crisis financiera.

Además, sólo un tercio del electorado cree que Rutte IV logrará terminar la legislatura hasta 2025 y cuatro de cada diez votantes piensan que caerá a lo largo de este o el próximo año.

CENTRODERECHA

El gabinete neerlandés está formado por el liberal de derechas VVD (34 de 150 escaños), el progresista D66 (24), Llamada Democristiana CDA (15) y Unión Cristiana (4), los mismos cuatro partidos que gobernaron de 2017 a enero de 2021, cuando tuvieron que dimitir en bloque por el escándalo del racismo institucional en la concesión de ayudas a los padres.

Las críticas a esta coalición no solo llegan de votantes de la oposición: solo la mitad del electorado del VVD y un 43% de D66 mantienen su apoyo a la coalición. La confianza entre los de CDA y Unión Cristiana era ya baja y ha caído aún más.

Entre los votantes de centroderecha, la crítica principal se centra en que el gobierno implementa políticas “demasiado de izquierdas” en temas como las emisiones de nitrógeno (planes de cerrar granjas y reducir cabezas de ganado) y la crisis de refugiados (la recepción de solicitantes de asilo a pesar de los problemas de alojamiento).

Estas cifras chocan con los datos de popularidad que generalmente ha tenido Rutte desde su llegada al gobierno en 2010. Desde que Rutte III cayera por el escándalo de las ayudas a los padres, señala EenVandaag, la brecha entre políticos y ciudadanos está muy presente en la sociedad.

“Muchos votantes esperaban un soplo de aire fresco, pero, en cambio, obtuvieron un gabinete con exactamente los mismos partidos y en gran parte los mismos ministros. Y con el mismo primer ministro, que, según muchos, ya había alcanzado su fecha de caducidad”, agrega.

POLÍTICAS SENSIBLES

El efecto directo de la invasión rusa en los precios de la energía y los alimentos se sumó en el último año a la escasez en el mercado inmobiliario, las críticas al manejo de los daños (terremotos) por la extracción de gas en Groninga, las protestas de los agricultores contra la política por el nitrógeno, y las imágenes del pasado verano de cientos de solicitantes de asilo durmiendo al raso por falta de alojamiento y empleados en los servicios de inmigración.

“Una explicación importante de la continua baja confianza en el gobierno radica en la incapacidad para abordar las muchas crisis de manera decisiva. Según mucha gente, el gabinete no se atreve a tomar decisiones reales y sigue impulsando decisiones importantes”, agrega el estudio, que concluye que el 67 % del electorado quiere que sus políticos tomen decisiones políticamente difíciles, incluso si ellos mismos no están de acuerdo.

La baja confianza en el gobierno neerlandés tampoco es un fenómeno aislado, puesto que se extiende a la política en general, incluido el parlamento: sólo un tercio del electorado confía en que los diputados están haciendo bien su trabajo.

Estos datos llegan a dos meses de las elecciones provinciales, que se perfilan como un momento decisivo para la coalición, puesto que están en juego los gobiernos locales, pero también la composición del Senado, donde el gobierno no tiene una mayoría y se ha visto obligado a negociar el apoyo puntual de la oposición a los proyectos de ley.

Imane Rachidi

(c) Agencia EFE